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Girasoles de Paul Gauguin para el Holandés Loco

martes 18 de enero de 2011, 21:07h
El mes que viene, Christie’s sacará a subasta en su sede londinense de King Street uno de los cuadros que dedicó Paul Gauguin a su amigo Vincent van Gogh. Me enteré de la noticia por una información que dio hace algunos días en nuestro periódico Elena Viñas. Y, al leerla, se me hizo presente la grandiosa exposición que sobre ambos pintores tuve el placer de contemplar en el Art Institute de Chicago en la Navidad de 2001.

Estaba organizada en torno a la convivencia efímera y sísmica que mantuvieron durante unos meses en la localidad provenzal de Arles. Allí acudió Gauguin invitado a La Casa Amarilla de su amigo. Se proponían, además, incitar a otros artistas a seguir sus pasos instalándose en la villa del Ródano con el fin de crear, en este ambiente, luminoso y campestre, una comunidad liberada de los ajetreos y servidumbres de la gran ciudad.

Mucho sabía de ellos Paul Gauguin, cuya llegada al mundo de las Bellas Artes fue tardía. Anteriormente, había desempeñado varios años el trabajo de agente de Bolsa, se había casado con una burguesita danesa, estaba separado y tenía cinco hijos.

El encuentro con Vincent van Gogh en el Estudio del Sur sucedió en el mes de octubre de 1888 y se separaron de manera turbulenta al finalizar el año. Mientras duró la vida en común se retrataron el uno al otro e hicieron el experimento de intercambiar temas y motivos. Fue así como se aficionó Paul Gauguin a los girasoles, por los que sentía auténtica fascinación el holandés, buscador de la luz solar al igual que esta flor de nombre parlante y rica en significados alegóricos.

Hay varias versiones acerca del tajo de su oreja y nunca se aclaró si el causante fue él mismo en un arrebato neurótico o si, entre copa y copa, se la cercenó su huésped francés en una bronca.

Sin embargo, el lienzo que ahora tal vez alcance en la puja un precio fabuloso -aunque no es fácil que supere el de Los girasoles de van Gogh-, fue pintado muy lejos de la Provenza. Data de 1901 y, por entonces, hacía ya más una década del suicidio del holandés en Auvers- sur- Oise, no lejos de París.

Paul estaba aquejado de la enfermedad venérea más frecuente en la época y, pese a las dolencias y heridas que el mal le infligía, seguía pintando ahíto de láudano y morfina. De su tan querido e inmortalizado Tahití, donde terminó el lienzo, se trasladó a las Marquesas en busca de su último paraíso polinesio. A las islas del Pacífico se llevó semillas y, en su jardín, cuidaba un parterre de heliotropos.
La pieza en cuestión se titula Nature morte à L’Espérance y supone un testamento de remembranza y diálogo diferido con su querido y odiado Vincent.

El bodegón lo compone un ramo de girasoles en distinto estado y posición del cual se desprende uno fresco y abierto que cae del tiesto y se adelanta al primer plano.

Incluye un grabado de Edgar Degas, y, en la parte superior izquierda, en un encuadre, está la Esperanza, una figura femenina filiforme y desnuda.

Con ella remeda Gauguin una composición de su maestro Puvis de Chavannes, (L’Espérance), pintor poco apreciado por van Gogh quien, vehemente, contraponía a Georges Seurat, con sus playas de bañistas proustianos y su estilo puntillista.

Sobre dichas preferencias se enzarzaban en violentas discusiones. Mario Vargas Llosa noveló de forma espléndida, en El Paraíso en la otra esquina, la vida del pintor de los Mares del Sur, alternando la narración de sus peripecias con el relato de las andanzas y batallas feministas de la desdichada Flora Tristán, su abuela materna.

La pintura objeto de la subasta no es, ni mucho menos, de lo mejor de Paul Gauguin, el amante de la vida salvaje y los colores puros. La fuerza creadora del artista está mermada y combina imágenes conocidas que ya no proceden de la Naturaleza sino del arte.

No obstante, huelga decirlo, no se trata de arte contemporáneo y pudiera ser que los criterios, caprichos y carambolas del mercado parangonaran, de nuevo, a la pareja ponderando este bodegón de girasoles sin olvidar el récord obtenido, no hace tanto, por el van Gogh ya mencionado.
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