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Fumando (no) esperes...

miércoles 05 de enero de 2011, 21:34h
Nada deja de estar de moda como la efímera (en ocasiones persistente) moda. Y una moda a los hermanos Lumiere debida no es solamente testigo de los que afirmo sino que les “de cargo”.

Los grandes del cinematógrafo tienen que salvarse del olvido cuando den las proyecciones de sus filmes el espectador es ganada por su presencia física y fílmica y no por las circunstancias ambientales, o entonces habituales, que le rodean.

A Rita Hayworth no importa que convierta en sexi las volutas de su cigarrillo porque hay dos elementos que harán que siempre sea una clásica como lo será su “Hilda”: su “stret-tease” desnudándose de un guante y la bofetada que le “endiñó” Glenn Ford. Y por tal rotunda escena hoy acusarían a Charles Vidor, su director, de exaltar la “violencia de género”.

A partir de ahora el uso y abuso de cigarrillos de los héroes del celuloide solamente se salvará de ser condenado por anticualla si el fumador o la fumadora lo hacen olvidar. Verbigracia Sara Montiel que nos ganaba mientras encendía el cigarrillo de su boquilla. Lo que de verdad nos la hará recordar para siempre son sus miradas estáticas y a la vez profundas. Con tal expresivo mirar nos da igual que fumando espere allí hombre que más quiere o que esté esperando al autobús o al “Ave”.

Greta Garbo, Cary Grant, Orson Welles, Fernandlo Rey, James Dean, Marlene Dietrich, Marlon Brando, Sofía Loren, Lucia Bosé, Ingrid Berman, Liz Taylor, alcanzaron tal dimisión, infinita, mantuvieron su estado mágico continuado, que recuerdo sus actuaciones y perdería un concurso en el que se me obligase a decir si fumaban o no en sus películas.

Ni una ficción ni una realidad pasada anulan al genio. Hoy en día han perdido su vigencia los efectos porque la actualidad la mantienen quienes los han utilizado, Piezas maestras del género policiaco, de acción, no superarían el rubicón de rabiosa actualidad. Héroes y villanos se peleaban por encontrar una cabina telefónica. Hoy lo ven todo simplificado por los teléfonos móviles que nos invaden, que nos hacen quedar si intimidad allí en donde los usamos.

¿Y el tabaco, qué?. He de reconocer que para mi otras víctimas pasivas del tabaquismo, ha sido el más preciado regalo de los Reyes Magos.

No lo acepto los discursos sobre el atentado a la libertad de cada ciudadano o ciudadana. No existe libertad que no sea para todos. La libertad que creemos de cada cual deja de serlo en cuanto agrede a los demás. Los que en América adquieren armas de fuego porque está permitida su utilización en defensa propia, me dan menos miedo que los que me han hecho fumar por huevos. Para mí, en principio, es menos peligrosa una persona con revolver autorizado que un fumador. Este me agrede en donde nos encontremos, incluido mi propio hogar lo lugar de trabajo o de ocio. El que porta una pistola no suele utilizarla alegre, criminalmente, caprichosamente contra sus conciudadanos.

El adiós al tabaco no es para mí y para y para tantos millones de víctimas pasivas de sus consecuencias mortales un atentado a la libertad sino a la consecución de una libertad la de no fumar y no ser agredido por los fumadores.
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