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La “Revolución del Jazmín” ante el punto de no retorno

Un “Comité de salvación nacional” para Túnez

martes 25 de enero de 2011, 12:34h
El conjunto de las fuerzas de la oposición, que comprende todos los partidos políticos legales y no legales a excepción del partido benalista RCD, van a reunirse hoy martes con la central sindical UGTT (Unión general de trabajadores tunecinos) para discutir la constitución de un Comité de Salvación Nacional (CSN) que ejercería las funciones de Gobierno provisional. Las primeras tareas del CSN serán la preparación de las Elecciones legislativas y presidenciales, y la elección de una Asamblea constituyente.
Ante la posibilidad de que el actual Gobierno de transición presidido por Mohamed Ghanuchi, el mismo que dirigió el gobierno de Ben Ali en el último decenio, asegure la estabilidad del país, un portavoz gubernamental declaraba esta mañana que “se van a producir cambios gubernamentales inminentes”. El alcance de los mismos dependerá de varios factores conjugados : la presión de los manifestantes, los acuerdos secretos entre algunos sectores de la oposición moderada y el stablishment político benalista, la actitud del Ejército y los eventuales apoyos de la diplomacia occidental.

Los hombres claves del sistema Ben Ali, el actual primer Ministro y los ministros de soberanía (Interior, Exteriores, Defensa y Finanzas) quieren perpetuarse a sí mismos. Pero para ello se ven obligados a soltar lastre, como la detención del Consejero de Ben Ali, Abdelaziz Ben Dhia y del exministro del Interior y actual presidente del senado, Abdalá Kallel. La operación consistente en asociar personalidades críticas al régimen depuesto, no ha funcionado. Los tres ministros propuestos por la central sindical UGTT y el de Salud, Mustafa Ben Jaafar, propuesto por el Foro Democrático, han abandonado el gobierno.

Las fuerzas de la oposición quieren tomar la iniciativa, y promover junto a los sindicatos, un organismo de transición realmente independiente y creíble. El Comité de Salvación Nacional debería ser liderado por alguna personalidad totalmente ajena al antiguo régimen, producto del consenso entre laicos, islamistas y sindicalistas.

Papel del Ejército
El Ejército ha intervenido por vez primera políticamente en la escena, con dos declaraciones del jefe de Estado mayor de Tierra, el general Rachid Amar. Dos tomas de posición claras y de gran trascendencia, porque revelan el alcance que los militares quieren dar al proceso de cambios democráticos.

El escenario ha sido la explanada ante el Palacio de Gobierno, donde desde hace tres días se manifiestan un millar de tunecinos las 24 horas del día, desafiando el toque de queda. Ayer lunes por la mañana, el general Rachid Amar habló ante ellos. De entrada declaró que “el Ejército es el garante de la Constitución y no saldremos de este marco”. Los manifestantes se mostraron inquietos y pedían un compromiso firme por parte de los militares ante sus reivindicaciones, básicamente la dimisión del actual gobierno de Mohamed Ghanuchi y la eliminación de todos los ministros vinculados al antiguo régimen. El general Amar, enardecido y presionado por la muchedumbre, añadió: “Soy sincero, el Ejército será sincero. Somos la garantía de la Revolución del 14 de enero, y el pueblo no debe desaprovecharla”.

En primer lugar, el general Amar ha sido rotundo: “El Ejército es el garante de la revolución”. Una toma de posición que ha sido bien acogida tanto por los manifestantes como por la mayoría de las formaciones políticas y sindicales. Dicho de otro modo: los militares apoyan todo lo que se ha hecho hasta el momento; apoyan los cambios democráticos; apoyan la persecución a los responsables de la dictadura ; el derrocamiento del ex-presidente Zine Ben Ali y de su familia ; la exigencia de que sean llevados ante los tribunales y de que se les confisquen todos sus bienes en el país y en el extranjero. Las Fuerzas Armadas dan su apoyo a todas estas medidas, y se ofrecen como garantía de que sean llevadas adelante.

Sin embargo, la primera parte de su declaración dejó algo perplejos a los tunecinos, al insistir en que las Fuerzas Armadas apoyan la Constitución actual y no saldrán de sus límites. Lo que en algunos medios ha sido interpretado como el apoyo a las instituciones actuales aunque sean de transición. El actual jefe de Estado interino, Fuad Mebazaa, lo es conforme al Artículo 17 de la Constitución que otorga al Presidente del Parlamento ocupar el puesto presidencial vacante. Y el actual primer Ministro, Mohamed Ghanuchi, ha sido designado por el Presidente, igualmente conforme a la Constitución.

¿Significa esto que el Ejército apoyará a Mebazaa y Ghanuchi en sus actuales funciones? De ser así, los militares estarían levantando una barrera infranqueable ante las peticiones de los manifestantes que quieren ir más allá en los cambios. Y por supuesto, el Ejército “en el actual marco constitucional” podría oponerse a la formación del Comité de Salvación Nacional y de la Asamblea constituyente prevista por la oposición y los sindicatos.

Diplomacia norteamericana
Tampoco hay que minimizar el apoyo -los partidos de oposición lo consideran presión- de la diplomacia norteamericana a Fuad Mebazaa y Mohamed Ghanuchi. Jeffrey Feltman, el Secretario de Estado adjunto para Oriente Medio, está en Túnez, donde tiene previsto reunirse con los responsables actuales del gobierno, con los partidos políticos (no se ha especificado cuáles) y con representantes de la sociedad civil.

Según informa la Casa Blanca, Feltman “discutirá los medios de un patriarcado constructivo entre Estados Unidos y Túnez”, y ello “en el momento en que el país abre el camino a una mayor libertad política y social, con elecciones transparentes y creíbles, y cuando su gobierno hace frente a las causas políticas y económicas subyacentes que condujeron a los recientes disturbios”.

¿Hasta dónde quieren apoyar los Estados Unidos la Revolución del Jazmín? Es lo que se preguntan hoy en Túnez. La Casa Blanca y el Pentágono consideran este pequeño país mediterráneo como “una pieza estratégica clave” en la Hoja de ruta del proceso de cambios democráticos que Estados Unidos desea para el mundo Árabe, que fue interrumpido en 2004 y se ha reanudado en diciembre de 2010. No en vano, Estados Unidos han construido en Túnez una embajada de enormes proporciones y que, según los especialistas, constituye la pieza clave en la ribera sur del Mediterráneo del despliegue geopolítico norteamericano.
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