De Calahorra
El atentado es obra de un grupo desligado de las últimas acciones de ETA
domingo 23 de marzo de 2008, 12:49h
El atentado de ETA contra el cuartel de la Guardia Civil de Calahorra fue perpetrado por un nuevo grupo de activistas que, en principio, no guardaría relación con el que en los últimos meses ha actuado en Bizkaia. Se trataría de un talde nuevo, o de un comando " dormido", por tres o cuatro personas, que no integrarían la estructura que funciona en territorio vizcaino y a la que los responsables policiales se resisten a encuadrar en lo que tradicionalmente se conoce como comando.
Según ha podido saber DEIA de fuentes de la investigación, unos encapuchados interceptaron a una pareja joven que conducía el Honda Civic de color azul que fue utilizado como coche bomba junto a las instalaciones policiales. El robo del vehículo se produjo en el alto de Herrera, en una zona próxima al balcón de La Rioja, donde en 2003, un comando de ETA se apoderó de otro automóvil por igual procedimiento para tender allí una emboscada a una patrulla de la Ertzaintza.
El modus operandi empleado por los etarras fue en esta ocasión diferente al de otras veces en las que, tras apoderarse del vehículo robado para perpetrar el atentado, secuestraban a sus propietarios y los mantenían ocultos en un paraje de monte o boscoso maniatados y amordazados hasta que horas más tarde los propios activistas notificaban por teléfono el lugar en el que los habían dejado.
Dos horas en furgoneta. En esta ocasión, los dos jóvenes vecinos de Gipuzkoa también terminaron maniatados en el monte, pero antes, en el largo lapso que transcurrió desde que fueron abordados hasta que fueron abandonados, los miembros de ETA los introdujeron en una furgoneta o vehículo similar y circularon con ellos durante cerca de dos horas. Una llamada telefónica al activista que los custodiaba puso fin al viaje, ya que enseguida apearon a los dos secuestrados y los llevaron a una zona boscosa donde los abandonaron en las faldas de la sierra de Toloño. La Ertzaintza los localizó hacia las cuatro y media de la tarde, dos horas y media después del atentado.
Fuentes de la lucha antiterrorista, señalan que se trataría de la llamada de seguridad realizada por los otros miembros del grupo que se habían ocupado de montar la bomba en el coche robado, el traslado de más de cien kilómetros hasta ubicarlo en su objetivo y la huida del lugar hasta un punto lo suficientemente alejado y seguro.
Además de la furgoneta y del turismo robado para luego utilizarlo como coche bomba, el grupo utilizó un tercer vehículo en el cual se desplazaron hasta el lugar del secuestro. Este también fue, con toda probabilidad, el que utilizaron para darse a la fuga y no se descarta que también como lanzadera del otro. Esto demuestra que este nuevo talde cuenta con cierta infraestructura.
Las fuerzas policiales siguen trabajando en determinar la identidad de los que participaron en el atentado de Calahorra. Las cámaras de seguridad del cuartel captaron imágenes del activista que aparcó el coche junto al cuartel del Instituto Armado y que iba encapuchado. Las fuentes a las que este periódico ha tenido acceso descartan que se trate de un comando estable, con un piso o escondite franco, una composición cerrada, y que actúe en un territorio o zona determinado. Sus líneas de investigación se basan en que los últimos atentados en Bizkaia han sido realizados por un grupo diferente al que atentó contra la casa cuartel de Durango, o colocó la bomba trampa en el Juzgado de Getxo. En estos casos, la Ertzaintza identificó a Jurdan Martitegi y Arkaitz Goikoetxea como autores de ambas acciones, arropados por otros colaboradores.
Con la nueva organización, el grupo trabajaría con uno o dos liberados (a sueldo de la organización armada) que recalarían en Hegoalde desde el otro lado de la muga y que llevarían el mando y las tareas principales para la comisión del atentado. Estarían apoyados por uno o dos miembros legales (no fichados) que harían su vida normal y se encargarían de labores imprescindibles pero de menor pericia y responsabilidad. Refuerza esta hipótesis el hecho de que casi todos los atentados que han tenido lugar desde el final del alto el fuego de ETA se han producido en fin de semana o festivo, a excepción del asesinato del ex concejal del PSE en Arrasate, que tuvo lugar un viernes, a escasas diez horas del cierre de la campaña electoral de las elecciones generales.
70 kilos de explosivos. El coche bomba colocado por ETA junto a la casa cuartel de la Guardia Civil de Calahorra contenía 70 kilos de un explosivo todavía por determinar, según precisó ayer el director de la Policía y la Guardia Civil, Joan Mesquida. Media hora antes de la explosión, una llamada en nombre de la banda armada avisó a la DYA de que la bomba iba a estallar hacia las dos de la tarde del viernes. La zona fue desalojada y, salvo un herido leve, no ocasionó daños personales. Sin embargo, los materiales fueron considerables por la potente carga del artefacto.