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Los árabes se mueven

Martín-Miguel Rubio Esteban
viernes 25 de febrero de 2011, 21:32h
Tras el levantamiento popular de Tunicia, los pueblos árabes parecen moverse en la misma dirección que el pueblo tunecino. En Egipto, Libia, Jordania, Yemen, Baréin, Irán, Marruecos se levanta la misma bandera de la libertad y la justicia contra las oligarquías corruptas que mantienen a sus habitantes en la pobreza y en el amordazamiento. Los sucesores de los viejos ímpetus descolonizadores, liberadores, dignificadores, nacionalistas e independentistas han entrado en sólo seis décadas en la decrepitud irreversible con la polilla de la corrupción autocrática. Su discurso nacionalista era sólo un discurso fariseo que sólo defendía los intereses de unos pocos. El daño que jamás hizo el África Korps del elegante y sencillo Rommel en Tobruk contra los indígenas libios lo hace ahora el vesánico gerifalte Muamar El Gadafi contra su propio pueblo libio-fenicio. Pero hoy no es el Tobruk desde el que Rommel arranca hacia el Cairo, sino el Tobruk desde el que el ejército de la libertad se lanzará contra el Trípoli de Gadafi. Gadafi, un joven y valiente patriota, que defenestró a un rey corrupto vendido a Inglaterra y a los EEUU, que echó fuera del país a las tropas americanas y británicas con su pequeño ejército patriótico, que fue el alma de la dignidad del pueblo árabe, es ahora sólo una patética caricatura del propio rey que expulsó.

Ahora bien, los matices del alma árabe no coinciden y nunca han coincido con los del alma occidental, y ese hecho, observado ya por los romanos de la época de Tiberio, cuando les desaparecieron dos legiones enteras en su guerra contra los garamantes cerca de la actual frontera que separa Argelia y Níger, debemos tenerlos siempre en cuenta a la hora de hacer pronósticos. Y es que la sutil y compleja alma árabe, como el soberbio alfaneque de un emir en el desierto, se parece mucho a la anfractuosa urdimbre narrativa de Las Mil y Una Noches, que tanto fascinaba al padre de la narratología, Gérard Genette.

Así, por ejemplo, al mismísimo Charles De Gaulle impresionó que Si Mohammed, dirigente del FLN argelino, hiciese asesinar a los dos altos militares argelinos de su Organización, Si Salah y Si Lakdar, para que la futura Argelia libre no supiese jamás lo que él había dicho al gran Presidente de la Vª República Francesa en presencia de sus camaradas militares. También dejó pasmado a De Gaulle que Burguiba atacase Bizerta, ocupada a la sazón por Francia, aprovechando la salida de las tropas francesas de Argelia, a fin de incrementar el territorio tunecino hasta Ánnaba en 30.000 kilómetros cuadrados y ponerse en la ruta del petróleo sahariano. Naturalmente De Gaulle contraatacó y metió en tres días al ejército tunecino en su pequeño país. La vana agresión de Burguiba a Argelia les costó a los tunecinos 756 muertos, 900 prisioneros y 5321 heridos. Anfractuosidades del alma árabe.

Mientras Obama cree en la honorabilidad basáltica de los fundamentalistas tunecinos y los Hermanos Musulmanes egipcios, un sacerdote salesiano es asesinado en Túnez por fundamentalistas, y tres sacerdotes mueren en Egipto a manos de amigos del entorno de los honorables Hermanos Musulmanes. And Brutus is an honourable man. Anfractuosidades del alma árabe y anteojeras obamitas.

El comportamiento de Obama en estas revueltas populares de prácticamente todo el mundo árabe se acerca mucho a la pura injerencia trasnochada de soberbia superpotencia, que recuerda demasiado las declaraciones arrogantes y perdonavidas de la Europa “civilizatoria” de mediados del siglo XIX: “Quizá un día nuestras colonias, aprendiendo de Europa, reclamen para sí mismas las instituciones europeas. Cualquiera que sea ese día, será el más glorioso de nuestra historia”. Y desde luego, el gran diputado liberal Macaulay era, como se ve, bastante menos pedante que el listísimo Obama, que parece un nuevo Mahan neocolonialista. Desgraciadamente la aparición posterior en Europa de nobles caballeros, como Hitler y Stalin, quitaron de un plumazo la presunta superioridad moral de las instituciones occidentales que Macaulay veía en relación con la “atrasada” África.

Europa, por su parte, liberada ya de la embriaguez colonial, no debe seguir el prepotente paternalismo obamita. David Cameron ya no puede dar consejos redentores al África como Disraeli, ni Nicolás Sarkozy como Jules Ferry, ni Ángela Merkel como el almirante Tirpitz. Europa, por muy guapa que se crea, nunca ha estado para redimir a nadie ni indicarle el camino al paraíso. Puede ser incluso, por increíble que nos pueda parecer, que los africanos y orientales no alcancen la suprema felicidad de occidente viendo a todas horas a Belén Esteban o a Leticia Ortiz en la pequeña pantalla. Hay que ponerse siempre en lo peor. Y África puede encontrar la felicidad de otras maneras, por inaudito hoy que nos parezca.

Dicho esto, África parece que sólo pide un poco más de pan y justicia. Y esperemos que sus valerosas acciones cívicas no desencadenen a la larga menos pan y justicia. Pues que siguen existiendo anfractuosidades en el alma árabe.

Martín-Miguel Rubio Esteban

Doctor en Filología Clásica

MARTÍN-MIGUEL RUBIO es escritor y catedrático de Latín

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