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Carralero (ola de colores) y 68 poetas

jueves 13 de enero de 2011, 21:36h
La estética plástica convive y bien vive con su hermana gemela, la poesía. Y en no pocos casos pinceladas y versos exhiben la firma del mismo autor. Recordemos a la doble condición de poetas y dibujantes o pintores que se encuentra: Rafael Alberti, Federico García Lorca, Salvador Dalí, Pablo Picasso, Tino Grandio, César González Ruano, Jean Cocteau, Edgar Neville, Antonio Mingote, Miguel Mihura, Tono, Paco Nieva, Jardiel, Castelao, Solana, Herreros…

Y, con nombres deslumbrantes. Ascenderíamos al Renacimiento en donde lo que hoy nos parece insólito era cotidiano. Y hoy le llamamos polifacetismo a actividades que nos parecen diversas que ti surgen de distintas ramas del mimo árbol del con diferentes ramas.

Son varios los verbigracias de esa convivencia estética que mantienen el trazo y el verso. Y estos días llega a mis lecturas y visionario un libro titulado “El paisaje prometido”, de José S. Carrilero, una contundente pieza de la obra de un pintor. Leonés del muy vinícolo Cacabelos y con amplio visado hacia el éxito, colmado por los mejores premios que se conceden a la obra pictórica en España.

Carralero se define en lienzos y en palabras:

“Necesitamos un lenguaje para entender la vida. En mi lenguaje ha sido el arte, que me ha servido para entenderla y expresarla. La forma y el color no se han podido separar, son elementos de la gramática del lenguaje”.
Se le debe la idea y edición a Alfredo Pérez Alencart. Selección de cuadros y el poemario que los acompaña. Entre ellos consideramos al antólogo que bien remata su completa faena:

“Vibra el campo si pinta Carralero. Ola de colores”
Sesenta y ocho poetas, diversos acompañantes de la diversidad de la obra plástica, ponen verso a la sinfonía de colores reinventados el artista. `¡Vive el cielo que han elegido formidables exégetas! Abro las páginas en las que coinciden pintor y poeta, Carralero y Jesús Fonseca –fina atención a lo que es poesía iluminada!- que acompaña al pintor: “Contigo por tierras de Valladolid”:

La lenta, lentísima serenidad de los campos,
Que muerde la tarde y la nada palpitante.
El silencio abierto a solas de los caminos
Entre colinas de ternura , por tierras de Valladolid.
El viento que me acaricia y tú que también
me abrazas, dentro de mí para siempre.
Horizonte de otros días y chopos que se quedan.

Y en la página siguiente la realidad hecha en la más realista de las abstracciones, colores que proyecta en mi memoria colorista, a Viola, Canogar, Saura y a los genios de “El Paso”.

Vuelvo a Jesús Fonseca, un periodista con internacional proyección que ha cubierto todos los grandes frentes de nuestras profesión. No me gusta añadir: escritor y periodista. No concibo separar ambos cometidos que, aparte de los formaos de sus medios de comunicación, son los mismos.

Fonseca es, además, un pensador de las enormes disposiciones de los verdaderos pensadores españoles: Marañón, Ortega, Dor´s, Zubiri, Francés Pujol, Dalí, Plá…Me permitió la reproducción de una de sus piezas magistrales como colofón de mi libro “La Gran Vía se ríe”. Lo titula “Hazlo en vida”.

“Siete ciudades se disputaron a Homero muerto. Pero Homero, en vida, mendigó el sustento. España entera se disputa hoy la gloria de Luis Cernuda o León Felipe. Pero, en vida, les negamos el pan y la sal. Raro es el día en el que no celebra, aquí o allá, un homenaje a alguien que se ha muerto. Por eso hace bien José María Arimbau en recordarnos que las muestras de gratitud convienen que sean en vida. Y compartir alegrías, afanes y esperanzas también mientras estamos vivos. Los homenajes, más que honrar a los que ya no están suelen ser para que los vivos se luzcan a costa del talento y virtudes de los muertos. Los premios, los testimonios, en vida y no luego.”
Concluye su sabio discurso así:

“Las cosas en vida, siempre en vida”.
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