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Políticamente incorrecto

Hacia la nacionalización de las Cajas

sábado 29 de enero de 2011, 10:09h
El programa de saneamiento y reestructuración del sistema financiero, básicamente de las cajas de ahorro, anunciado por el gobierno adolece de dos fallos fundamentales que podrían sintetizarse en los siguientes términos: “Demasiado lento y demasiado poco”. Así ha sido recibido por los mercados ya que no sirve para despejar las dudas sobre la solvencia de las entidades de crédito españolas. Como ha sucedido hasta el momento con todas las medidas anti crisis adoptadas por el gabinete socialista, este nuevo plan gubernamental refleja la necesidad de hacer algo pero nunca lo suficiente. Quizá, este plan hubiese sido útil hace un año pero ahora es claramente insuficiente, presenta fallas conceptuales de manual en su diseño y ejecución y genera una enorme incertidumbre.

De entrada, el gobierno con el aval del Banco de España “anima” a las cajas de ahorro a apelar a inversores privados para aumentar su capital. Es impensable que aquellos proporcionen recursos a los mismos gestores de unas instituciones crediticias a las que han llevado al borde de la bancarrota. Al mismo tiempo, el espíritu “filantrópico” de los mercados debería ser similar al de la Madre Teresa de Calcuta para suministrar capital a unas instituciones controladas por políticos. Por último es complicado pensar que alguien, que no sea el sector público, meta su dinero en entidades en las que no puede mandar. En consecuencia, la apelación gubernamental a la inversión privada para capitalizar las cajas es un Canto a Cartagena, permítaseme el casticismo.

Por otra parte, si las cajas no obtienen el capital privado preciso para fortalecer sus balances y alcanzar los ratios de capital exigidos por Basilea III, que no lo conseguirán, el gobierno aportará fondos para lograr ese objetivo, eso sí, forzando a las cajas a convertirse en bancos. En suma se nacionalizará una parte sustancial del sistema financiero español con un plazo de vencimiento en otoño. Este planteamiento es suicida por dos razones básicas: primera, porque reduce los incentivos de los gestores de las cajas para hacer los deberes porque si no lo hacen Papá Estado les salvará de la quiebra; segunda, como nadie se cree que las cajas obtendrán capital privado de aquí a después del verano, la presión de los mercados sobre el sistema financiero español van a arreciar. Si el BBVA y el Santander tienes dificultades para obtener recursos de los mercados, imagínense los que tendrá la caja de “Bollullos del Condado”, licencia verbal permisible.

Al mismo tiempo, el cálculo de los fondos públicos necesarios para recapitalizar las cajas que no consigan hacerlo por sí mismas se ha cifrado en 20.000 millones de euros, lo que resulta un ejercicio de finanzas-ficción ya que no existe ninguna seguridad sobre cuáles son los estados financieros reales de las cajas de ahorro. La opacidad sobre este asunto es clamorosa, lo que hace preguntarse qué hace el Banco de España. Si a estas alturas no sabe cuál es el agujero de las cajas es para echarse a temblar y si lo sabe y no lo dice es peor. La incertidumbre sobre este extremo es tan grande que, cometido el error de haber cuantificado el montante de la ayuda, debería haberse establecido uno más elevado, que a la vista de toda la información disponible y del sentimiento de los mercados, es muy superior a los 20.000 millones anunciados por el gabinete socialista.
Salvo sorpresas y si la situación aguanta hasta el otoño, extremo improbable, la estrategia del gabinete conduce a la nacionalización de una parte muy significativa de las cajas, probablemente de dos tercios de las mismas. Si esto ocurre y ocurrirá, el coste de la intervención será sin duda muy superior a los 20.000 millones de euros. En consecuencia se habrá perdido un tiempo precioso para sanear las cajas y, obviamente, conseguir ese objetivo costará más y, en el mejor de los casos, creará tensiones muy fuertes sobre el conjunto del sistema financiero durante el período de interregno. Persistirá la incapacidad del mercado de distinguir entre entidades solventes y viables y las que no lo son. Esto es de una extraordinaria gravedad.

En estos momentos, cualquier proceso creíble y serio de saneamiento del sistema financiero exige en primer lugar un afloramiento de las pérdidas del sector; en segundo lugar, una brutal reducción de costes estructurales; en tercer lugar, la destitución de los gestores que han situado las cajas en una posición de insolvencia; en cuarto lugar, una radical despolitización de esas entidades crediticias y en quinto lugar, una masiva inyección de fondos públicos para capitalizarlas y posteriormente privatizarlas. Sin esos pasos previos, nadie se va a creer que se soluciona el problema y los mercados seguirán cerrados para las cajas con dos resultados: la quiebra de muchas de ellas y la imposibilidad de normalizar el funcionamiento del sistema crediticio.

Después de tres años de crisis financiera global y de la existencia de mil y una experiencias internacionales sobre cuáles han sido las estrategias que han tenido éxito y cuáles no en los procesos de saneamiento de la banca, parece increíble que el Gobierno y el Banco de España hayan optado por esta fórmula.
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