Sueños para el 2011
jueves 06 de enero de 2011, 13:29h
No pudo terminar peor el 2010 para la Constitución, desarbolada, descascarillada, pesarosa y deprimida. El espectáculo dantesco del pacto para el incumplimiento de la Sentencia del Tribunal Supremo sobre la condición del castellano de lengua vehicular, junto con el catalán, de la enseñanza, no deja espacio a la duda de que el cimiento de la Constitución está formado arenas movedizas. La que siempre hemos definido como Norma Fundamental lo es sólo (sí con acento) a beneficio de inventario. Algunos se abrazan a ella cuando les interesa para dar cabida a sus pretensiones, pero se apartan inmediatamente cuando discrepan de la misma o de su interpretación por sus intérpretes auténticos.
La Constitución malvive descuidada por una generación política descreída y a la deriva. Formalmente investida de supremacía y superioridad ha quedado desarbolada por las normas derivadas y en teoría subordinadas a ella. Son tan innumerables las mutaciones, transformaciones y enmiendas fácticas que su texto contiene, que debe declararse su invalidez absoluta y a partir de las cenizas construir otra que de verdad exprese las aspiraciones de una sociedad absolutamente ajena a las malquerencias de los políticos de regate corto y que, en su ceguera existencial, la desprecian.
Esa sociedad expresa a gritos que ¡basta ya!. Esa sociedad, cansada de la deslealtad hacia la Constitución que fue de todos, demanda con vehemencia que se construya una Constitución que racionalice el Estado autonómico, el sistema educativo, el modelo fiscal, que de respuesta a la crisis institucional, que organice un sistema electoral que garantice la estabilidad... Quizás todo ello consiste, ni más ni menos, en volver al espíritu y los principios del 78.
Nos queda soñar, y como nadie ha contado esa utopía mi compañero Manuel Gonzalo en su emotiva felicitación de Navidad. No pongo ni quito. Sólo reproduzco sus palabras:
“Que en el año 2011 viva la Constitución española, con todas sus limitaciones una de las mejores que conozco de todos los países y tiempos, en cuya experiencia se inspiró, que la Constitución sea verdaderamente aplicada, que se levante y restablezca como vigente en la realidad, antes que confiar en ese espejismo creciente, que la desesperanza insinúa, de la necesidad y aun la necedad de su sustitución con singular carácter de hacho por todos y para todos, con espíritu de concordia y aun, sin falaces revoluciones, con espíritu de ruptura y de prudencia. Que su música readquiera la fuerza y la audacia originarias, también la armonía vigorosa, exigente, del argumento heroico de la tercera de Beethoven, porque todavía queda mucho que batallar en pro del Derecho y de la vida. Siempre. Que las celebraciones, más allá de triviales autocomplacencias sirvan para actualizar el propósito de cumplir con las inexorables virtualidades constitucionales, que crean virtudes y valores llenos de sentido hacia el futuro común y que incentivan, sin autovictimismos estériles, la superación de las dificultades de su aplicación, al paso de su marcha por el camino de la búsqueda efectiva de la dignidad de cada persona, dentro y fuera de España, y de una vida humana puesta al alcance de todos mediante la eliminación de los estorbos existentes”.
|
Catedrático y Abogado
ENRIQUE ARNALDO es Catedrático de Derecho Constitucional y Abogado. Ha sido Vocal del Consejo General del Poder Judicial
|
|