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De democracias y totalitarismos invertidos (II)

miércoles 02 de febrero de 2011, 13:33h
Decíamos la semana pasada que el concepto de totalitarismo invertido había sido propuesto por Wolin en clave “tentativa e hipotética” pero con referencia principalmente a la gestión de George W. Bush y a las políticas de seguridad implementadas en los Estados Unidos tras el fatídico 11 de septiembre. En lo que sigue pasaré por alto esta referencia (la cual, desde un enfoque “participacionista” como el de Wolin, alcanza en rigor a varios aspectos del sistema político norteamericano) para detenerme tan sólo en uno de los elementos constitutivos de su formulación que afecta, me parece, a no pocas democracias hoy degradadas por el afán de control, la manipulación electoral, el avance del Ejecutivo por sobre los otros poderes del Estado, la intolerancia hacia la oposición y la despolitización de los ciudadanos.

Como es sabido (y Wolin acierta en recordarlo), siempre ha sido parte del credo totalitario la afirmación de que la política se reduce a una cuestión de “voluntad” o “determinación” en el uso del poder con el objeto de reconstruir la realidad (una receta segura, acota nuestro autor, para perder contacto con ella). Sin embargo, en la versión “invertida” del totalitarismo esta afirmación va de la mano con la defensa de los valores democráticos, del imperio de la ley y de las instituciones de la Constitución que, al cabo, hacen las veces de “mistificaciones” que permiten al gobernante de turno “crearse un linaje ficticio que lo legitime”, lo que me lleva a pensar que al menos este aspecto de lo que Wolin considera la construcción principal de su libro resulta aplicable a varios países (así en Latinoamérica, por ejemplo) donde, aun con distintos grados de materialización, la combinación aparentemente excluyente entre el ejercicio efectivo del poder y un imaginario antitético que lo justifica se revela claramente a la vista.

He ahí, acaso, una de las razones por las cuales deberíamos preguntarnos, como nos insta a hacerlo Wolin, “qué pierde la democracia a manos del totalitarismo invertido y si estamos dispuestos a entregar nuestros derechos naturales a cambio de un plato de lentejas”.
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