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entrevista al Dr. Predrag Simic

"España tiene una hoja de servicios impoluta en los Balcanes"

lunes 21 de febrero de 2011, 13:29h
Nacido en Belgrado en 1954, el Dr. Predrag Simic es un punto de referencia en Serbia y en los Balcanes en los campos de política exterior serbia y relaciones internacionales. Su impresionante experiencia combina la política con el mundo universitario y la diplomacia. Es catedrático de estudios internacionales en la prestigiosa Universidad de Belgrado, y antes fue embajador de Serbia en Francia de 2004 a 2009, director de la Academia Diplomática serbia de 2001 a 2004, y director de 1988 a 1998 del instituto de relaciones internacionales y política exterior. Miembro de algunos de los más relevantes ‘think-tanks’ internacionales en el campo de la seguridad internacional y autor de numerosos libros sobre relaciones internacionales y política exterior serbia, el Dr. Simic ha jugado un papel importante a la hora de apoyar los esfuerzos para acercar Serbia a la UE y mejorar las relaciones con los Estados vecinos, asegurando al mismo tiempo el debido respeto a los intereses nacionales y las necesidades estratégicas de Serbia. El Dr. Simic es una figura de referencia para los analistas locales e internacionales que quieren tener un mejor entendimiento de la situación en la conflictiva región de los Balcanes, especialmente a la hora de tratar sobre el presente y el futuro de Serbia y sus pretensiones de ingreso en la UE, y sobre la relación entre Belgrado y las principales organizaciones internacionales. Predrag Simic es definitivamente una de las voces relevantes a las que prestar atención en la región de la antigua Yugoslavia a la hora de construir una nueva arquitectura de seguridad para los Balcanes, con el objetivo final de asegurar la paz y la estabilidad en una región que ha supuesto demasiados quebraderos de cabeza para Europa.
Serbia ha atravesado un período muy duro en las dos últimas décadas, tanto internamente como en las relaciones con el mundo exterior. ¿Ha completado el país su larga travesía hacia la democracia y la estabilidad?

Sí y no. Sí, en el sentido de que Serbia ha cerrado por fin el capítulo vinculado a las guerras de los años 90 y la descomposición de Yugoslavia. Hoy, el riesgo de una nueva guerra es bajo, aunque no es del todo descartable. Por desgracia, la transición en Serbia no va demasiado bien. El tiempo de la guerra concluyó con la muerte de figuras como el Presidente serbio Slobodan Milosevic, el Presidente croata Franjo Tudjman y el Presidente bosnio Alija Izetbegovic, y desde entonces hemos tenido ya una década en paz tras las turbulencias de los 90. En esos diez años desde que la transición empezó para todos en la antigua Yugoslavia (dejando al margen el caso esloveno), Serbia ha restablecido relaciones con todas las demás repúblicas ex-yugoslavas. Este proceso no fue fácil, ya que la descomposición final de Yugoslavia no se completó hasta 2006, cuando Serbia y Montenegro decidieron independizarse y acabar con la unión estatal que unía a ambas repúblicas. En febrero de 2008, Kosovo proclamó unilateralmente su independencia y Serbia se ha comprometido desde entonces a no reconocerla jamás.

Hoy podemos decir que el ciclo de guerras terminó, pero aun así los problemas esenciales de la región siguen sin respuesta. ¿Cuáles son las fronteras de Serbia hoy? ¿Qué pasa con Kosovo? ¿Cómo tratar los problemas étnicos en la región de Sandzak o en el valle de Presevo? ¿Cómo afectarán a Serbia las tensiones interétnicas en Bosnia? La evolución del tratado de Dayton ¿debilitará o fortalecerá a este país? Y la situación en Macedonia continua siendo frágil y fuente de preocupaciones.

En Serbia, claramente, la transición no se ha completado aunque el proceso de privatización esta casi concluido. Cuando la actual crisis económica golpeó los Balcanes occidentales, nuestros países estaban aun en mitad de su proceso de transición económica, en el cambio de una economía planificada a una economía de mercado. La crisis acortó estos procesos e incluso revertió la transición. Hace un par de años, el nivel de crecimiento económico de Serbia era del 6%, pero ahora apenas llega al 1,5%. El desempleo es hoy peor que en los tiempos de Milosevic. Muchas compañías han quebrado en Serbia, por lo que estamos en un proceso de desindustrialización. Las principales empresas de los tiempos de Yugoslavia ya fueron destruidas por las sanciones impuestas por la comunidad internacional durante la guerra, así que Serbia perdió entonces la mayor parte de su industria. Serbia era una potencia en el campo de la electrónica; hoy no queda nada de aquello. Teníamos una gran escuela de ingenieros electrónicos pero ya no hay mercado laboral para ellos, así que emigraron. Todas las compañías que producían maquinaria desaparecieron. Toda la oleada de desarrollo y crecimiento iniciada tras la Segunda Guerra Mundial se paró de repente. Serbia era tradicionalmente una potencia agrícola, pero ahora tenemos problemas incluso en ese sector: durante meses en 2010 no había leche en nuestras tiendas.

Nuestro problema no es exclusivamente el de la integridad territorial (amenazada por la declaración de independencia de Kosovo), sino también el de asegurar la viabilidad económica del país. En 2006, Serbia recibió 5 mil millones de dólares estadounidenses en inversión extranjera, pero desde 2008 dicha inversión se ha reducido a menos de mil millones de dólares por año. Puede que Serbia aun parezca estar en mejor situación que otros países de la región, puede incluso que mejor que miembros de la UE como Rumania y Bulgaria, pero el salario medio se ha reducido a 300 euros al mes, frente a los 375 euros de hace un par de años. Los precios son en general como en la UE pero los sueldos son cuatro veces más bajos. Los niveles actuales de paz social son solo explicables por el hecho de que el FMI hizo grandes préstamos a Serbia para mantener esa paz social, y por el shock provocado por la crisis: todos los que tienen un trabajo tienen miedo a perderlo, por muy precario que sea.

Otro problema importante es el del envejecimiento poblacional en Serbia. A día de hoy, hay un pensionista por cada persona en edad laboral, además de un millón de desempleados. Esto explica los crecientes niveles de pobreza. La estructura industrial del país ha cambiado y la mayoría del sector está en manos privadas. El problema es que el Estado ya tiene muy poco más para vender, tan solo “Telekom Serbia” y poco más.

Varios observadores internacionales opinan que los conflictos que enemistaron a los países de los Balcanes entre sí no tienen solución. ¿Qué opina usted y cómo afecta esto a Serbia?

Sobre el pasado y el presente de los conflictos, la situación en la región es mejor de lo que pueda parecer en Occidente. Aun así, debemos aceptar que por ejemplo la inestabilidad en Bosnia es crónica, aunque es también importante recordar que nadie ha muerto en enfrentamientos violentos en Bosnia desde la firma de los acuerdos de Dayton en 1995. Hoy, Serbia y Croacia no permitirían que Bosnia se desintegrase, ya que ambos quieren proteger sus propios intereses en relación con la UE. Zagreb quiere entrar en la Unión Europea, por lo que no dañará el equilibrio de fuerzas en Bosnia, que se quedará para siempre como está. Las buenas noticias derivan del hecho de que Croacia y Serbia han iniciado en 2010 un nuevo periodo de relaciones como aliados regionales. Los dos Presidentes (Ivo Josipovic en Croacia y Boris Tadic en Serbia) han pasado página y han convertido su relación en un símbolo de cooperación regional. Ahora Serbia está abierta a las inversiones de empresas croatas y eslovenas. Los temas más espinosos de nuestro pasado común (como las matanzas en Vukovar o en Srebrenica) se gestionan ahora de un modo mejor. El Presidente serbio Boris Tadic pidió perdón en Croacia y en Bosnia, ayudando así a suavizar la situación. Los serbios pueden ahora viajar sin problemas a las repúblicas vecinas (incluso de vacaciones), hay más conferencias conjuntas, programas de intercambio universitario, etc. Esto es lo que muestra una mejora sustancial. Serbia es un gran mercado para los productos croatas, y las relaciones políticas y económicas están casi plenamente restablecidas. Parece que la relación Zagreb-Belgrado va en la buena dirección, aunque siempre haya extremistas en ambas repúblicas que son críticos con estos avances. Pero en este sentido, estas nuevas relaciones ya han contribuido a mejorar la región. Por ejemplo, Bosnia (tradicionalmente atrapada entre las tensiones de Croacia y Serbia) ya no es una victima colateral, sino un beneficiario de la mejora en las relaciones entre Zagreb y Belgrado. Sarajevo también se beneficia de la cooperación energética entre Serbia y Croacia.

En general, hay quien cree que esta nueva ola de cooperación regional en los Balcanes ha sido solo posible gracias a la UE y a la vocación de las repúblicas en la antigua Yugoslavia de ingresar en el club de los 27. El sentimiento anti-serbio en Zagreb ha descendido a medida que crecían las expectativas de integración en la UE. Ahora, Croacia está muy cerca de convertirse en miembro de la Unión Europea. Belgrado, por su parte, firmó en mayo de 2008 el acuerdo de estabilización y asociación con Bruselas (que fue inmediatamente bloqueado), presentó su candidatura a la UE en diciembre de 2009 y un año más tarde accedió al régimen de liberalización de visados del espacio Schengen. Personalmente, creo que el proceso de acercamiento a la UE será positivo para Serbia a la hora de impulsar las reformas necesarias, ya que la Bruselas es un importante imán que atrae a todos los países de la región en la dirección correcta. No es que croatas y serbios se hayan arrepentido repentinamente de todos sus pecados y se hayan enamorado entre sí: ambos han vuelto a cooperar porque la UE se lo exige, y porque la crisis económica no les deja otra alternativa.

Por desgracia, el tema que no va en la dirección correcta es el de Kosovo. En 2010, Serbia y la UE presentaron en la ONU una resolución conjunta pidiendo el inicio del diálogo con Kosovo, pero la actual situación de deterioro político en Pristina y las serias denuncias del informe Marty del Consejo de Europa (que acusa a los líderes albano-kosovares de vinculación con el tráfico de órganos en la región) están afectando seriamente a las posibilidades de diálogo. Las elecciones de finales de 2010 en Kosovo estuvieron además dañadas por serias denuncias de fraude, y cada vez parece más claro que nunca habrá un diálogo fructífero si no surge en Kosovo una nueva generación de líderes sin vínculos con actividades criminales. La situación en Kosovo es muy inestable. Sin recursos propios a explotar, Kosovo hoy es como Túnez bajo Ben Alí o Egipto bajo Mubarak: un montón de gente joven sin perspectivas de futuro, a punto de estallar. Por otro lado, Serbia tiene una población cada vez más envejecida y antes o después tendremos que abrir nuestras puertas a trabajadores jóvenes llegados de Kosovo. Claro que antes Serbia debe dar empleo a sus propios parados. En la antigua Yugoslavia, los jóvenes albaneses de Kosovo trabajaban por todo el país, en todas las repúblicas que formaban la federación: Serbia, Croacia, Bosnia, Macedonia, Eslovenia y Montenegro. Hoy, Kosovo se ha convertido en un problema de la UE, ya no es un problema exclusivamente serbio. La mision de jueces y policías de la UE en Kosovo (EULEX) ha quedado en evidencia tras las revelaciones del informe Marty del Consejo de Europa. Bruselas se ha metido en un callejón sin salida y no puede dejar que su “niño problemático” (que no es otro que Kosovo) sea un fracaso. La UE se hizo cargo del principal problema de la región y lo convirtió en un problema europeo. Kosovo será por largo tiempo otro problema regional europeo, como otras regiones pobres. En última instancia, fue por ello por lo que Eslovenia abandonó Yugoslavia: no querían seguir pagando por las regiones pobres de la federación. Yugoslavia se quedó sin dinero para seguir costeando los subsidios de los territorios más pobres, como la región autónoma de Kosovo o la república de Macedonia, y el sistema de solidaridad federal se colapsó. Ahora el problema de Kosovo pertenece a la UE y a sus líderes.

Históricamente, Belgrado siempre ha sido una de las principales capitales en el Sureste de Europa. Sin embargo, los últimos veinte años han sido de aislamiento, y muchos aun ven a Serbia como un Estado paria en Europa. ¿Cómo se ven los serbios a sí mismos?

Los serbios se convirtieron en parias europeos en la década de los 90. Nosotros siempre hemos estado entre dos mundos: Belgrado era el punto más oriental de Occidente y el más occidental de Oriente. En el mundo surgido tras el fin de la Guerra Fría, los serbios se convirtieron, en los ojos de Occidente, en los malos de la película con los que comparar a otros actores regionales en los 90.

Hoy, el tenista Jokovic y sus compañeros ayudan a mejorar nuestra imagen de cara al mundo casi incluso más de lo que hacen nuestros gobernantes. Pero aun estamos a medio camino, siempre en la frontera. Rumania y Bulgaria son ya miembros de la UE, y Turquía es ahora de nuevo la gran potencia regional. Serbia se haya en la frontera que separa a la UE y a Turquía, y no es sano mentalmente estar siempre entre dos grandes potencias, ya que la frontera es siempre el origen de todas las tragedias en nuestra región. Los Balcanes son “el limes”, como decían los romanos. Belgrado es una ciudad europea, pero también una muy oriental.

En el siglo XX, Belgrado ha sido la capital europea más veces bombardeada (1914, 1915, 1941, 1944 y 1999), y los historiadores dicen que a lo largo de la historia Belgrado fue destruida por completo unas 40 veces. Hasta hubo propuestas de levantar en Belgrado un museo en memoria de las víctimas civiles de todos los tiempos, ya que la ciudad ha sido atacada y destruida tantas veces.

Belgrado, del término latino “bellum” (guerra), es una fortaleza fronteriza, y los serbios se enorgullecen de sentirse los defensores de la civilización occidental: una civilización que en realidad nunca los aceptó en su seno. Los serbios son además víctimas de su propia paranoia mental: siempre nos vemos como víctimas, nunca como agresores. Nos encantan las teorías conspirativas, mostrándonos siempre como el cordero sacrificado, vinculándonos así con la iconografía cristiana. No hay que olvidar tampoco que los serbios vivieron durante largos siglos en un imperio (el otomano) que les fue impuesto; tal vez por ello siempre hemos tenido aversión a respetar la autoridad vigente y siempre hemos rechazado la disciplina.

Hay un viejo dicho en Belgrado que dice que “un serbio es ingenioso, diez serbios son buenos, y cien serbios son mediocres”. Esto es señal de nuestra mentalidad individualista, que nos hace las cosas tan difíciles a la hora de funcionar como país. Por ejemplo, en el caso de los eslovenos el dicho es el mismo pero al revés: “un esloveno es mediocre, diez eslovenos son buenos, y cien eslovenos son ingeniosos”. Y lo cierto es que estos dichos locales encierran mucha verdad en sí mismos.

El actual gobierno serbio está formado por una compleja coalición de siete partidos que muchos creen no sobrevivirá a las próximas elecciones. Con el Partido Progresista Serbio (surgido en 2008 de las filas del Partido Radical) adquiriendo cada vez más relevancia política y mediática, ¿está Serbia en peligro de involución?

Debemos diferenciar claramente entre dos bloques de políticos si queremos entender la realidad política en la Serbia de 2011. Hay un bloque en el que se incluyen las figuras de Slobodan Milosevic y el líder del Partido Radical Vojislav Seselj; y hay un segundo bloque al que pertenecen los sucesores tanto de Milosevic como de Seselj. El sucesor de Milosevic al frente del Partido Socialista es el actual Ministro del Interior, Ivica Dacic. El sucesor de Vojislav Seselj es el actual líder y fundador del Partido Progresista Serbio, Tomislav Nikolic, que muchos creen será quien ocupe la jefatura del gobierno tras las próximas elecciones. Ambos, Dacic y Nikolic, son a día de hoy defensores de las políticas de reformas exigidas por Europa, en clara superación de los postulados de sus predecesores.

A la hora de hablar sobre el supuesto peligro de involución que pudiera suponer Tomislav Nikolic, antes en las filas del Partido Radical, yo creo que es más que probable que él quiera ser un aliado de Occidente. Debemos entender que a día de hoy la sociedad serbia está muy cansada del actual gobierno, que es incapaz de lidiar con la crisis económica. La gente demanda un nuevo gobierno, y el partido de Nikolic tiene muchas probabilidades de ser el más votado. Aun así, en este partido quedan aun algunas caras de la era Milosevic que la gente detesta, siendo un factor que no hace más que añadir a la actual depresión política que afecta al país. Hay que entender que si los serbios dan la espalda en las próximas elecciones a las fuerzas pro-UE, ello no significa que estén dándole la espalda a la UE, sino a esos políticos concretos. El actual gobierno se ha vendido al público como el defensor de las políticas pro-UE, lo que hace que la gente (ante la crisis económica y política) se muestre cansada de sus políticas. En el año 2000 (cuando una revuelta popular derrocó a Slobodan Milosevic) el grito en la calle era: “Adiós Milosevic, bienvenida UE”. En 2011, es “¿Qué pasó con lo de la UE?” La gente siente que hemos hecho lo que Bruselas exigía del país, pero aun así no se ve la recompensa por ningún lado, solo más desempleo y la sensación general de que la UE abandonó a Serbia en 2008.

Incluso si Occidente no hubiese intervenido en las guerras yugoslavas de los 90, éstas habrían acabado de un modo u otro. La diferencia es que el ganador habría tenido que hacerse cargo de la situación, teniendo que crear un nuevo sistema de funcionamiento para la región, una nueva realidad bajo su responsabilidad propia. Sin embargo, Occidente intervino en las guerras balcánicas de los 90 para imponer una solución que no arreglaba nada, y luego las capitales occidentales se olvidaron de sus responsabilidades con la nueva realidad surgida tras el conflicto. Ahora, nuestra región está dividida en pequeños Estados que son inviables a largo plazo, con los mismos problemas sin solución de siempre, e incluso somos víctimas de una crisis económica occidental, de la que no somos responsables, y que nos golpeó precisamente cuando empezábamos a levantar cabeza y a reconstruir nuestras economías tras tantos años de sufrimiento y penurias. La manera en la que Occidente ha dado por cerrada la crisis de Kosovo nos sitúa en dirección al desastre: condenados para siempre a girar en una espiral de crisis sin fin.

Antes, en Yugoslavia, nos sentíamos en cierto modo aislados de Occidente, pero Yugoslavia era un pais fuerte con una larga línea costera y múltiples riquezas de mercado. Hoy, estamos en Europa, pero nos sentimos políticamente ignorados por Bruselas. Es una pena que la UE permitiese la destrucción de Yugoslavia. Bruselas llega siempre tarde a todo. Es como un amigo que está a tu lado cuando todo va bien, pero que desaparece cuando hay problemas. Un amigo que en 2011 no tiene mucho que ofrecer. La UE es una organización desestabilizada por sus propios problemas internos.

Volviendo a la figura de Tomislav Nikolic, la opinión pública serbia no confía plenamente en él, pero la gente está exhausta, confundida, necesitada de un líder que pueda llevar al país a una vida mejor, a un futuro mejor para sus hijos, que tenga un plan para combatir el paro, con respuestas para sus problemas diarios. Europa suena muchas veces como una palabra dorada pero vacía, que no llena los bolsillos de la gente corriente.

Serbia ingresó en el programa de la OTAN denominado Asociación para la Paz en diciembre de 2006 y tropas serbias trabajan en la actualidad en varias misiones de la ONU. ¿Está Serbia preparada para ingresar en la OTAN y desarrollar un papel militar más activo internacionalmente?

Esta cuestión provoca acaloradas discusión en Belgrado actualmente. En 2007, el gobierno serbio liderado por Vojislav Kostunica presentó en el Parlamento una propuesta de declaración de neutralidad que fue apoyada por la inmensa mayoría de la Cámara. Aun así, el actual Ministro de Defensa, Dragan Sutanovac es un claro abanderado del acercamiento de Serbia a la OTAN.

El principal problema en Serbia hoy a la hora de iniciar siquiera una discusión sobre la Alianza Atlántica es el trauma que aun persiste por los bombardeos de la OTAN en 1999 y por toda la guerra de Kosovo. Sin embargo, y dejando emociones aparte, a la hora de tratar la cuestión desde una perspectiva política, la principal cuestión que aconseja a Serbia mantenerse fuera de la OTAN es la relación de Belgrado con Moscú.

Rusia está dispuesta a apoyar a Serbia en la ONU sobre la cuestión de Kosovo, por lo que no nos podemos permitir desairar a Moscú más de lo que ya lo hemos hecho en los últimos años. Serbia y Georgia están en situaciones similares, con los principales actores geoestratégicos internacionales jugando papeles inversos en cada uno de estos dos escenarios. Personalmente, me reconozco pro-OTAN, pero al mismo tiempo he de aceptar que la OTAN no es la que nos abastece de gas y petróleo. La Federación Rusa nos suministra gas y petróleo y esto hace que cada invierno los serbios se vuelvan profundos amantes de Rusia. Cuando en 2002 yo era el asesor de política exterior del entonces Presidente de Yugoslavia, Vojislav Kostunica, recuerdo que el Presidente ruso Vladimir Putin vino a Belgrado con una delegación de gran nivel. Kostunica se dirigió a él con un discurso muy emotivo sobre los grandes vínculos sentimentales entre Rusia y Serbia. Cuando Kostunica dio la palabra a Putin, éste le cedió el turno al director de GAZPROM, que se limitó a informarnos fríamente de cuántos millones de dólares Belgrado le debía a Moscú por el suministro de gas y petróleo. Después de todo el glorioso discurso de Kostunica, los rusos nos mostraron muy a las claras que habían venido a leernos el listado de deudas de la era Milosevic y a cobrarse lo debido. No pegamos ni ojo buscando hasta el último dólar para pagarles lo adeudado, y lo conseguimos. Pero nos impresionó profundamente su frío pragmatismo. Ahora ya entendemos que Rusia también se ha beneficiado directamente en el tema de Kosovo, que se convirtió en un precedente para sus pretensiones en el Cáucaso. Además, en la actualidad no hay “gulags” en Rusia; ahora, irónicamente, los “gulags” están en Guantánamo, y el hecho de que EE.UU. haya violado el derecho internacional ha hecho que Rusia se convierta en el punto de referencia para muchos países pequeños y medianos. Podemos decir que Occidente ha convertido a Rusia en ganador. En Serbia, necesitamos el apoyo de Moscú para proteger nuestra integridad territorial. La OTAN se hizo con Kosovo, pero a cambio perdió Ucrania y Georgia.

Serbia y España parecen haber desarrollado una relación bastante sólida en los últimos años. ¿Es España un punto de referencia para Serbia? ¿Es esta relación una prioridad estratégica a largo plazo para Serbia?

España y Portugal han sido importantes actores internacionales para Serbia desde los años 90. Creo que el embajador portugués Jorge Cutileiro fue el único mediador que no tenía un planteamiento anti-serbio durante la crisis en Bosnia. Desde la firma de los acuerdos de paz en Dayton en 1995, España también se convirtió en un actor importante en Bosnia, en el marco de las misiones militares de la OTAN (IFOR y SFOR), jugando un papel muy importante en la región de Mostar. Claramente, España y Portugal llegaron a unos Balcanes asolados por la guerra en los 90 con la intención de ayudar a la población civil, sin agendas ocultas de intereses propios ni nada por el estilo.

Actualmente, en Serbia nos preocupan las dinámicas, propuestas y presiones para establecer una regionalización del país, así que miramos a España para intentar extraer lecciones y evaluar los riesgos de dicho proceso de regionalización. Sentimos que ambos países tienen unas experiencias históricas similares, con recuerdos de guerras civiles. A los serbios les encanta la lengua española y se puede decir sin temor a estar equivocado que en Serbia hoy España es muy popular. No hay conflictos entre nuestros países, y pensamos que hemos compartido ciertos episodios relevantes, como cuando los jóvenes milicianos yugoslavos de la generación de nuestros padres fueron a España a combatir en la Guerra Civil de los años 30. Hay una calle dedicada a ellos en cada pueblo y ciudad de Serbia desde hace décadas.

España tiene una hoja de servicios impoluta en los Balcanes. Además, el hecho de que Madrid no haya reconocido la independencia de Kosovo es también algo muy importante en la mente de los serbios, y se puede decir que la opinión pública serbia tiene un gran aprecio y respeto por España. Como diplomático, puedo asegurar que para los diplomáticos serbios era siempre un placer ser destinado a Madrid, y el antiguo Ministro de Exteriores Moratinos es alguien adorado aquí. Aunque Serbia es un país sin salida al mar, los serbios nos sentimos cercanos a la mentalidad mediterránea y siempre nos sentimos como en casa cuando viajamos a España.

El pasado de conflictos étnicos y la larga campaña internacional de desprestigio de Serbia han dañado seriamente la imagen que el mundo tiene del país. ¿Se está superando esta imagen o queda aun mucho para que la imagen de Serbia mejore de cara a Occidente?

En los 90, Serbia se convirtió en el estereotipo de Occidente para explicar todo lo malo de los Balcanes. Esta región es demasiado difícil de entender para norteamericanos y europeos. Mi impresión es que los estadounidenses siempre se sintieron incómodos de lidiar con problemas en los Balcanes: pensaban que tenían mucho que perder y muy poco que ganar. Quizás esta percepción haya cambiado en Washington desde 1999. Creo que los diplomáticos británicos siempre supieron moverse mejor en la región. Aunque los serbios no olvidamos que fue precisamente el Premier británico Tony Blair el que más presión hizo en 1999 para que la OTAN invadiera Serbia por tierra, durante la guerra de Kosovo.

En las capitales occidentales se sabe muy poco sobre la realidad de Serbia, y creo que los políticos occidentales aun ven a Serbia como el tradicional enemigo de la democracia, los valores que encarna la UE, y las reformas exigidas por ella. Cuando yo era el embajador serbio en Francia de 2004 a 2009, varios periodistas franceses aun me veían del mismo modo en que los franceses veían a los alemanes después de la Segunda Guerra Mundial. Serbia tiene aun que trabajar mucho para poder “desnazificarse” ante los ojos de Occidente. Es interesante ver que aun hoy los políticos conservadores alemanes que piensan en Serbia como el actor problemático de los Balcanes. Pero aquí, en Belgrado, ni la gente ni el gobierno le dan demasiada importancia a esto. Preferimos seguir las victorias deportivas de Jokovic y disfrutar de esa parte de la relación con el mundo.

En el campo de las relaciones internacionales, ¿cuál es el principal problema al que Serbia debe hacer frente a la hora de encontrar su lugar natural en la familia europea de naciones?

En el año 2000 Serbia sintió la llamada de Occidente, se encaminó en esa dirección y finalmente descubrió que tenía muy poco apoyo allí. Es posible que Serbia empiece a mirar a otros poderes regionales de cara al futuro. Personalmente, me considero un forofo de la UE y creo que la perspectiva europea hace a Serbia un país moderno y civilizado. Debemos hacer las reformas y alcanzar los estándares de la UE por el propio bienestar de nuestros ciudadanos. Hace mucho Jean Monnet dijo: “si te enfrentas a un problema que no tiene solución en un contexto determinado, intenta cambiar el contexto y puede que encuentres una solución al problema”. En realidad, Serbia no tiene más alternativa que la integración en la UE.

Puede que mi opinión no sea representativa, pero creo que el principal desafío de Serbia es impulsar un programa económico que haga que el país sea relevante para la UE. Si miramos a Finlandia, por ejemplo, Helsinki se ha convertido en líder en el campo de la tecnología, la comunicación y la informática. En Serbia hemos de clarificar qué destino queremos para nosotros como nación. Obviamente, tenemos que solucionar también la situación de nuestras fronteras, pero el principal tema es ¿qué queremos llegar a ser en el futuro? ¿Queremos ser un centro neurálgico para el comercio en el Sureste de Europa? Esa es la única manera real de solucionar nuestros problemas, y solo podemos conseguirlo si nos convertimos en un actor económico relevante.

Serbia tiene en 2011 otros problemas además del tema de Kosovo. Yugoslavia fracasó porque nunca consiguió solucionar el desequilibrio económico entre sus regiones, y pensar que uno puede echar siempre mano de fondos internacionales no es la solución. Serbia debe encontrar una salida a sus problemas económicos y así construir una lógica económica que nos ayude a afrontar el futuro.
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