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Italia desde fuera

Andrea Donofrio
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adonofriohotmailcom/9/9/17
domingo 30 de enero de 2011, 16:40h
En el pasado mes de octubre, en una Conferencia en Sevilla, me fascinó una carta de 1770 del embajador español ante la Santa Sede -el enciclopedista Azara-, un durísimo juicio sobre la España ilustrada:

Estando uno fuera, lo nota mejor que no hallándose ahí; quizá porque en política, como en óptica, se requiere una cierta distancia para ver en su verdadero punto los objetos. Esto lo confirmo con algunos de ahí que continuamente me escriben grandezas y más grandezas, sin que yo vea ninguna. Antes al contrario, me parece que la masa de la Nación se está en su ignorancia sicut erat. Pero dejamos de murmurar, porque aflige...

Y pensé con desolación: ¿valdría esto para la Italia de hoy en día? Me temo que sí. Cada vez que hablo con mi familia, durante mis estancias vacacionales, en mis encuentros con académicos nacionales, tengo la impresión de que desde dentro la percepción de la crisis político-institucional, de la imagen internacional de Italia queda distorsionada. Hablan de normalidad, de alguna extravagancia presidencial, de un sentimiento anti-italiano en el mundo y de envidias locales. Sin embargo, desde fuera, las contradicciones y la degradación que afligen a Italia parecen manifiestas. Un país difícil de comprender, víctima de una dictadura mediática, en profunda crisis ética y moral, lleno de anomalías: me referiré sólo a algunas de ellas.

Italia resulta gobernada por un presidente del consejo, limitado en su acción política por sus querellas judiciales, acostumbrado a mezclar lo público y lo privado, con una insana tendencia a un populismo reaccionario. Un primer ministro que parece un epítome del Tiberio de Sventonio, con su gusto por los excesos y el desesperado intento de parar el tiempo, constructor de una corte prostibularia, una especie de Mansión Playboy en versión kitsch. Un presidente que busca constantemente la admiración y la adulación de un público entregado –y comprado. Un premier artífice de una dictadura “suave”, de bajo perfil. ¿Una señal de los cambios? Mientras grandes figuras históricas elogiaban a Mussolini -Churchill le consideraba el estadista más importante de su época, Roosvelt lo citaba como modelo de conducción política...-, Rocco Siffredi, máxima estrella italiana del porno, apoya la acción política de Berlusconi y afirma: “Los italianos estamos orgullosos de Berlusconi, quién a sus 74 años hace el amor y tiene una buena vida”. Incluso Tinto Brass le halaga. Del “Té con Mussolini” de Zeffirelli a la película porno “'Bunga-bunga, presidente” donde aseguran que “cualquier parecido con la realidad es una mera coincidencia”.

Como consecuencia de esto, la sociedad italiana ha registrado grandes cambios, secundando su habitual tendencia a la hipocresía e instaurando una nueva moral basada en el valor de la estética y en el uso instrumental del cuerpo femenino. Un machismo anacrónico que mortifica la dignidad femenina, que valora unos labios operados más que una carrera de sacrificios. No sorprende que las familias de las chicas involucradas en el escándalo empujasen a sus hijas a la cama del “dragón”, argumentando “como ha ayudado a las otras te ayudará a ti”, “este nos resuelve problemas a todos, a mamma, a ti y a mí”. El dinero como parámetro de éxito, en un sistema donde prima “la ley del mínimo esfuerzo” y la búsqueda de unas relaciones clientelares.

Un país donde se cuestiona constantemente la credibilidad de la Magistratura, se descalifica abiertamente a los jueces y se prefiere el ágora televisiva para defenderse. Se registran videos denunciando la persecución judicial y proclamando la propia inocencia, enarbolando como principal argumento probatorio y defensivo el de “tener novia”. Se difunde el miedo a ser atacados –Saviano la llama “máquina del fango”-, se elevan a paradigmas las “amenazas” berlusconianas de “todos tienen esqueletos en el armario”, “todos culpables, todos inocentes”. La denigración del adversario, la humillación del opositor por parte de la prensa “oficialista” se convierte en una peligrosa constante en un régimen basado en el control de los medios de comunicación. Un instrumento de control e intimidación.

Un país que vive una profunda crisis económica (en Davos, el reconocido economista Nouriel Roubini ha subrayado que el problema de Italia es que el Gobierno se preocupa de “orgias y prostitutas en lugar de reformas”) y convive con la tasa de desempleo juvenil más alta de Europa; que sufre por Nápoles y Palermo cíclicamente ahogadas por la basura y por ver a uno de los mayores patrimonios artísticos del mundo sin tutela ni fondos para su conservación; que parece incapaz de extirpar la plaga de las organizaciones criminales y que, en el año de su 150 aniversario, la distancia entre Norte y Sur del país se ve agrandada. No se trata de espíritu anti-italiano, ni de “acusaciones ridículas que dañen a Italia”: desde fuera, la realidad italiana se ve en toda su complejidad, su anomalía, con mayor lucidez crítica. Sería imposible si no entender el por qué, frente a tantos escándalos, Berlusconi sigue invocando continuamente la legitimación popular –las encuestas siguen siéndole favorables- e intenta convertir una situación altamente desfavorable en una ocasión de revancha y autentificación. Sus mensajes tienen la finalidad de difundir confianza y exigir lealtad a quien en el pasado ayudó. Y, deformando el principio de la soberanía popular, Berlusconi, en cuanto elegido, anhela a gozar de una impunidad que le permita cualquier “infortunio”, poniendo de manifiesto el peligro de la identificación de la vox populi con la vox Dei. Quizás tenga razón un óptimo corresponsal en Roma cuando afirma que “a lo mejor se muere en la cama, como Franco, pero no exactamente como Franco”.

Ps. El 13 de agosto de 2010, uno de los “proxenetas” advertía a una chica sobre la villa de Berlusconi en Cerdeña: “te parecerá que estás en la casa de Michael Jackson”. ¿Esto lo dijo por la posible presencia de objetos extraños, de una decoración extravagante o quizá de niños? Siento ser tan políticamente incorrecto y mostrar poco respeto hacia los muertos…

Andrea Donofrio

Politólogo

Andrea Donofrio es politólogo, experto en Relaciones Internacionales e investigador del Instituto Ortega y Gasset

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