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Una sola familia humana

domingo 16 de enero de 2011, 19:33h
“Una sola familia humana” ha sido el lema elegido por Benedicto XVI para la Jornada del Emigrante y del Refugiado que se ha celebrado este domingo, 16 de enero. Un lema que no podía llegar en mejor momento, cuando muchos se están cuestionando en esta nuestra vieja Europa la presencia y del emigrante y del refugiado. No tenemos que ser hipócritas y decir unas cosas en público- no soy racista- y actuar de forma diferente en privado.

Todos sabemos porque se produce el efecto de la emigración. Los españoles hemos sido protagonistas de este hecho con la emigración a América en la primera mitad del siglo XX y hacia la Europa industrial en los años 60 y 70 del pasado siglo, y ya se oyen voces que nos hablan de la necesidad de nueva emigración, sobre todo a Alemania, de nuestros jóvenes que no encuentran trabajo en España.

El lema de esta jornada,“Una sola familia humana”, es mucho más que una simple llamada, porque todos hemos nacido en el mismo planeta, pero no todos han tenido las mismas oportunidades. Aquí, en España, lo que en principio parecía un sueño alcanzable se convierte en una situación difícil de afrontar. Sólo dos ejemplos: los colegios públicos se están convirtiendo en centros de enseñanza donde la mayoría de los alumnos son emigrantes y en las calles de las pequeñas ciudades hay dos paseos en los que se distinguen claramente a los españoles y a los que han llegado de fuera. Nadie se mezcla. Nadie quiere contaminarse, aunque digamos que “no somos racistas”.

La emigración puede constituir una gran oportunidad para formar una sola familia humana, porque como dice la Comisión de Migración de la Conferencia Episcopal Española, presidida por Monseñor José Sánchez, Obispo de Sigüenza-Guadalajara,”los derechos de los emigrantes a vivir como miembros de la familia humana y la obligación correspondiente hacia ellos de acogida, ayuda, solidaridad y fraternidad tienen su fundamento en la condición de todos los seres humanos de hijos del mismo Padre Dios, de la que se deriva la común condición y vocación de hermanos. Tenemos un origen común, el mismo fin, el mismo hábitat, la tierra creada por Dios y puesta al servicio de todos los hombres y mujeres de todos los tiempos y lugares. Tenemos un camino común, aunque vivamos diferentes situaciones”.

Tenemos que ser respetuosos con lo que se han acogido a la penosa situación de la emigración. Las mujeres son las primeras que llegan a nuestro para tratar luego la reagrupación familiar. Mujeres que al inicio son explotadas, pues trabajan en el servicio doméstico, que no conoce horarios ni situaciones excepcionales. Estas mujeres trabajan 7 días a la semana y en 12 horas al día. Una total disponibilidad horaria que afecta a la vida familiar de estas personas. También es conocida la complicación de mantener estructurada la familia por la distancia y las dificultades en que viven, por lo que existen bastantes rupturas familiares y muchos problemas en la relación entre padres e hijos. Por todo ello, y volvemos al mensaje episcopal, son necesarias” la fraterna acogida, el compromiso mutuo de respeto y aceptación de lo bueno que cada uno aporta al bien común, por el intercambio de dones y servicios, la ayuda mutua, la solidaridad y el diálogo fecundo. Se hace necesario, en definitiva, rescatar la centralidad de la persona humana y de su dignidad, con sus correspondientes e inalienables derechos y deberes”.

Por todo ello, no seamos hipócritas y tratemos de ser “Una sola familia humana”.
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