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Brusco y áspero diferendo entre Francia y México

Marcos Marín Amezcua
lunes 21 de febrero de 2011, 15:29h
Siempre las cosas vistas desde ultramar pueden tener un cariz diferente. Es el caso. Lo es en el tema aciago y desconcertante que hoy me ocupa: el diferendo diplomático (si aun cabe esta palabra: ‘diplomático’) entre Francia y México. Ha sido repentino, sorprendente, lamentable y desastroso, adjetivos intercambiables en el lugar colocado. Y si he de adelantar conclusiones diré que ha sido mucho más perjudicial para Francia, que ha gozado siempre –al menos en los últimos 130 años– de un magnífico cartel en México…hasta el pasado 10 de febrero y es entristecedor ver cómo se ha deteriorado tan rápidamente una fructífera relación.

Ha quedado vulnerada su imagen al pretender imponer a México más que un criterio bastante dudoso por la aplicación de la Convención de Estrasburgo –de la cual calla una parte medular– por la percibida como arrogante e ingerencista postura descalificando la justicia mexicana –hecha desde su gobierno y en los medios masivos de comunicación franceses– al no contar con una sentencia a modo; y abonando al conflicto binacional por ir mezclando con ligereza, temas que en nada pasan por el asunto judicial que produjo a ese diferendo.

Mucha tinta ha corrido sobre prejuicios basados en rotundos desconocimientos de la realidad mexicana. Mas pondré el acento en dos cuestiones: la insistencia en que se traslade a Francia a la convicta Florence Cassez y la cancelación mexicana de su participación en el llamado ‘año de México’ montado por Francia con un costo de 50 millones de euros para 360 actos que, al cancelarse, compromete pronto y de golpe la pérdida de la mitad del costo citado.

El choque podría ser lo normal si estamos hablando de roces diplomáticos, pero podemos añadir que si se trata de una fructífera relación como la existente entre Francia y México, es aún mas que un simple roce. Los dos países pierden. Así es por tratarse de un país prominente y destacado en Europa y el mundo. Lo es por tratarse de otro país como México, llamado ‘potencia regional emergente’ por el consejero de cultura de la embajada francesa en México (2008), y porque no se recuerda una confrontación tan rápida que inclusive, conllevara un lenguaje áspero y un actuar considerado bochornoso como el del jefe de Estado francés y su ministra de asuntos exteriores. ‘Enanismo’ frente a grandeza (de la Francia) es la palabra que ha merecido en México. Se ha hecho cenizas el bien ganado prestigio francés, que allí se interpreta como lo peor que le ha sucedido a Francia.

Para el primer caso, Florence Cassez –capturada como parte de una banda de secuestradores que hasta mimaron a sus padres, al visitarla años ha– es reclamada por el gobierno francés, que dejó entrever que conforme a la Convención de Estrasburgo –suscrita por ambos países– una vez entregada tras de ser juzgada en México, quizás reconsideraría la causa y la pena impuestas por México (delito, el secuestro, altamente penalizado y sensible para ese país). Todo se ha complicado al negársele a Cassez un amparo que la soltaría (agotándose ya los recursos de la justicia mexicana). Pero el gobierno francés olvidó que su entrega a Francia solo sucedería siempre y cuando los dos países lo aceptasen. México no lo hace, pues de los encuentros binacionales sobre el tema, se desprendió que Francia no cumpliría las determinaciones de la justicia mexicana, como lo deslizaron dejándolo entrever los funcionarios franceses, sea porque lo hicieran por consigna, ya sea por descuido de ellos mismos. Este es el quid de la cuestión. La postura francesa alertó al lado mexicano de que al entregar a Cassez, Francia incluso, la soltaría.

Ello ha motivado la negativa mexicana prefiriendo a que purgue su condena en México. El reclamó rudo y grosero del lado francés sorprendió a México el jueves 10 de febrero. Lo increíble vino después: la diplomacia francesa ha actuado de manera nefanda cuando su ministra de exteriores amagó con que el gobierno de Francia no asistiría al año de México, programado con mucha antelación –y aun sin explicar cómo el país organizador y anfitrión sostendría un año de actividades en su territorio, sin ser parte de ello–. No han parado allí los errores de su gobieno.

Es una absurda y surrealista postura que se complicó durante el siguiente fin de semana, pues el cabildeo de Sarkozy lo condujo por caminos insospechados: decidir su política exterior con la convicta Cassez en una llamada telefónica en la que se fraguó y decidió sí efectuar ese año dedicado a México, pero dedicarlo en cada uno de sus 360 actos a Florence Cassez, victimizándola amañadamente. En mala hora, pues para entonces la alcaldesa de Lille ya había boicoteado las actividades a efectuarse allí.

Poco ayudó semejante dedicatoria, visceral y torpe como se considera en México, medida vista como una ofensa y una humillación que antes de asumirla, facilitó a México cancelar su participación al completo al poner el nombre del país invitado junto al de la convicta, dejando a Francia con la mesa puesta por inaceptables condiciones para la nación americana. El buen nombre de Francia en México se esfumó. El presidente mexicano Calderón obtuvo apoyo unánime en México.

Ha sido un mal calculo de Sarkozy. Se insinuó que se boicoteará a México como país turístico. Sin embargo, una cifra adelanta que 22 millones de personas visitaron el país en 2010. Sólo 171 mil eran francesas. Le Monde reconoce que la diplomacia mexicana lidia mejores escenarios y batallas con Estados Unidos, no con Francia, que no es en realidad prioritaria. La postura francesa traicionó los acuerdos que dieron pie al año de México. Sarkozy no ha encontrado eco en el G20 ni en la UE.

El año de México en Francia 2011, era y no será más un escaparate de gran importancia concedida por ambos gobiernos, vista como una feliz y reconocida iniciativa francesa. La negativa mexicana es una muestra de dignidad ante un insoslayable amago del gobierno galo. Un reclamo por torcer Francia la iniciativa mezclando temas. Elimina el evidente riesgo de desaires y majaderías, manifestaciones, boicots y cuanto pueda conllevar un reclamo. Se percibe que el presidente francés se juega una urgente carta de imagen de fortaleza y eficacia en el interior y aun fuera, ante un aparente desbarajuste interno. No puede ser a costa de México.

Iniciamos diciendo que el diferendo ha sido peor para Francia, pues sus inversiones y su balanza comercial le son favorables frente a México. Pero hay un ‘algo’ no medible ni cuantificable en la balanza de pagos: el prestigio que mucho le ha importado siempre. No hacía falta que los propios funcionarios franceses machacaran ese prestigio. En México gusta mucho Francia, muchísimo, pero no la arrogancia de Nicolás Sarkozy quien de momento, es la cabeza visible de esa gran nación europea. México distingue bien entre él y su pueblo al que le ha dañado su imagen profundamente, cosa que en lo personal, mucho lamento y deploro.
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