¿Berlusconi dimite?
Andrea Donofrio
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adonofriohotmailcom/9/9/17
domingo 23 de enero de 2011, 17:03h
Claro que no, aunque quizás esta vez debería por la gravedad de las acusaciones (prostitución de menores y concusión) y para poder defenderse tranquilamente y evitar al país un nuevo capítulo de la improductiva y dañina guerra Berlusconi-Magistratura. Sin embargo, cuando se lo han preguntado, su respuesta ha sido: “¿Pero acaso estáis locos?”. “Estoy sereno”, añadió, “me estoy divirtiendo”.Al menos uno que se divierte…
Estas últimas semanas de “escándalo” nos invitan a algunas reflexiones. Las decenas de grabaciones telefónicas indican que es más fácil entrar en la residencia privada de Berlusconi o en algunos locales del Gobierno que en el metro: allí, no hay ni tornillo, ni controles. Por lo que concierne sus veladas, las escuchas tiñen un cuadro sórdido, un sub-mundo triste y oscuro. La residencia del primer ministro es descrita como un “club de alterne”, una casa de intercambio de parejas, un prostíbulo de carretera donde las chicas se disfrazan de enfermera o policía para excitar al sátrapa. En la planta de abajo hay una sala con luces rojas, una barra de bar y dos lap-dance. Las “veladas decorosas y elegantes” dejan el paso a fiestas donde destaca la presencia de chicas en paños menores y menores de edad: cuando el cavaliere alude a unas sobremesas “relajantes”, ¿se refiere al momento en que la comitiva se desnuda, baila y hace el trenecito?
Frente a tanta sordidez, la Iglesia está manteniendo una postura cauta, precavida, que puede resumirse en la frase de un intelectual católico italiano: “ciertamente es mejor un putero que hace buenas leyes que un notable catolicísimo que hace normas contrarias a la Iglesia". Prohibición de la eutanasia, financiaciones a escuelas privadas, defensa del crucifijo hacen que la condena moral tarde en llegar o se busca cómo exculpar a la “ovejita descarriada” que asegura ofrecer “sólo donativos a jóvenes en dificultades”. Si esa filantropía fuera verdad y teniendo en cuenta el supuesto milagro de la basura en Nápoles (aún por cumplirse), ¿por qué no hacer otra excepción y nombrarlo Santo ya, junto con Papa Wojtyla?
No cabe duda de que la prensa sensacionalista, morbosa y escatológica, debería estar agradecida a Berlusconi ya que los detalles de sus veladas, la competición entre las jóvenes “vírgenes que se ofrecen al dragón para lograr éxito y crecimiento económico” (frase de su ex mujer) y ser la preferida (“'Papi' es nuestra fuente de lucro”) constituyen portada; las confesiones sobre los regalos (no sé si me horroriza más saber que estas chicas declaren que “una persona normal trabaja siete meses para ganar lo que me he llevado yo” o que Berlusconi le regale a cada uno de ellas dos CDs con su guitarrista de confianza, Mariano Apicella, un aparcacoches napolitano), el “cuadro prostibulario” presentado por la Magistratura (quizás que eso explicaría la pasada guerra a las escuchas telefónicas y a los periódicos solo para defenderse del alud de escándalos) capturan lectores.
Pese a que Berlusconi lo niega, la imagen de Italia no sale muy bien amparada y su credibilidad internacional resulta muy cuestionada (el Financial Times habla de “profunda vergüenza para Italia”). A tal propósito, no debe extrañar que las noticias más leídas en los portales de algunos periódicos hayan sido sobre el tema, con titulares llamativos del tipo “Concéntrate en el francés que le vuelve loco”, “A Berlusconi le gustan las orgías” o “Italia, un país de puteros”. O que una columnista de El Mundo, rememorando las aventuras de Pedro J, compare al primer ministro italiano con Jaimito, Pierino en italiano, personaje interpretado por Alvaro Vitali, protagonista de algunas “celebres” películas: Jaimito el tocón y la profe cañón, Bajo las sábanas con la doctora, Jaimito y la enfermera arman la guerra en el hospital…
Frente a unas acusaciones tan graves, cualquier político u hombre honrado correría a defenderse en los tribunales, se pondría a disposición de la Magistratura para aclarar los hechos. Sin embargo, Berlusconi prefiere jurar su inocencia y grabar videomensajes a la nación –en su despacho con las fotos familiares detrás-, anunciando un nuevo amor. En lugar de presentar su defensa en los bancos de un tribunal, el cavaliere elige su púlpito mediático, su ágora televisiva, luciendo una arenga donde, además de la habitual retahíla de descalificaciones a la justicia, considera las acusaciones falaces y falsas porque él tiene una "relación estable con una persona". Como siempre el objetivo de sus palabras son la autoabsolución, la deslegitimación de los fiscales, el aumento de la confusión de la opinión pública italiana –que se informa mayoritariamente a través de la televisión-, el hartazgo general y la indignación de sus detractores, impotentes e incrédulos.
Y mientras los italianos muestran una preocupante resignación o una depresión cínica, Berlusconi representa a una persona con un siniestro pasado y un sospechoso presente: aún así, Italia ha pasado de preocuparse por el conflicto de intereses (economía-política-medios de comunicación) al conflicto entre público y privado, al populismo reaccionario del magnate que mezcla política y cotilleo. Resulta difícil hallar una salida (las elecciones anticipadas preanuncian un panorama demasiado incierto) e inquieta tener que asistir a un bochornoso espectáculo mediático, al ápice del enfrentamiento entre la Magistratura y un Berlusconi que promete que quien le está investigando “no puede quedar sin un castigo adecuado”. ¿Cómo puede el jefe del Ejecutivo amenazar al poder judicial? Y parafraseando a Orwell, ¿Berlusconi de verdad se cree que todos son iguales, pero algunos son más iguales que otros? Como ya he señalado en otras columnas, preocupa que Italia sea una vez más rehén de la “actualidad berlusconiana”, que la política nacional se aleje de los problemas reales del país y centre su interés y esfuerzos en cómo salvar a Berlusconi. Frente a la necesitad de reformas y soluciones reales a graves problemas, Italia corre el riesgo de asistir impotente, avergonzada y asqueada a un nuevo capitulo de la guerra entre Berlusconi y la Justicia.
Ps. Por cierto puede que Berlusconi haya cumplido una de sus promesas electorales: en enero de 2002, se declaraba escandalizado y avergonzado por la presencia de tantas prostitutas en tanga por la calle, “sin moderación”, anunciado que encontraría una solución al problema para quitarlas de las carretera. ¿Meterlas todas en su casa? Bueno, algo es algo: él por lo menos les está ayudando, ofreciendo dinero y a algunas una casa en Via Olgettina…
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Politólogo
Andrea Donofrio es politólogo, experto en Relaciones Internacionales e investigador del Instituto Ortega y Gasset
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