De manera oficial, no ocupa ningún cargo administrativo o político dentro de la estructura del régimen libio aunque, desde que se hiciera con el poder el 1 de septiembre de 1969, es la mano ejecutora que todo lo decide en el país norteafricano.
Muamar Gadafi, "Hermano Líder y Guía de la Revolución", es el último de los líderes árabes amenazados por la ola de protestas que atraviesa el Magreb y Oriente Medio en busca de libertad y democracia.
Mientras
Zidi el Abidine Ben Ali, presidente de Túnez hasta el pasado 14 de enero, y Hosni Mubarak, rais egipcio hasta que presentó su dimisión hace dos semanas, han optado por claudicar ante las demandas populares con mayor o menor resistencia, Gadafi, haciendo buena su fama de luchador ambicioso, ya ha anunciado que
"morirá matando" en su puesto y que no cederá ni un ápice de su poder ante "las hordas de jóvenes drogados y acólitos de Al Qaeda que sólo quieren arrebatarnos nuestro país".
Lejos de la imagen de líder fuera de sí y con un concepto distorisonado de la realidad que mostró el pasado martes en el discurso público que emitió la televisión estatal libia, Gadafi es un personaje que ha sabido subsistir en la hostil y compleja arena política internacional durante cuatro décadas y nadar a favor de la corriente según le conviniera.
"Se ha apoyado primero el terrorismo anti-occidental, convirtiéndose después en el mejor compañero de negocios de Occidente, y asegurándose siempre el control de la situación en Libia", señala
Álvaro Ballesteros, experto en experto en Seguridad Internacional y Política Exterior y colaborador habitual de
EL IMPARCIAL.
"Gadafi
es un excéntrico, pero quienes piensen que es un loco y que no es un tipo inteligentísimo, se equivocan", apunta Ballesteros, al tiempo que añade que el líder libio "logró, con sólo 27 años, desmantelar la monarquía en Libia e imponer un régimen unipersonal que sigue vigente hoy en día, cuarenta años después".

Nacido en la ciudad de Sirte en el seno de una familia beduina del clan Qaddaf, Gadafi fue durante años el
enemigo número uno de Estados Unidos. En los últimos días, un ex ministro arrepentido ha llegado a confirmar que el líder libio se encuentra detrás del
atentado de Lockerbie que le costó la vida a 270 personas en 1988.
Su antiamericanismo ha quedado patente en multitud de ocasiones y prueba de ello son las imágenes que acompañaron a su alocución del pasado martes en las que aparecía la famosa escultura de
un puño estrujando un caza estadounidense a las puertas de su palacio.
Pero Gadafi es, por encima de todo, un
superviviente. Durante más de cuatro décadas ha sabido capear las sucesivas crisis que han ido surgiendo y ha sorteado decenas de embargos y sanciones internacionales. "Es una persona con una clara visión de lo que quiere y de cómo conseguirlo", apunta Ballesteros.
Cuestionado sobre si cree que Gadafi cumplirá su amenaza y
no claudicará aferrándose al poder hasta la muerte, Ballesteros lo tiene claro. "Pensar que puede abandonar su país con vida es algo complicado, Gadafi morirá en Libia, y creo, por desgracia, que morirá matando", confirma el experto en Seguridad Internacional.
Prueba de este enrrocamiento al que se ha ceñido Gadafi son las reiteradas sentencias públicas que ha lanzado en los últimos discursos arengando a su pueblo a luchar contra el enemigo externo y a defenderle de Europa y Estados Unidos. Gadafi es un líder atípico "que tras cuatro décadas encerrado en un mini-universo donde él es dios y todos le dan la razón, s
u conexión con la realidad es muy débil", señala Ballesteros.
Pero Gadafi sabe bien lo que hace. Sin duda, el viejo coronel "morirá matando" y se lo pondrá muy difícil a sus detractores y al enemigo que que él cree que se esconde detrás: su odiado Occidente.