Sucintamente, si tuviese que exponer qué dice el documento, ¿Qué palabras utilizaría?
Hay varios mensajes. La crisis es muy grave, pero con determinación y sacrificio se puede salir de ella. Y cuanto antes lo hagamos, mejor. Y, de alguna manera, ello quiere decir que, en parte, depende de nosotros. Segundo, el documento es un canto a la necesidad imperiosa de concordia.
Se titula “un mensaje optimista”. Más que optimista es esperanzador. Uno de los males tradicionales de España es el pesimismo, que siempre nos ha acompañado, y que estábamos empezando a olvidar. Pensábamos que podíamos hacer cualquier cosa. Y, de hecho, las hacíamos. Desde tener multinacionales a ganar campeonatos del mundo de fútbol. Y, sin embargo, ahora con la crisis parece que vuelve la desmoralización y el pesimismo, y contra eso es contra lo que pretende luchar el documento.
Sin necesidad de caer en ese pesimismo, ¿Diría usted que España vive una situación grave no sólo en un aspecto económico, sino mucho más amplio?Yo creo que los catastrofismos son malos siempre. Preferiría decir que estamos en una crisis seria. Y si tenemos prácticamente cinco millones de parados, entonces la situación es muy grave. Pero sobre todo quiero decir que hay salida.
Por eso decía que sin caer en el pesimismo. Pero esta situación, ¿ha aparecido con la crisis económica o tiene raíces más profundas?En ese sentido, podemos hablar de varias crisis que se superponen. Desde el punto de vista estrictamente económico, hay una crisis financiera internacional que comienza en agosto de 2007 con las hipotecas subprime de Estados Unidos. Y esa crisis hace más daño a los países que están más endeudados, y España es un país que estaba, y sigue estando, extraordinariamente endeudado. Estar más endeudado no es ni bueno ni malo, pero si se desata una tormenta de viento, se encuentra en peor situación el que está en lo alto de una torre que quien está en el metro. Ello se junta con una segunda crisis económica. Nosotros teníamos un problema con una burbuja inmobiliaria, cuyos efectos negativos se superponen a la otra crisis.
Los dos fenómenos son coetáneos. Pero hay una tercera crisis económica, que es el agotamiento de nuestro modelo productivo. ¿Viene esto de ahora? No, el modelo productivo es antiguo. Ha dado resultados extraordinarios, pero es como a un niño que crece y sus pantalones ya no le valen. De esas tres crisis, ésta arranca de atrás.
Y luego hay una crisis institucional. Ésta no está gestada, pero sí se acentúa en los últimos años.
Si la situación española es grave y, en parte, como ha explicado, es anterior a la crisis económica, ¿dónde está, o dónde estaba la sociedad civil? Los intelectuales, las universidades, las asociaciones de empresarios, los colegios profesionales... ¿Dónde estaban si, hasta cierto punto, esto se veía venir?Sí, algunos lo habían previsto. Bien, esa es una pregunta de respuesta muy compleja. La sociedad civil ha sido tradicionalmenete débil en España. Hay un opúsculo de Víctor Pérez Díaz que se llama tradición cortesana, tradición ciudadana, en que se pone de manifiesto las dos clases de países que hay a ese respecto. Está la tradición ciudadana, cuyo paradigma es el Reino Unido, donde la sociedad civil es poderosa, los políticos son representantes de los contribuyentes, de quienes les pagan. Y, por el contrario, hay países de tradición cortesana, donde la actitud frente al poder es de sumisión, no de respeto o de igual a igual. Y la gente se arrima al poder para obtener favores y prebendas, en vez de exigir el cumplimiento de derechos. Es nuestro caso, y aquí la sociedad civil ha sido débil.
Por lo demás, desde la llegada de la democracia, los políticos, cuya existencia es imprescindible, han ido ocupando parcelas de poder que corresponden a la sociedad civil. Ha habido una invasión que no ha permitido florecer a la sociedad civil. A eso se refiere el documento cuando dice que el ciudadano tiene que recuperar el lugar central que le corresponde. En puridad, en un sistema democrático, los políticos son los representantes del ciudadano. Y, por tanto, nunca debe anularlo.
Efectivamente, el informe relaciona este adocenamiento de la sociedad civil con la politización. Sin embargo, se echa de menos en el informe un camino para limitar el poder del Estado, su intromisiómn en la vida ciudadana. Es verdad. Es más un documento de diagnóstico. Y aunque se apuntan líneas de solución, no ofrece soluciones concretas. Eso pasa por varias razones. Primero, el documento hubiera sido demasiado extenso. ¿Cómo podemos mejorar el problema educativo? ¿Cómo podemos mejorar la competitividad? Y demás. Pero más allá de ello, este documento ha sido suscrito por personas de distinta clase y condición, y también de distintas sensibilidades políticas. Es un documento en que se recogen las opiniones de los grandes empresarios, también de los medianos y pequeños, y de un grupo de expertos. Y hay gente proclive al PP, otros al PSOE y otros a los nacionalistas de distintos lugares. No parecía fácil profundizar en las soluciones y mantener, al mismo tiempo, esa conjunción de distintos pareceres.
Usted ha dicho que los grandes empresarios han perdido el miedo. El miedo ¿a qué?Al poder. Es obligación de los empresarios velar por el mantenimiento de su empresa, y por tanto mantenerse al pairo del poder. El documento pretende ser respetuoso con todos. Pero no deja de ser un ejercicio en que los empresarios abordan cuestiones de interés general. Y podría pensarse que podrían tener represalias por parte del Gobierno. Pero España empieza a tener empresas multinacionales muy importantes, que se están viendo perjudicadas por la situación política. Mire, imagínese que uno de nuestros grandes bancos quiere hacer una operación de adquisición de otro banco del mundo. El dinero le cuesta más caro que a otro banco competidor solamente porque es español. Es decir, hoy la marca España cuesta dinero.
Yo creo que lo que ocurre es que los españoles están dejando atrás su tendencia cortesana. También es verdad que “a la fuerza ahorcan”, pero está empezando a desarrollarse la sociedad civil. Y la prueba es que el informe Transforma España es sólo una de las múltiples iniciativas que están proliferando en España. Se crean asociaciones, fundaciones... tiene que empezar a haber un clamor por mejorar las cosas. Hay un cierto sentido de cortijo desde el que se dice “esto es una crítica a la democracia”. De eso nada, es un intento de que la democracia perdure, y para eso tiene que ir ajustándose a la situación real del momento. Y de eso se trata.
Es cierto que el lenguaje de las propuestas del informe es breve e inconcreto. Este informe ¿va a tener una segunda parte, o sucesivas partes más encaminadas a hacer propuestas?Estamos considerándolo. Desde luego, la iniciativa va a continuar. Lo que no sabemos todavía porque quiero hablar con todos ellos es en qué sentido concreto va a seguir. Son incontables las muestras de adhesión, de apoyo, de colaboración que se han recibido. Y sería una pena dejarlas morir. Es una ocasión para aprovechar el tirón y continuar. Es seguro que haremos difusión del documento. De hecho, lo estamos haciendo. Iremos a ciudades, nos pondremos en contacto con organizaciones que puedan ayudar. Uno de los aspectos importantes es que la fundación Everis no tiene afán de protagonismo. Nos alegramos mucho de que haya tenido tanta repercusión. Ahora se trata de que, cada vez más, seamos Fuenteovejuna. No tenemos ningún afán de protagonismo. De modo que, si se quieren unir otras entidades cívicas, estamos encantados.
¿Qué papel, si es que ha habido alguno, ha tenido el Rey en la iniciativa de este informe?Absolutamente ninguno. Esta iniciativa surge en el seno de la fundación Everis por la confluencia de dos factores. Everis había hecho ya informes en algún país iberoamericano de este estilo, en el que preguntaba a la gente más principal de la economía. Y vinieron a consultarme si esto se podía hacer en España. Por otro lado, tanto los miembros de la fundación como yo mismo estábamos, como todo el mundo, preocupados por la crisis en España y su salida, y con el impulso de hacer algo para solventarla.
En España no podemos hacer un ejercicio de este tipo cobrando como un negocio. Yo no puedo llamar a estas cien personalidades de primera línea para hacer un negocio. Y por eso acordamos residenciar esta iniciativa en la fundación, y por tanto sin ánimo de lucro, allá por el mes de febrero. Desde el principio comenzamos a ver el interés de las contestaciones que nos daban. Y en torno al mes de mayo pensamos que sería bueno que el documento tuviese repercusión. Y con ese ánimo llamamos unas cuantas veces a la Casa Real para ver si nos podían recibir. Les explicamos en qué consistía el documento, por si nos podía recibir Su Majestad el Rey. Es así de sencillo. Luego se han hecho interpretaciones realmente asombrosas, pero la verdad es esa.
Luego se lo entregamos a los partidos políticos inmediatamente después de dárselo a Su Majestad. Y ese mismo día se convocó una rueda de prensa para el día siguiente, de modo que lo comunicamos al Rey, a los partidos políticos y a la sociedad civil por la vía de los medios de comunicación.
Dentro de las grandes cuestiones que debamos abordar para una gran reforma española, ¿es necesario replantearse el modelo autonómico?Vamos a ver, el documento no pide que haya que replantearse el modelo autonómico, y yo, personalmente, tampoco. Pero para todo hay que hacer sostenigle el modelo de Administraciones que tenemos. Sobre el contribuyente español pesa una administración local, una diputación, una autonómica, una estatal y una comunitaria. Son cinco administraciones, por lo que hay que perfilar muy bien las competencias de cada una, el coste total de todas y evitar lagunas y duplicidades. El documento de lo que habla es de mejorar el funcionamiento de las administraciones, no de replantearse el modelo autonómico de ningún modo. También aquí ha habido voces interesadas.
¿Cree que a partir de aquí, o al menos con la ayuda de este informe, se pueden recuperar los grandes debates, que van más allá del día a día de la política?Yo creo que hoy el debate está centrado en el cortísimo plazo. Y hay cuestiones extraordinariamente importantes que se hurtan al debate nacional.
¿Por qué?Vamos a ver, yo creo que hay dos razones complementarias. En primer lugar, el debate está monopolizado en los medios de comunicación por la clase política. Me gustaría ver un debate sobre energías renovables y energía nuclear con expertos, no con el señor del Partido Popular, del Partido Socialista y demás. Que deben estar ahí, claro, a una sociedad democrática le corresponde hablar y debatir. Eso lo echo claramente en falta. Yo recuerdo cuando estaba en el ministerio, que los corresponsales extranjeros estaban admirados de que había debate sobre la guerra de los Balcanes en todos los países, menos en España. ¿Qué está pasando en Afganistán? ¿Qué está pasando? Cuéntemelo. Y dígame las razones de porqué es bueno o no que estemos allí. En una democracia el pueblo debe estar al tanto de lo que pasa; al menos de las grandes cuestiones. No puede ser que todo sea “lo ha dicho el líder de turno y ya no se plantea debate”. ¿Es buena o no la energía nuclear? No se puede cerrar el debate porque el presidente del Gobierno haya dicho que no. Igual que se puede debatir porqué nuestros niños están sacando tan malas calificaciones cuando se contrastan con otros alumnos del mundo y qué podemos hacer para arreglarlo. No sólo Educación para la Ciudadanía sí o no. Que será una cuestión muy respetable, pero hay más cosas que merecen debatirse. Echo en falta que sean más amplios los temas de debate y las personas que debaten.