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¿Por qué no prenden las revueltas árabes en China e Irán?
jueves 03 de marzo de 2011, 17:29h
Las protestas populares en el Magreb y en Oriente han puesto de manifiesto las diferentes posturas que existen en torno a la reclamación de libertades en diferentes puntos del globo. Dos países con gran interés en lo que pasé en la revolución árabe, China e Irán, miran con cierto recelo los anhelos democráticos de los rebeldes y han adoptado una postura de distanciamiento al respecto. ¿Qué hay detrás de esta actitud? ¿Por qué no fructifican las protestan en estos dos países?
Cuando se acaban de cumplir tres meses desde que un joven tunecino se quemó a lo bonzo comenzando así las revueltas en el mundo árabe, los anhelos libertarios en el Magreb y en Oriente Medio no han cesado. La lucha que se está librando en Libia podría dar un vuelco decisivo tras la aprobación por parte del Consejo de Seguridad de Naciones Unidas de imponer una zona de exclusión aérea.
Aunque los expertos la esperaban, la abstención de China durante la votación, una de las cinco que se produjeron, esconde algo más que una simple neutralidad. En el punto de mira de las ONG pro derechos humanos y con reiteradas peticiones por parte de la ONU, Estados Unidos o la Unión Europea para que democratice al gigante asiático, Hu Jintao, presidente chino, sabe que las revueltas árabes podrían sentar un mal precedente en su país y que las esporádicas voces disidentes existentes podrían verse fortalecidas.
Sin embargo, Fernando Moragón, presidente de Afrase (Asociación para el fomento de las relaciones entre Asia Central y España), cree que el escenario que se está desarrollando en el mundo árabe es muy diferente al del país asiático. "La sociedad china en su conjunto no está en absoluto preocupada por asuntos políticos o ideológicos sino por los económicos", señala Moragón. "Los chinos no están tan interesados en más libertad o en que su país se democratice como en seguir creciendo económicamente que es, sin duda, su verdadero objetivo", resalta el presidente de Afrase.
De este modo, una sociedad apática en cuanto al sistema imperante en China "no expresará su malestar ni se volverá contra sus dirigentes a menos que el crecimiento exponencial que están viviendo se detenga, algo que no parece que vaya a suceder", indica Moragón. Esta opinión la comparte Lydia Kostopouolos, experta en relaciones internacionales residente en la localidad china de Nangjing, que tampoco cree posible un contagio de las revueltas árabes en China "dada la seguridad y el control existentes" por parte del gobierno central.
Otro punto a tener en cuenta es la geografía. La gran mayoría de la población China reside en la costa este del país, la región más urbanizada y rica. En caso de encenderse una mecha revolucionaria, el acceso a Internet y a las redes sociales sería vital para recabar apoyo popular en el centro y en el oeste del país. Pero, si algo ha implementado Pekín en los últimos años es un estricto control de las comunicaciones, tanto internas como externas. "Los chinos apenas son conscientes de lo que pasa en Egipto o en Libia porque, cuando acceden a Google o a Facebook, el sistema del gobierno censura esa información y eso no ayuda a un contagio ideológico", denuncia Kostopoulos.
Una oposición sin fuerza
Un caso parecido es el que vive Irán. Cuando los rebeldes lograron derrocar a Zidi el Abidine Ben Ali en Túnez y a Hosni Mubarak en Egipto, algunos expertos vaticinaron que Irán podría ser el siguiente país en caer. Si bien es cierto que se registraron algunas protestas populares en las calles de Teherán que se vieron rápidamente reprimidas por las fuerzas de seguridad iraníes, el clima en estos momentos en el país persa es de absoluta calma y tranquilidad.
A diferencia de Egipto, Túnez, Bahréin o Libia, "no es que la oposición no goce de un respaldo popular, es que no tiene la fuerza incendiaria necesaria", apunta Luciano Zaccara, profesor de la Universidad Autónoma de Madrid (UAM) y experto en política internacional. La detención y represión a la que se han visto sometidos los dos grandes opositores al régimen de Ahmadineyad, Mir Hossein Moussavi y Mahdi Karroubi, ha cercenado el liderazgo disidente de un país que, según Shlomo Ben Ami, presidente del Centro Internacional de Toledo para la Paz (CITPax), "está en manos de una élite que controla la economía, el ejército y la política".
"Aún no se ha creado el clima de tensión social suficiente, en parte por el estricto control ejercido por los Guardianes de la Revolución, los verdaderos dueños del país, para que una revuelta como las que ya han fructificado en el Magreb triunfe en Irán", señala Ben Ami. El diplomático israelí tiene claro que, antes o después, un cambio político "no natural" tendrá lugar en Teherán. "Si cayó la Unión Soviética, ¿por qué no va a hacerlo Irán?, se pregunta el diplomático hebreo y presidente del CITPax.
De este modo, según los expertos, poco probable que las fuerzas opositoras chinas o iraníes logren hacerse escuchar del modo en que lo han hecho las árabes. En control político, la represión policial, la censura y la apatía popular se encuentran detrás de esta falta de iniciativa aunque, como señala Moragón, "si me hubieran dicho lo que ha pasado en Egipto hace un año no me lo hubiera creído así que quién sabe lo que pasará en un futuro".