"Pekín debe decidirse y negociar de inmediato con el Dalai Lama. Si no hay señales de acercamiento, consideraré legítimo las medidas de boicot", concluyó Pöttering, quien anunció que el próximo miércoles se abordará la situación en el Tíbet en la cámara europea. El pueblo tibetano "no puede ser sacrificado en aras de las buenas relaciones entre la Unión Europea y el gigante asiático".
"Hacer espectáculos brillantes para la televisión mientras en el propio país reina el caos, eso es algo que ya no puede funcionar hoy en día", recalcó Steinmeier, en declaraciones que se producen en un momento en que Alemania acababa de volver a una cierta normalidad en sus relaciones con China tras las tensiones surgidas con motivo de la reunión de Merkel y el Dalai Lama, el año pasado.
El conflicto ha alcanzado repercusión global y no parece que las partes estén dispuestas a ceder en su postura. Por un lado, el gobierno chino acusa al tibetano en el exilio de instigar las protestas violentas y de liderar una nueva revolución independentista: "Hay muchos hechos y muchas evidencias que prueban que esto fue organizado, premeditado, planeado e incitado por el entorno del Dalai Lama” (Wen Jiabao, primer ministro chino).

Por otro, los líderes tibetanos se muestran abiertos al diálogo para lograr una mayor autonomía del gobierno chino, rechazan las acusaciones vertidas sobre ellos y exigen a China, al igual que ha hecho esta mañana Angela Merkel, que rinda cuentas sobre lo sucedido.
El Dalai Lama expresó
su intención de dimitir si el pueblo tibetano llevaba a cabo su lucha por la libertad por métodos violentos ante los disturbios que nacieron en la capital tibetana y se extendieron a otras provincias de China. Las protestas violentas estallaron en Lhasa el día 14, después de las manifestaciones pacíficas iniciadas por los monjes budistas el día 10 para conmemorar el 49 aniversario de la insurrección tibetana contra los comunistas chinos, que causó 10.000 muertos y obligó a exiliarse al Dalai Lama y a unos 100.000 seguidores.
Las cifras de la represión varían sustancialmente según su emisor. Esta mañana, el Partido Comunista chino ha reconocido la muerte de 19 personas durante las revueltas de Lhasa, capital del Tíbet. Sin embargo, organizaciones de derechos humanos y el gobierno tibetano denunciaron ayer
la muerte de 120 personas y aseguraron que hay, al menos,
un millar de tibetanos detenidos a raíz de los violentos disturbios de los últimos días en Tíbet y otras regiones chinas de mayoría tibetana, así como cientos de desaparecidos. Al mismo tiempo, expresaron su temor ante las “duras penas” a las que “seguramente” se enfrentarán los protestantes.
La represión china, como no podía ser de otra forma, ha obligado a los
informadores extranjeros a abandonar el país y ha cortado, en la medida de lo posible, las comunicaciones llegando incluso a
bloquear You Tube para evitar la difusión de los vídeos de la revuelta tibetana. Del mismo modo, y dado que las protestas pacíficas derivaron en manifestaciones violentas que se extendieron a otras provincias chinas, el Ejército chino se ha desplegado para controlar cualquier alteración del orden y disuadir a los lugareños que celebraran nuevas protestas.
El genocidio cultural contra la población tibetana ha desatado duras protestas a lo largo del mundo para exigir el boicot a los Juegos Olímpicos y el fin de la violencia contra el pueblo tibetano que pide una mayor autonomía con respecto al régimen comunista chino y ampliar sus libertades.

Ayer China miró con recelo como Nancy Pelosi -presidenta de la Cámara de Representantes de EEUU que se reunió en la ciudad india de Dharamshala- llamaba al levantamiento contra la opresión china: "si la gente que ama la libertad en todo el mundo no protesta contra la opresión de China en el Tíbet, hemos perdido toda nuestra autoridad moral para hablar de derechos humanos en cualquier otro lugar del mundo".