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revueltas

Los saharauis, resueltos a decidir su futuro

lunes 28 de febrero de 2011, 01:16h
La población saharaui continúa decidida a lograr decidir su futuro y las últimas revueltas en el mundo árabe se han contagiado ya al Sahara Occidental.
Las revueltas populares que sacuden el mundo árabe desde el Atlántico hasta el Golfo han prendido en el ánimo de la población saharaui, que quiere ser protagonista de su futuro. El conflicto del Sahara Occidental, estancado desde hace decenios, toma un nuevo cariz. Ni en Tinduf ni en Laayun, la gente espera más.

El gran ausente de las celebración del 50 aniversario de la independencia del emirato de Kuwait, y vigésimo de la salida de las tropas iraquíes de su territorio, ha sido el rey de Marruecos, Mohamed VI. El soberano alauí no ha querido desplazarse a Kuwait porque no las tiene todas consigo. Las manifestaciones previstas en diferentes ciudades del Reino con motivo del llamamiento del Movimiento 20 de febrero y la situación en el Sahara Occidental podían escapar de todo control.

En Laayun, la capital de la antigua colonia española, la situación sigue tensa. En cambio, en el extremo sur del Sahara, en Dajla (la antigua Villa Cisneros), la población autóctona saharaui ha sido agredida violentamente por grupos de civiles. La Asociación saharaui de Derechos Humanos ha condenado los actos violentos que han sufrido los habitantes de Dajla y el saqueo de sus bienes, a cargo de “grupos civiles no autóctonos armados con el silencio de la autoridades locales”. Según la ASDH, “estos civiles tienen amendrentada a la población saharaui irrumpiendo en algunas viviendas y comercios, quemando coches e intentando saquear los domicilios”.

Curiosamente, el llamamiento hecho por Ramdan Messaud Larbi, que dirige esta asociación, coincide con la decisión de los jóvenes saharauis refugiados en Tinduf de manifestarse el próximo sábado, día 5 de marzo, en los campamentos, en conmemoración del aniversario de la creación de la República Árabe Saharaui Democrática. La manifestación no ha sido tolerada por el Frente Polisario, que teme que los jovenes pretendan, en realidad, tener más protagonismo.

Un grupo de militantes del Polisario, disidentes de la línea oficial y reagrupados en el movimiento Jat Achahid, ha enviado una carta abierta al gobierno argelino pidiéndole “su autorización para entrar en los campamentos de Tinduf acompañados de la prensa independiente y representantes de la sociedad civil europea y asociaciones pro derechos humanos”, con el objetivo de participar en dicha manifestación de protesta. Estos saharauis que residen en España temen que si no hay una presencia de la prensa internacional en Tinduf las protestas de los jóvenes puedan ser reprimidas por la dirección del Polisario.

“Nuestra iniciativa, dicen los firmantes de las carta enviada al Gobierno de Abdelaziz Buteflika, se inscribe también dentro de la dinámica popular que sacude actualmente el mundo árabe, reclamando justicia social, democracia y libertad, con la firme convicción de que toda demora en corregir la situación actual en los campamentos es una traición al espíritu de los mártires y un desperdicio de los sacrificios de nuestro pueblo”. Los saharauis consideran que se trata de la última oportunidad para salvar lo que se pueda de los logros de nuestro pueblo “antes de que sea demasiado tarde”.

En ambos lados del muro defensivo instalado por el Ejército marroquí en los años 80 en el Sahara Occidental la tendencia es la misma: la población y, en particular, los jóvenes saharauis quieren ser protagonistas de su futuro. Están cansados de un conflicto que se ha estancado en unas negociaciones sin fin que están en un callejón si salida.

En esta misma línea de querer asumir el protagonismo de su futuro se ha hecho público un manifiesto firmado por más de cien saharauis, de los cuales una docena vive en los campamentos de refugiados de Tinduf y la mayoría son residentes en España que exigen a sus gobernantes – es decir, a la dirección del Frente Polisario – “profundas reformas del sistema que nos permitan mejorar la situación política interna para alcanzar nuestro objetivo irrenunciable de independencia total”. Si en el territorio del Sahara (Laayun, Dajla, Smara, etc) los jóvenes saharauis se manifiestan frente a la Administración marroquí. En los campamentos de refugiados lo hacen frente a la dirección del Polisario. En ambas partes, con el mismo objetivo de decidir su propio futuro.

Esta rebeldía popular, como ha ocurrido en otros países árabes comenzando por Túnez y siguiendo por Egipto y Libia, ha prendido entre la población magrebí en Argelia, en Marruecos y en el Sahara Occidental. Un grupo de diplomados del Instituto Superior de Comercio y Administración de Empresas (ISCAE), la joya de la formación de ejecutivos en Marruecos especializados en la gestión de empresas, acaba de hacer pública una declaración de solidaridad con el Movimiento 20 de febrero, al que expresan su adhesión “a sus justas reivindicaciones”.

“Apoyamos la lucha de los ciudadanos por un Marruecos democrático por la dignidad y la justicia social” y piden, en consecuencia, “una nueva constitución democrática que rompa con la concentración de poderes en manos de una sola persona – en alusión directa al rey Mohamed VI -, para que se transmita a una Asamblea popular elegida democráticamente”.

Los “iscaeistas”, como se autodenominan, condenan la represión del legítimo derecho de los marroquíes a manifestarse y adhieren a los objetivos del Movimiento popular que ha surgido en Marruecos. Si en las manifestaciones celebradas en varias ciudades marroquíes, el pasado 20 de febrero, la policía se mantuvo al margen, este domingo, día 27, los manifestantes han sido reprimidos violentamente en Casablanca y en Agadir. Además, el ministro del Interior, Tayeb Cherkaui, ha amenazado con detener y juzgar a quienes participen en las protestas.
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