El libro, se supone, nace de la afición por el fútbol del autor.Le tengo que decir que no (ríe).
¿Y cómo es posible un libro tan documentado sin pasión por este deporte?Me interesa la política muchísimo más que el fútbol, pero el fútbol, sobre todo de las dos últimas décadas a esta parte, los estudiosos del fenómeno sociológico como tal lo han empezado a tomar más en serio, hasta entonces había sido una frivolidad despreciada por intelectuales petulantes que pensaban que no era un asunto lo suficientemente importante como para hacerlo objeto de estudio. El fútbol, como aficionado, me interesa más bien poco; la política, dentro del fútbol, muchísimo.
La conclusión principal es que el fútbol no es sólo un juego.El fútbol debiera ser un juego pero, a día de hoy, esta visión se restringe a los patios de los colegios. Más allá de eso, el fútbol es un negocio y una plataforma para la clase política. De hecho, el libro es un ensayo sobre la instrumentalización política del deporte. Hay varias frases elocuentes, una es una prédica de San Vicente Ferrer que, en un famoso sermón futbolero, dijo aquello de "jugar a la pelota no es pecado, el pecado es hacer de la pelota un instrumento político".
¿Qué fue antes, la necesidad del fútbol de acercarse a la política o viceversa?La política. El fútbol vino después, de él se percataron los políticos, echaron mano y lo instrumentalizaron.
Políticos atraídos por el fútbol y gentes del fútbol con aspiraciones políticas.Hay un personaje protagonista a lo largo del libro que es Joan Laporta, ahora diputado regional aforado, pero ni que decir tiene lo que se han servido del fútbol en América Latina. Mauricio Macri, alcalde de Buenos Aires, es hijo de millonario que hizo su fortuna gracias al corralito y a día de hoy es el máximo aspirante, todavía no lo ha oficializado, a disputar la Presidencia de Argentina a la señora Kirchner. Políticos que hayan utilizado el deporte para catapultarse los hay en América, en el Caribe y en Europa no hay que irse muy lejos con el señor Berlusconi, presidente durante muchos años, ya sólo propietario del Milán.
¿Toda relación entre deporte y política es siempre negativa?Pienso que sí. No hay otro ánimo político que servirse del fútbol y hacerse la foto. Una de las grandes cuestiones que trato de dejar sobre la mesa es preguntarme qué equipo ha sido más sambenito del régimen, si el Real Madrid o el Barcelona. Establezco un paralelismo entre la historia deportiva y la política y me da que los dos, a día de hoy, son algo más que un club porque asumen valores políticos añadidos. No hay que olvidar que, durante muchos años, el Barça ha sido el representante del catalanismo desintegrador que aspiraba a lograr la independencia. El Real Madrid, sobre todo durante la última etapa del franquismo, ha sido visto como el club que el generalísimo utilizó para lavar su imagen en el exterior.
Su libro está ilustrado por uno de los leones del Congreso de los Diputados con un balón. Vienen a la mente imágenes de los Juegos Olímpicos de Berlín o la célebre pancarta de 'Catalonia is not Spain'. ¿Qué instantánea habría empleado?Me hubiera encantado poner una fotografía del palco del Bernabéu o del Camp Nou con Florentino, con Joan Laporta, con Felipe González, con Aznar, con Calvo Sotelo, con el propio Berlusconi. Todos ellos han ocupado los palcos de los grandes estadios en los grandes acontecimientos de la historia reciente, pero falta la foto de todos juntos. Cada uno ha hecho uso del deporte para su lanzamiento. Florentino Pérez llegó a la presidencia del Real Madrid como un exitoso y millonario constructor, aunque ha querido ocultar un paso frustrante por la política que no le llevó a nada, por eso lo dejó. Hay más política en el Bernabéu, en el Camp Nou, en San Mamés, en La Bombonera o en San Siro que en los congresos de los diputados.
Jugadores como el exbarcelonista Oleguer, independentista catalán, o algunos jugadores de la Real Sociedad, favorables a actos en apoyo a Eta y su entorno, hacen buena también la tesis del libro. Nada nuevo en el horizonte. No hago valoración porque la mayoría de ellos son iletrados o analfabetos. Sobran calificativos para adjetivar lo sucedido cuando ocho jugadores suscribieron un comunicado de apoyo a la manifestación que tuvo lugar en Bilbao.
Habla de una nueva sociedad de masas y de un "forofismo aborregado". ¿Extrapola esto último al conjunto de los aficionados?No voy a hacer como Pedro Castro, alcalde de Getafe, que dijo hace unos meses que todos los que votaban a la derecha eran unos "gilipollas", pero sí creo que el fútbol se presta a la ley famosa del mínimo común denominador. Los políticos saben que utilizando mensajes simples, ramplones, llegan a todo el mundo, y si llegan al más tonto dan por supuesto que llegan a toda la sociedad. Es un lugar común donde concurren gentes de la más variopinta condición, sobre todo intelectual, pero no me atrevería a ser tan incauto como el alcalde de Getafe.
A pesar de su postura crítica, ¿admite belleza en el fútbol?Umbral dejó escrito antes de irse al otro lado algo así como que el deporte es algo más que la crónica rosa de una futilidad. El fútbol es también belleza. La foto de Zidane en la novena Copa de Europa del Real Madrid no sólo es estéticamente preciosa sino, algunos dicen, también un acto intelectual.
¿Qué significó para España el gol de Iniesta? Escribí un artículo para
El Mundo a los dos o tres días titulado 'La resaca patriótico-deportiva de España'. El enfoque era que había que extraer algún tipo de conclusión al hecho de que a día de hoy, o en aquel día, la principal esperanza de los españoles estaba y está en los estadios. Me parece lamentable. El gol, perfecto; el campeonato, perfecto, pero más allá del hecho futbolístico me parece lamentable la explosión irracional de patriotismo exacerbado que produjo y el aprovechamiento consecuente que hicieron los unos y los otros.
Fútbol, pan y circo. La metáfora patriótico-deportiva de España.
José Antonio Ruiz
Editorial Fragua
336 páginas 26 euros
Disponible en: http://www.fragua.com/