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Cita con la gran poesía

viernes 18 de febrero de 2011, 20:49h
Madrid, a 11 de enero de 1950

Queridísimo Luis:

Espero que te guste la invitación que te voy a “proponer” ( proposición deshonesta, por supuesto ). Es el caso que tengo dos invitaciones enviadas a mi casa por Vicente Aleixandre para que el día 22 de este mes pueda asistir a oír su discurso de ingreso en la Real Academia Española. Adelaida no estará en Madrid esos días, y he pensado que sería una magnífica oportunidad para que nos volviéramos a ver con este precioso pretexto que nos sale al encuentro. El ingreso de Aleixandre en la Academia viene a ser un grandísimo reconocimiento – el primero – a la Generación del 27 y a su poeta más esencial, que como Parménides y Platón ve bajo la apariencia de todas las cosas sensibles una sola sustancia, que, como poeta y cristiano que es, llama amor. Amor, Luis, amor. La poesía como metafísica del amor. Yo me atrevería a decir – es sólo una intuición – que la prosa que más se parece a los versos de Aleixandre es la de Azorín. El esencialismo metafísico del amor en el poeta es paralelo al ideísmo absoluto del prosista de Monóvar. Ambos artistas procuran atender a los conceptos puros y no a las cosas. El artista es un selector de notas esenciales de lo real y no un mecánico transcriptor de percepciones, tal como éstas aparecen en su primera realidad natural. Y el artista es el organizador de otra realidad, de otro mundo donde las cosas estarán en relaciones más significativas y expresivas. Podremos ver al viejo Azorín también allí, en la Real Academia. Ya sé que no es precisamente de tu devoción el viejo Azorín, por haber cambiado de chaqueta media docena de veces en su vida y por escribir discursos oportunistas hasta una degradación lacayuna. Pero qué quieres, amado mío, vivimos en la tierra de Indíbil y Mandonio; es decir, los españoles somos racial y esencialmente tránsfugas.

Antes de la Guerra, yo y otras muchas poetisas y poetas acudíamos a su casa de la calle Velintonia a enseñarle nuestros primeros poemas y versos, y él nos elogiaba siempre y nos animaba a seguir el camino de la poesía, y hasta nos escribía los prólogos de nuestras primeras obritas. Daba pie a estar bajo su amparo sin que te pareciera acercarte a él insolencia o atrevimiento. Ya te he contado lo que ayudó al pobre y desafortunado poeta Miguel Hernández, que por mucho le pondere ahora la crítica del exilio, en Méjico y Argentina principalmente – supongo que por puros intereses políticos muy alejados del arte de la poesía – nunca pasará de ser un poeta menor de la Generación del 27. Como ya sabes, Aleixandre es un encanto que vive como un ermitaño en su casa, alejado de toda la vida pública. Es una lástima que para ser hoy el mejor poeta de España no sea un buen rapsoda, y no es él precisamente quien mejor lee sus propios versos. Si tú los leyeses, mi querido Luis, si tú los leyeses, mi dulce anagnostes, la poesía de Vicente se nos revelaría en toda su sublimidad de maravillosas cadencias y grupos tonémicos. Recuerdo ahora haberte regalado cuando fui a Muelas del Pan Espadas como labios y Sombra del paraíso, y tú me dijiste que le conocías por La destrucción o el amor, y que te había encantado grandemente este libro. Pues bien, he conseguido ahora dos ejemplares de su último libro, Mundo a solas, con magníficas ilustraciones del pintor valdepeñero Gregorio Prieto, quizás el mayor pintor español de esta época. Tan grande como Chirico. Comprenderás que un ejemplar es para ti. Guárdalo bien, mi Luis, pues es uno de una edición de sólo doscientos ejemplares. En él te he puesto una dedicatoria que me ruborizaría ahora reproducirla. Ya la leerás cuando te entregue el libro. Espero que la sepas entender.

A partir de grandes poetas como Rubén Darío, Pedro Salinas, Jorge Guillén o Juan Ramón Jiménez, Vicente Aleixandre ha llegado a las más altas cimas de belleza y originalidad, latiendo su pensamiento en un panenteísmo que nos recuerda mucho a Leibniz y a nuestro Antonio Machado ( genios ambos masones, por cierto ). Y volvería a señalarte la influencia que le encuentro de Azorín sobre su concepto del arte: ideísmo, realidad muy esencializada, reducción de las cosas a sus notas esenciales, eliminación de lo superfluo. En todo caso, es sabido que a pesar de lo ermitaño que es el sevillano frecuenta la calle Zorrilla.

Te espero en Madrid la tarde del día 21. Cuando llegues, vete a la casa de Cande. Allí encontrarás un traje de mi padre, arreglado para tu talla, y una corbata, que es el atuendo que se exige al público asistente en la Academia. No se te olvide a ti traer un calzado bueno y bien embetunado. Yo llegaré allí a las diez de la noche, después de haber cenado con mis hijos. Pasaré contigo, amor mío, toda la noche, y toda la mañana hasta la hora de comer.

Doy por hecho que vendrás, que tú también quieres verme y que te gustará el acto académico, y que me sigues queriendo. Si te pusiera algún problema tu Jefe inmediato de Iberduero por pedir esos dos días de asueto, dímelo, y lo resolveremos con una sola llamada telefónica.

Te espera llena de anhelo y deseo, como siempre,

Madrina
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