A un año de la muerte del disidente Orlando Zapata por una huelga de hambre en una penitenciaría cubana, su madre, Reina Tamayo aún llora la pérdida, muy consciente de que este trágico suceso puedo haberse evitado si el Gobierno hubiese atendido las razones por las cuales llevaron a este hombre de 42 años hasta el final de sus días con un ayuno que abogaba por condiciones más justas para los presos cubanos.

A sus 62 años la vida de
Reina Tamayo no ha sido lo que se dice un jardín de rosas, sino todo lo contrario. El encarcelamiento de su hijo Orlando Zapata en los acontecimientos de la
“Primavera Negra” de 2003, la convirtieron en una integrante activa del movimiento opositor las “Damas de Blanco”; sin embargo, el fallecimiento de Zapata la sacó del anonimato e hizo de ella una de las voces más potentes de la oposición de la isla y una presa del acoso del Estado comunista.
Desde su hogar en la localidad de Banes (noroeste de Cuba), Tamayo reconoce que tenía una vida “normal” dedicada a las actividades domesticas, criando animales, trabajando como lavandera y en pequeñas cafeterías antes de pagar el alto coste que supone ser un disidente en el país caribeño. “Pasé de esa vida normal a una lucha incansable de maltratos y golpizas. He sufrido muchísimo”, señaló en una entrevista telefónica
concedida a “El Nuevo Herald”.
Tras
la muerte de Zapata esta mujer ha tenido que acostumbrarse al asedio y la vigilancia del régimen castrista. En los últimos días, su vivienda se encuentra bajo estricta vigilancia policial. Los funcionarios de seguridad evitan que se acerquen al domicilio amigos y colegas opositores con el objeto de impedir
reuniones o actos conmemorativos para este 23 de febrero. Asimismo, el Gobierno no ha tenido reparo en detenerla en varias ocasiones sin importar su edad o el dolor personal que la ha llevado a la disidencia.
“Me han bajado los pantalones en público. Han tratado de asfixiarme con un trapo empapado en gasolina. Me han empujado y arrastrado. Me han dejado con los senos expuestos en medio de la calle. Han bajado la ropa interior delante de todo el vecindario'', enumeró Tamayo al citado diario hispano estadounidense las contastes vejaciones a las que ha sido expuesta. “Todo eso se lo han hecho a esta familia'', concluyó.
Una familia que recuerda con tristeza el año de muerte de un hijo que se ha convertido en mártir y símbolo internacional de la oposición cubana. Este miércoles Reina Tamayo espera poder visitar la
tumba de Orlando Zapata, con sus gladiolos en mano y el doloroso interrogante en el corazón: “¿Por qué dejaron morir a mi hijo?”.