Merkel nos tiende la mano, pero con condiciones
viernes 04 de febrero de 2011, 01:22h
La visita fugaz ayer de la canciller alemana, Angela Merkel, junto con seis de sus ministros, llegó un día después de la firma del pacto social entre Gobierno, sindicatos y patronal. Si bien en público la dirigente alemana ha felicitado a Zapatero por las reformas puestas en marcha, a nadie se le escapa que las considera insuficientes. No es ningún secreto que la visita de Merkel ha sido una chequeo de la validez de los planes del Gobierno para salir de la crisis y un acicate para que España siga haciendo esfuerzos para ponerse al nivel del resto de los países europeos.
Son muchas las razones por las que a Alemania le interesa una España fuerte. Además de por el mero hecho de que un posible rescate de España sería un duro golpe para la UE, las relaciones comerciales entre nuestro país y Alemania son muy importantes para ambos países. El país germano es el segundo socio comercial de España en volumen total y el primer proveedor, con el 14,4%, del total de las importaciones españolas. También el segundo destino de las ventas españolas con un 11%. Además, la banca alemana concentra el 55% de la deuda pública de nuestro país es la segunda más expuesta a España. Por todo ello, es lógico que Merkel esté muy interesada en seguir de cerca la evolución española e incluso haya ofrecido a los jóvenes españoles cualificados.
Sentir tan de cerca un tutelaje externo nunca es agradable. Pero lo cierto es que cuando decides entrar en un club y de tu suerte depende la de otros, has de ajustarse a sus normas. Alemania está dispuesta a tirar de España pero es lógico que imponga sus condiciones. Por eso, el Ejecutivo de Zapatero no debería dejar caer en saco roto consejos-advertencias de Merkel. Para empezar, algo tan de sentido común como el no gastar más de lo que se ingresa, o desvincular la subida de los salarios de la inflación pero conectarla a la productividad, buscar la armonía fiscal o reducir aún más el gasto social, aunque sea a costa de imponer límites a las autonomías –algo que ya se ha hecho con los länder-. Aunque la actitud alemana tenga cierto tufillo a lo “Bienvenido Mister Marshall”, no hay que olvidar que mientras nosotros seguimos cayendo en picado, ellos han crecido un 3,6% en 2010.