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El mundo árabe, expectante

De la hoguera tunecina al volcán egipcio

jueves 27 de enero de 2011, 13:00h
La revuelta en Egipto está poniendo los pelos de punta a Occidente. Lo que fue una hoguera en Túnez se puede convertir en un volcán en el país de los faraones. El mundo árabe observa las protestas en El Cairo con expectación : los regímenes con miedo, y la población con entusiasmo. En pocas horas los manifestantes egipcios han pasado de las reivindicaciones socio-económicas y laborales, a las políticas. Salieron a las calles protestando contra la carestía y al volver a sus casas ya pedían la dimisión del general Hosni Mubarak que ha gobernado el país con mano de hierro desde hace tres decenios.
Estados Unidos y Europa en menor grado, temen que la avalancha contestadora en Egipto termine en un cuestionamiento del régimen. Las cancillerías occidentales intentan frenar por todos los medios una destabilización de Egipto que supondría la ruptura del eguilibrio geopolítico en todo Oriente Medio. Túnez no tiene un peso preponderante en el tablero político de la región ; Egipto, sí.

Las diferencias entre los dos países explican el comportamiento ambivalente de la diplomacia occidental. La Casa Blanca ha expresado claramente su apoyo a "la revolución del jazmín" llegando a ofrecer incluso su apoyo para que "el pueblo tunecino construya su porvenir". En el caso egipcio, Washington llama al régimen a "operar reformas", antes de que sea demasiado tarde.

El papel que juega Egipto en la política medio-oriental es clave para que los países occidentales mantengan el control de la estabilidad. Estados Unidos y la Unión Europea son aliados estratégicos de Israel y de Egipto, y hacen de este último un parapeto para frenar las reivindicaciones palestinas.

Además los dos paises Túnez y Egipto, se diferencian fundamentalmente en varios parámetros internos esenciales : el peso del islamismo, el papel del Ejército, y los recursos energñéticos. En Túnez, el movimiento islamista Ennahda se encuentra muy debilitado por dos decenios de represión ; es clandestino hasta el momento ; y actúa como uno más de los movimientos de la oposición radical, junto a importantes corrientes laicas. En Egipto, el movimiento de los Hermanos Musulmanes, aunque no legal pero tolerado, tenía hasta las últimas Elecciones, 88 de los 454 diputados de la Asamblea nacional, siendo el principal partido de la oposición a Mubarak. El resto de la oposición política es testimonial.

En los dos países se han constituido corrientes yihadistas en el seno del movimiento islamista, siendo de lejos la más importante la Gamaa Islamiya y la Yihad Islámica de Egipto, matrices ideológicas de Al Qaeda y del terrorismo islámico contemporáneo. Si en Egipto estas corrientes tienen peso específico propio, en Túnez son minoritarios y apenas inciden en el partido Ennahda que dirige Rachuid Ghanuchi.

En segundo lugar, el Ejército en Túnez ha jugado un papel importante como impulsor del proceso de cambios y "garante de la revolución", si bien encauzándola en el marco de la actual Constitución. En Egipto, el Ejército es quien decide en última instancia la designación del Presidente. Lo hizo con Nasser, después con Sadat y más tarde con Mubarak. Y hasta el momento, los militares egipcios siguen siendo considerados como la principal barrera a las reivindicaciones populares.

Por último Túnez apenas dispone de recursos energéticos propios. Excepción hecha de unos yacimientos de poca importancia en el golfo de Hammamet que explota la compañía australiana Cooper Energy. Mientras que Egipto es un país exportador de petróleo y de gas a Occidente, incluído Israel al que suministra gas desde 2005.

Otra diferencia de talla es que la revuelta popular en Túnez no ha encontrado hasta el momento una figura emblemática que se constituya como líder natural de la misma. En Egipto en cambio, Mohamed El Baradei, premio Nobel de la paz y que fue Director general de la AIEA (Agencia Internacional de Energía Atómica), que goza de gran prestigio internacional, es la principal figura alternativa al octogenario Hosni Mubarak. Pero lo más importante es que El Baradei tiene el apoyo explícito de la cofradia de los Hermanos Musulmanes, con lo que su candidatura a la presidencia del país tiene todas las de ganar.
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