Foto dedicada a Ángela Merkel
José Antonio Sentís
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directorgeneralelimparciales/15/15/27
miércoles 02 de febrero de 2011, 21:29h
La foto de Zapatero, sindicatos y empresarios en La Moncloa encierra dos noticias: una buena, y una mala.
La buena es que los agentes sociales han decidido dar un margen de confianza para que el Gobierno actúe con libertad frente a la catastrófica situación de nuestra economía.
La mala es que el Gobierno tiene que actuar ahora. Y, a tenor de la experiencia de estos dos años, es lo que más miedo da. Porque no hizo nada cuando debía, y ahora lo hace de forma compulsiva e impredecible.
Este Gobierno, en efecto, ha confundido siempre su ejercicio ejecutivo con el representativo, pues ha dedicado todos sus esfuerzos a la formulación de un escenario de diálogo, como si el pacto fuera la solución de los problemas, y no el marco que debe ser desarrollado con trabajo y gestión.
Para el Gobierno, lo fundamental ha sido siempre la foto, y lo siguiente, la elección de los protagonistas de ella. Porque la ha utilizado como parte de una escenificación con objetivo político y electoral. Por eso ahora no ha querido una foto con la oposición política, ni siquiera con sus aliados parlamentarios (aunque a todos les reclame ayuda), y ha preferido el posado con los agentes sociales, que son quienes le pueden otorgar mayor rédito electoral ante la clamorosa fuga del voto de izquierda del PSOE.
Porque si hubiera querido una foto del estilo de la de los Pactos de La Moncloa, hubiera bastado negociar con el PP y los demás partidos, no imponerles unas reformas que, tengan mejor o peor sentido, sean más o menos necesarias, parten de la voluntad unilateral del Gobierno. Luego Zapatero ha querido una foto, sí, pero sólo la que ha diseñado su gabinete de imagen para la mayor honra y gloria posible del decaído líder socialista.
Y si le sirviera para algo a él, pero también sirviera para el conjunto de los españoles, pues bien estaría. El problema es que una vez que Zapatero sale del foco de la cámara tiene que empezar a trabajar, y eso es lo que hasta ahora ha sido un desastre. Porque tiene un problema añadido a la incompetencia ya demostrada con los cinco millones de parados: la falta de sentido de la realidad, la falta de capacidad de predicción de los fenómenos y los prejuicios ideológicos que lastran su acción política. Y, además, la dependencia de las decisiones externas.
Zapatero y su Gobierno han querido ofrecer un presente a Ángela Merkel, de visita o examen en España, y han pensado que valdrían algunas cuentas de colores. Pero si hubiera sido serio, y no frívolo, en lugar de colocar en el escenario a sus subvencionados amigos sindicales, hubiera convocado en un gran acuerdo nacional a todos los partidos políticos. Lo que sucede es que, entonces, hubiera tenido que aceptar algunas sugerencias de otros, y hubiera tenido que compartir presuntos éxitos posteriores. Hubiera sido fiscalizado en sus actos parlamentarios y el pacto le hubiera obligado formalmente. Y de esa atadura, Zapatero ha huido como de la peste.
Si ahora Zapatero no hace nada de lo que vagamente ha comprometido (que España vaya mejor en todo, sin concretar demasiado en qué) sólo le podrían pedir cuentas los sindicatos firmantes, pero tampoco ellos pueden hacerlo, porque bastante se han traicionado a sí mismos y bastantes explicaciones tienen que dar a los suyos como para fiscalizar al Gobierno.
Zapatero tiene por tanto un pacto que se dibuja de forma cada vez más evidente como otro nuevo periodo de prórroga de sus minutos de la basura, de su agonía política. Sólo ha ganado tiempo, porque la gente empezará a pedirle cuenta de los resultados de esta firma en pocos meses. Y si no hay resultados tangibles, el pacto volverá como un boomerang a la cara de Zapatero, por mucho que consiga un respaldo parlamentario con la boca pequeña.
Ha sido una foto, sí. Pero recuerda aquellos antiguos daguerrotipos del Oeste americano, en los que el fotógrafo lograba excelentes y muy quietos posados de personajes de pie en sus ataúdes después de un gran duelo.
Y lo peor es que los sindicatos abajofirmates de este gran pacto todavía no tienen idea de lo que va a pasar después de su rúbrica. Entre otras cosas, porque tampoco Zapatero sabe lo que va a hacer, hasta que se lo diga Ángela Merkel. Y me apuesto lo que quieran a que será bastante más duro de lo que consta por escrito.
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Director general de EL IMPARCIAL.
JOSÉ A. SENTÍS es director Adjunto de EL IMPARCIAL
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