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Los riesgos de Dilma

Julimar da Silva Bichara
miércoles 19 de enero de 2011, 10:19h
La presidenta de Brasil tiene la fama de que es una técnico exigente y muy eficiente. Fama que ha adquirido después de muchos años ocupando puestos de responsabilidad en diferentes administraciones públicas, en el Estado sureño de Rio Grande del Sur y en Brasilia, en el gobierno de Lula da Silva.

Sin embargo, para gobernar el Brasil no es suficiente con tener un excelente currículo técnico, es necesario también entender la idiosincrasia del sistema político brasileño y conseguir - a pesar de ello, porque es esencialmente inestable - construir una alianza de gobierno estable y un parlamento que proporcione sostenibilidad a su programa político. Aquí es donde reside el principal riesgo del gobierno de Dilma que, además, es intrínseco al sistema político brasileño, porque combina un presidencialismo de coalición con un federalismo fuerte. ¿Conseguirá mantener la estabilidad de su base de apoyo tanto en el congreso de los diputados como en el senado federal?

La base de apoyo de Dilma está formada por 366 Diputados, de un total de 513, y 52 Senadores, de un total de 81. Además, cuenta con el apoyo de 17 de los 27 gobernadores de los Estados Federales, lo que también tiene su importancia para la estabilidad de la coalición de gobierno, puesto que los Gobernadores tienen mucha influencia sobre las decisiones de los Diputados y Senadores de su Estado. En el total, esta base de apoyo parlamentar está formada por 9 partidos políticos, aunque sólo 7 de ellos tiene Ministros (serian 12 Ministros de un total de 37; el PT tiene 17 ministerios y, el restante, no estarían afiliados a ningún partido político).

En teoría, Dilma dispone de la mayor base de apoyo político parlamentar de la reciente democracia brasileña, suficiente para reformar la Constitución en temas tan complejos e importantes como la reforma política y la reforma fiscal (Reformas que tanto Henrique Cardoso como Lula da Silva no han logrado aprobar). Sin embargo, este apoyo al inicio del gobierno esconde una lucha empedernida e inmoral de los políticos brasileños por recursos públicos, cargos, control de empresas estatales e, incluso, ministerios. Al todo, suman más de 1000 cargos públicos de libre designación.

La clave del riesgo de esta primera legislación de Dilma es que no existen incentivos políticos para que esta amplia coalición de gobierno se mantenga estable a lo largo de los próximos cuatro años de gobierno. Ni siquiera hay garantías de que no se rompa en el primer año de gobierno. El único incentivo es el clientelismo, ese nefasto juego de intercambio de puestos y recursos públicos por apoyo político, que nada tiene que ver con la eficiencia técnica.

Lula da Silva logró vencer este riesgo con mucha negociación, aunque en 2005 acusaron a su gobierno de comprar de forma corrupta, con dinero público, a los Diputados para que apoyasen sus medidas y propuestas legislativas. Aquel escándalo de corrupción, también conocido como “mensalão”, o mensualidad, ha salpicado en José Dirceu, en la época, Ministro de Presidencia y principal negociador político de Lula da Silva. Por otro lado, Henrique Cardoso logró gobernar con una mayoría estable a lo largo de su primera legislación, lo que le permitió realizar las llamadas reformas estructurales, como las privatizaciones, la apertura comercial y la desregulación de la economía. Sin embargo, en su segundo mandato, esta amplia mayoría se disolvió, incapacitándole para realizar cualquier reforma de calado político o económico, como se puso de manifiesto en el fracaso de su propuesta de reforma fiscal y de la seguridad social.

El riesgo es, por tanto, de inestabilidad política y, por lo tanto, de falta de gobierno, lo que no sería nada ventajoso para el país, especialmente en este momento de fuerte crecimiento económico y construcción de un liderazgo internacional. Dilma debe, por lo tanto, gobernar buscando el equilibrio entre lo técnico y lo político, de forma a lograr realizar la mayoría de las reformas que la negociación política permita; de otra forma, su base parlamentar puede disolverse en muy poco tiempo.
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