Los dedos perdidos de la estatua de Nuestra Señora de los Dolores de Nagasaki
lunes 14 de febrero de 2011, 12:30h
La antigua iglesia de Urakami de Nagasaki, ciudad de mucha tradición católica desde la época de la llegada de San Francisco Javier en el siglo XVI, estaba situada a unos 500 metros del centro de explosión de la bomba atómica lanzada sobre la ciudad el 9 de agosto de 1945. La parroquia de Urakami contaba en aquel entonces con unos 12 mil fieles y era la que ostentaba el mayor número de parroquianos dentro del mundo católico de todo el territorio japonés.
Hacia las once de la mañana de aquel día 9 de agosto, hora en que estalló la bomba, estaban congregados en la iglesia unos treinta fieles para recibir el sacramento de la confesión por la proximidad de la fiesta de la Asunción. Murieron todos en el acto, algunos quemados por los rayos radiactivos de altísima temperatura y otros aplastados por las vigas y la techumbre del edificio que les caían encima. Y además, de los 12 mil fieles que vivían en la parroquia murieron unas 8.500 personas y el edificio se quedó casi en ruinas. La iglesia fue reconstruida en 1958 en el mismo lugar y unos años más tarde se le confirió la categoría de la sede de la diócesis de Nagasaki con el nombre de ‘Nueva Catedral de Urakami’. Y se ha convertido de esta manera en uno de los centros turísticos más visitados de la ciudad.
Actualmente podemos observar que están instaladas en la nueva Catedral de Urakami algunas estatuas de piedra de los santos que pudieron conservar su forma original. Están colocadas, por ejemplo, a los dos lados de la puerta principal de la Catedral la estatua de ‘Nuestra Señora de los Dolores’ y la de ‘San Juan el Apóstol’ conjuntamente, aunque muy dañadas por la bomba. De hecho se puede observar que a la primera le faltan los dedos de ambas manos y a la segunda la nariz.
Hasta hace poco se creía que esos desperfectos se habían debido al efecto de la bomba y también la mayoría de los guías solían explicar a los visitantes que los trozos que faltan a las dos estatuas se habían perdido por el fuerte impacto de la ráfaga de viento producida por la bomba. Por otra parte, muchos de los libros que tratan de la tragedia de Nagasaki también han venido atribuyendo dichos desperfectos a la misma causa confiriendo al asunto cierto aire de dramatismo.
Pero ante ese ‘mito’ creado acerca de las dos estatuas en cuestión, hace unos años el Sr. Takeshi Yamakawa de 74 años de edad, víctima que había sobrevivido a la bomba y que ahora trabaja de guía de los monumentos conmemorativos del bombardeo de Nagasaki, descubrió que en las fotos sacadas unos meses después del lanzamiento de la bomba atómica en 1945 aparecían las dos estatuas con los dedos y la nariz perfectamente puestas, lo que testifica clarísimamente que los desperfectos no se habían producido por la bomba en el momento de su explosión como se había creído hasta entonces.
Es decir, resulta que carecían totalmente de fundamento esa creencia difundida y el ‘mito’ de catalogar a las dos estatuas sin los dedos y la nariz como ‘tristes víctimas de la bomba’. “Los desperfectos deben de haber sido producidos por el descuido en el traslado de las dos estatuas en la época en que todavía no se aplicaban esos métodos modernos para no dañar las obras de arte.” comenta el Sr. Yamakawa.
Entonces, ¿por qué se ha originado este malentendido? Sencillamente –creo yo- por habernos faltado esa postura pragmática de confirmar los hechos en que está basada la información ofrecida y por habernos aceptado inocentemente ese popular gusto que siempre busca dramatismo emocional al asunto. Está claro que tenemos que darnos cuenta de que esa inclinación al dramatismo fácil suele desfigurar los hechos y llega a crear un ‘mito’ sin fundamento.
Que sirva esto de buena lección para que podamos analizar con objetividad y poner en tela de juicio cualquier ‘mito’, sea de carácter político, cultural, social o económico, creado por un populismo emocional.
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Catedrático de la Dokkyo University
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