Trinidad Jiménez cumple 100 días como jefa de la cancillería española. Ha viajado mucho y ha mantenido numerosas reuniones con sus homólogos de distintos países, pero el Sáhara Occidental la ha perseguido incluso hasta Washington para marcar su gestión -muy criticada- y retratar la política exterior del Gobierno de Rodríguez Zapatero.
La ministra de Asuntos Exteriores y Cooperación ha desarrollado una amplia agenda en sus cien primeros días al frente de la diplomacia española. Ha viajado a Bolivia, Ecuador, Portugal, Rusia, Andorra, Argentina, Italia, Libia, Francia, a los Estados Unidos... Y ha recibido a sus homólogos de Sudán, Marruecos, Guinea Ecuatorial, Serbia, Armenia, Emiratos Árabes Unidos, de la Autoridad Nacional Palestina, Polonia, Costa Rica…Pero un espinoso asunto ha sido constante en su muy criticada gestión: el Sáhara Occidental. Desde el desmantelamiento del campamento Gdeim Iziky por parte de las autoridades marroquíes hasta la “dificultad” para celebrar un referéndum en la antigua colonia española contestada por el Polisario de forma severa.

Trinidad Jiménez se reunió con su homólogo marroquí, Taieb Fassi-Fihri, el 3 de noviembre. Lo más destacado del encuentro fue, por la polémica desatada acto seguido, la rueda de prensa conjunta que ofrecieron. El ministro de Asuntos Exteriores de Marruecos cargó contra la Prensa española en un intento por justificar la prohibición de entrada al
campamento saharaui Gdeim Iziky a los periodistas españoles, de quienes dijo "confunden sus deseos con la realidad". Jiménez aseguró que no compartía estas limitaciones a la libertad de prensa, pero que las respetaba. Cinco días después y mientras Jiménez estaba a otro lado del Atlántico, las fuerzas de seguridad marroquíes habían desmontado -
"a sangre y fuego", según los saharauis, y "de forma pacífica", según Rabat- el campamento de Gdeim Iziky. El bloqueo a la prensa española se mantenía y crecía la indignación de los ciudadanos tras la muerte de un niño de 14 años, de un español de origen saharaui, después de numerosas denuncias de detenciones arbitrarias y
torturas, de la expulsión de El Aaiún de periodistas y activistas españoles y de un largo etcétera de alarmantes noticias sobre posibles violaciones de los derechos humanos por parte de Marruecos en el Sáhara Occidental. Incluso una ONG denunciaba ante la Audiencia Nacional a tres ministros del reino alauí y al gobernador de la capital saharaui, y los españoles salían a la calle (13 de noviembre) para reclamar al Gobierno de Rodríguez Zapatero una condena de los actos violentos y una enérgica presión ante los organismos internacionales para que se resuelva el conflicto con la máxima celeridad. Entre tanto, la ministra de Exteriores evitaba tratar el espinoso asunto saharaui en su primera comparecencia como tal en el Pleno Congreso de los diputados y se enrocaba en la negativa a condenar la actuación marroquí durante el duro rifirrafe del 16 de noviembre con toda la oposición en el Senado. "Sin confirmación de los datos, un Gobierno responsable no debe especular", aseguró Jiménez en la Cámara Alta ante la unanimidad de los grupos de la oposición que le exigían una condena a la actuación marroquí.
Sólo dos días antes de cumplir treinta al frente de nuestra diplomacia, Trinidad Jiménez tuvo que dar cuenta de la muy criticada gestión que el Gobierno mantuvo del conflicto. Fue en la Comisión de Asuntos Exteriores del Congreso y su comparecencia recibió las críticas de toda la oposición por
"tibia" e incluso
"cómplice" de los hechos porque, una vez más, la ministra se negó a condenar la actuación de Marruecos amparándose en la "falta de datos". Jiménez sólo dijo querer un "informe independiente" sin concretar si lo había pedido ya ni a quién, y a manifestar su "profunda preocupación".
Reuniones bilaterales, multilaterales y en organizamos internacionales se han sucedido con la vista puesta en el Sáhara Occidental, pero como lleva sucediendo más de 30 años, nada se ha avanzado. Pero algo ha cambiado. Según el Frente Polisario, el Gobierno español ha emprendido una campaña a nivel nacional e internacional con el objetivo de
"sacrificar al pueblo saharaui" y alinearse "con toda nitidez" con las tesis de Marruecos de resolver el conflicto dando una amplia autonomía a la ex colonia española. Esta acusación es fruto de las palabras de la ministra Jiménez, quien aseguró recientemente que había que ser "conscientes de la dificultad" de que se pueda celebrar el plebiscito, puesto que ni siquiera el Polisario se pone de acuerdo sobre la elaboración del censo. Los líderes saharauis no tardaron en responder y aclararon que "no existe ningún obstáculo técnico que impida esta consulta" y que la única traba es "el manifiesto
desprecio marroquí hacia esas genuinas formas de democracia que permiten a las personas expresar libremente sus preferencias".
Wikileaks provoca dolores de cabeza en el Palacio de Santa Cruz
La familia del cámara de Telecinco José Couso, muerto en un ataque de las tropas norteamericanas en Bagdad (Iraq) en 2003, presentó una demanda ante la Fiscalía del Tribunal Superior de Justicia de Madrid (TSJM) contra “funcionarios adscritos a la Fiscalía del Estado" a raíz de las revelaciones de los papeles de Wikileaks, que apuntaban a la existencia de contactos entre miembros del Ministerio Público y de la embajada de EEUU sobre las causas que afectan a intereses norteamericanos que investiga la Audiencia Nacional. La ministra de Asuntos Exteriores aseguró que el Gobierno ha estado reclamando "en todo momento" a Estados Unidos respuestas "claras y concretas" sobre
la muerte Couso.
De menor importancia, pero sugerentes eran el resto de la revelaciones de Wikileaks que afectaba a Trinidad Jiménez. Pusieron en su boca palabras como
“bestia” o “payaso” para referirse a Hugo Chávez y subrayaron su rivalidad con Moratinos.
La Posición Común, Cuba y los Derechos HumanosLa dictadura cubana tampoco ha permitido el lucimiento de la jefa de nuestra diplomacia. En Luxemburgo, durante el Consejo de Ministros de Exteriores de la Unión Europea (UE) que debatía, precisamente en el estreno de Jiménez, la política hacia
La Habana, nuestra ministra pidió a sus homólogos enviar a Cuba la "señal" de que la UE está dispuesta a entablar una "nueva relación" con la isla para afianzar así el proceso de reformas iniciado, en su opinión, por el régimen castrista. No logró una modificación de la llamada Posición Común que desde 1996 condiciona la relación con Cuba a los avances en Derechos Humanos, pero sí que se empezara a negociar la posibilidad de un acuerdo comercial y político con la dictadura. Esa posibilidad no se vio frustrada, según Jiménez, por la negativa de la
dictadura a permitir al disidente
Guillermo Fariñas asistir en Estrasburgo a la entrega del
Premio Sajarov a la Libertad de Conciencia de la Eurocámara que le fue concedido por su defensa de los Derechos Humanos. “Son cuestiones diferentes”, dijo y añadió que autorizar la salida de Fariñas para recoger el premio hubiera sido "conveniente" por "razones humanitarias.
Tensión con Rusia y pérdida de peso en la UE
También hubiera sido conveniente evitar la crisis diplomática con Rusia que se produjo tras la expulsión de dos de sus representas en España y la consecuente invitación a abandonar el país a dos diplomáticos españoles en
Moscú. El rifirrafe llegó a buen puerto y las delegaciones se completaron sin llegar a mayores. No así la gestión de la presencia de diplomáticos españoles en el nuevo
Servicio Europeo de Acción Exterior que ha concluido sin que un sólo nacional ocupe cargo entre los doce puestos clave de esa representación de la UE. Se han repartido los puestos entre británicos, franceses, italianos y alemanes, además de obtener cargos tanto Polonia como Suecia.
El traspié no ha impedido que Jiménez haya vislumbrado en estos cien días un
Estado palestino para este año 2011, haya garantizado que España seguirá sin reconocer la independencia de
Kosovo y haya mostrado la disposición de nuestro país a reconocer al nuevo
Estado de Sudán del Sur a partir del próximo mes de julio.
La ministra tiene todavía 14 meses por delante para enderezar la maltrecha situación de la cancillería española y que su sueño, el de ser ministra de Asuntos Exteriores, no dé al traste con el derecho de todos los españoles de tener un jefe diplomático a la altura del país que representa.