www.elimparcial.es
ic_facebookic_twitteric_google

La difícil apuesta de las FARC

martes 15 de febrero de 2011, 13:25h
La liberación de dos civiles y tres militares secuestrados por parte de las FARC, ha entrado en un camino difícil. No sólo porque esa organización guerrillera ha cometido un gravísimo error político, al entregar deliberadamente mal las coordenadas del lugar en donde la Comisión de la Cruz Roja debía recoger a dos de los secuestrados, sino porque con esa decisión ha cerrado la puerta a cualquier posibilidad de diálogo para la paz que se había abierto espacio en Colombia con la decisión de las FARC de liberar unilateralmente 5 secuestrados en su poder.

El asunto reviste toda la importancia política. En primer lugar, porque se trataba de las primeras liberaciones de secuestrados que se producía durante el nuevo gobierno de Juan Manuel Santos. Y de la manera como se tramitaran esas liberaciones y como reaccionaran la dirigencia política y la sociedad frente a los requerimientos que las FARC plantearían a través de los liberados, dependía el futuro proceso de paz en el país;
En segundo lugar, porque las liberaciones le permitían a ciertos actores con relevancia en esas operaciones (y en los que las FARC tienen toda su confianza), retomar un lugar visible frente al Estado y la sociedad como actores claves para una futura negociación de paz; y tercero, porque los anuncios sobre la posibilidad de que luego de las liberaciones de los 5 secuestrados, seguirían las entregas de los demás civiles y militares en poder de las FARC, habían creado un escenario de confianza lo suficientemente fuerte como para abrirle a las FARC un amplio margen de maniobra tanto para plantearse la posibilidad de iniciar un proceso de paz con el gobierno, como de avanzar en su propósito de quitarse de encima la calificación de terrorista que le han dado algunos gobiernos del mundo a esa organización guerrillera.

Sin embargo, pese al buen ambiente creado con el anuncio de las liberaciones, las FARC se han ido equivocando en el trámite del proceso. En principio, porque en el mismo día que se produce la liberación de los dos primeros secuestrados, se produce el secuestro (atribuido a las FARC) de dos empleados de una multinacional en el sur occidente del país. Ese hecho estuvo a punto de forzar la suspensión de las liberaciones, pues el gobierno ante la evidencia de la intención de mantener el secuestro como moneda de cambio, consideró que no había condiciones para seguir permitiendo las liberaciones. Si no es por las razones humanitarias que asistieron al Presidente Santos, de no frustrar las ilusiones de las familias de los cinco secuestrados de volverlos a tener en casa, el proceso se habría suspendido con gravísimas consecuencias para la situación de los secuestrados en poder de las FARC.

Pero, como si el error anterior no fuera suficiente, las FARC vuelven a equivocarse en materia grave, como ya se dijo, al entregar las coordenadas erróneas sobre el lugar en que se encontrarían el Mayor del ejército Guillermo Solórzano y el Cabo de la policía Salín Sanmiguel, para ser recogidos por la Comisión Internacional de la Cruz Roja conformada para el efecto. Inicialmente las FARC habían anunciado que los secuestrados serían entregados en el departamento del Tolima, a unos 500 kms al sur occidente de Bogotá, cuando en realidad estaban a un poco más del doble de esa distancia en el departamento del Cauca al sur de Colombia. De manera sorpresiva, el día anterior a la fecha de la entrega, liberan al policía Carlos Ocampo, con quien envían el mensaje de que la guerrilla de las FARC necesitaba 18 horas más para proceder con las liberaciones del Solórzano y Sanmiguel.

La decisión fue considerada como un intento de la guerrilla por ganar más tiempo, ya que una de las condiciones pactadas para la entrega de los secuestrados era la suspensión de las actividades militares mientras duraran las liberaciones. El hecho de que las fuerzas armadas colombianas tuvieran cercado al jefe guerrillero, Alfonso Cano, precisamente en la zona en la que fue liberado el policía Ocampo (el Cañón de las Hermosas en el Departamento del Tolima) fue interpretado como un recurso para tratar de mover al líder guerrillero para sacarlo del cerco al que lo tenían sometido los militares colombianos.

Aún cuando el gobierno colombiano por razones humanitarias quiso mantener su posición de seguir con las liberaciones, ha tenido que declarar la suspensión del proceso, pues con la decisión de las FARC, el gobierno perdió margen de maniobra. El saldo político que queda para el gobierno y para las FARC no es el más favorable. Para el gobierno, queda la sensación de haber permitido una especie de nuevo despegue militar que la guerrilla utilizó inadecuadamente. Para las FARC queda la imagen de una organización dispuesta a seguir utilizando el secuestro de civiles como recurso para alterar la relación militar con las fuerzas oficiales. En ese mal balance es la organización guerrillera la que lleva la peor parte. Usar en provecho militar las acciones humanitarias de liberación de secuestrado, le traerá más problemas que ventajas. El balón ha quedado en el terreno de las guerrillas. Ojala que lo sepan aprovechar corrigiendo a tiempo las malas decisiones.

Pedro Medellín

Doctor en Ciencias Políticas

PEDRO MEDELLÍN es doctor en Ciencias Políticas de la Universidad de París

¿Te ha parecido interesante esta noticia?    Si (0)    No(0)

+

0 comentarios