Arizona
viernes 25 de febrero de 2011, 12:20h
Una entidad que muy ocasionalmente aparece en las noticias, de pronto empieza a hacerlo con frecuencia y por disfortuna, para malas noticias.
La pena de una tragedia como la ocurrida en Arizona hace unas semanas nos lleva a reflexionar sobre los límites de las garantías sociales y del derecho de particulares. No es posible que un loco con armas automáticas dispare a un grupo de ciudadanos reunidos en torno de una diputada federal, congregados en las afueras de un supermercado de Phoenix.
La Ley fundamental de los Estados Unidos autoriza la posesión de armas por cualquier ciudadano. Este derecho da ampliamente a los ciudadanos el acceso mediante compra, de cualesquier tipo de arma, incluso los rifles de asalto y/o las armas automáticas.
Quizá en los difíciles tiempos de los pioneros y las épicas faenas de la conquista del oeste, poseer un arma para defensa personal pudo haber sido justificado. Aunque.... esas armas fueron utilizadas para acabar con los búfalos, las comunidades indígenas y enfrentar a uno que otro mexicano usurpado en su propiedad.
Al paso del tiempo las guerras extranjeras han modernizado las armas, reducido sus precios y proliferado su uso generalizado. Prácticamente todo varón y un número importante de mujeres han servido en las fuerzas armadas y conocen el uso de armamento sofisticado. Vamos, es una nación de personas legalmente armadas y entrenadas en su uso.
En fechas recientes grupos de civiles han buscado establecer límites a la venta de armas automáticas y de asalto, como medida preventiva contra la violencia dentro de su propio territorio. A mediados de la década pasada se estableció por el Gobierno Federal una moratoria en ese sentido, misma que recientemente concluyo.
La liberalidad con la que cualquier persona puede comprar y portar un arma, ha facilitado que los grupos delincuenciales de nuestro país se armen con una insospechada capacidad de fuego, gracias al trasiego de esas armas a través de una frontera porosa y desatendida. Ciudades y entidades fronterizas han sido las primeras afectadas con estas prácticas.
Y la pregunta es muy sencilla. Por qué lo hacen? Porque los delincuentes mexicanos adquieren esas armas? Pues porque tienen con que comprarlas y no hay limitaciones legales para adquirirías dentro de los Estados Unidos.
Esas escenas de violencia urbana donde los grupos de delincuentes resuelven a balazos sus diferencias o atacan a todo tipo de autoridades, están causando numerosas bajas inocentes, incluso indefensas mujeres y niños.
Es decir, estamos viviendo en nuestro país una especie de guerra civil, urbana, con regiones focalizadas que van cambiando según se expande el efecto de confrontación y choque entre grupos de narcos y policías.
Creo que nuestra diplomacia tiene que actuar en dos sentidos. Primero animando con nuestras propias comunidades hispanas dentro de Norteamérica y con los grupos pacifistas, la limitación en la venta de armas automáticas. Y segundo, iniciar acciones.
Una de las medidas efectivas para enfrentar este flujo incontrolado de armas pudiera ser un tratado mediante el cual nuestro país y Estados Unidos limiten la libre venta de armas en este país. O un embargo por determinado tiempo, como ya ocurrió cuando nuestro país estaba en la revolución. Caso contrario, nuestros representantes pueden iniciar ante el Consejo de Seguridad de la ONU gestiones que lleven a nuestro vecino a tomar las medidas necesarias –bajo la persuasión multilateral- si fuera el caso de vis a vis, no tomaran interés por nuestra preocupación.
*Director del Instituto Universitario Ortega y Gasset México. Comentarios: ameza@mexico.com