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Un consejo para el Consejo Empresarial para la Competitividad

William Chislett
sábado 05 de marzo de 2011, 18:06h
Los líderes de 17 de las mayores empresas españolas han constituido una entidad para mejorar la competitividad e impulsar la marca y un imagen más positiva de la economía española. Los 17 hombres (ninguna mujer) dirigen el núcleo duro de las multinacionales que se han creado en los últimos 20 años: Santander, BBVA, Repsol, Telefónica, Acciona, ACS, Inditex, Mango, etc. Son la cara más conocida y más competitiva del sector privado, tanto en España como en el extranjero.

Basta ver el progreso de Santander para ilustrar, en términos generales, el éxito de este grupo, fruto de su diversificación geográfica. Las unidades de Santander radicadas en América Latina generaron el 43% del beneficio del Grupo en 2010, las del Reino Unido el 18% y la Red Santander y Banesto en España solo el 15%. Las respectivas cifras en 2004 –solo hace seis años – fueron 41%, cero y 36% y sus beneficios durante este periodo más que se duplicaron.

¿Cómo puede influir el llamado Consejo Empresarial para la Competitividad (su facturación es el equivalente al 35,2 % del Producto Interior Bruto español y tiene presencia en todos los continentes) en mejorar la competitividad de la economía española cuya tejido productivo está formado mayoritariamente por pequeñas y medianas empresas? El sector privado está mucho más ampliamente representado en la Confederación Española de Organizaciones Empresariales (CEOE), el organismo que participa en negociaciones con el Gobierno y los sindicatos, y la Asociación de Marcas Renombradas Españolas (AMRE) es la principal iniciativa para promover las marcas líderes en el mundo. ¿Realmente hace falta otro lobby (grupo de presión)? ¿Y, qué puede hacer que no hagan ya la CEOE y la AMRE?
Me parece que el Consejo seria poco más que un talking shop (mentidero) de los grandes para quienes la economía española reviste crecientemente menos importancia.

Con un sector de la construcción desproporcionado y hecho polvo, el mejor camino para sacar adelante la economía española reside en hacerla más internacional. En otras palabras, España tiene que exportar más y sus empresas invertir más en el extranjero. El éxito de la economía alemana, y su recuperación fuerte antes que las otras grandes economías europeas, reside precisamente en su orientación hacia el exterior.

Basta comparar las cifras del desempleo de Alemania y España. Con una población de casi 82 millones, Alemania tiene una tasa de desempleo del 7.4% (3,1 millones de personas), mientras que España, con una población de 46 millones, tiene una tasa de desempleo casi tres veces mayor. La tasa en Alemania es la más baja en 18 años y la tasa en España la más alta en 13 años.

Pero no todas las empresas están en condiciones de seguir el camino de la internacionalización o tienen que hacerlo.

Según Cesar Alierta, el Presidente de Telefónica y del Consejo, el objetivo es proponer ideas. No faltan ideas para mejorar el rumbo de la economía española, sólo falta aplicarlas.

Los dos mayores retos económicos de los próximos años son la apremiante necesidad de cambiar el modelo económico y la creación de puestos de trabajo. Y estas dos necesidades, íntimamente ligadas, pasan por una profunda reforma del sistema educativo, algo que no se hace de la noche a la mañana. Se necesita una década.

Es bien conocido que España saca notas medias mediocres en el informe PISA, que evalúa el nivel del alumnado en comprensión lectora, matemática y ciencias. El año próximo también se analizarán los conocimientos financieros de los estudiantes de 15 años. Ya en 2005, la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE) recomendó a los Gobiernos la creación de planes para la promoción de la educación financiera en sus países y defendía la necesidad de introducir esos proyectos en edades tempranas. Huelga decir que el Gobierno español no ha hecho nada, o mejor dicho los gobiernos de las comunidades autónomas (la educación lleva ya mucho tiempo descentralizada), y será un milagro si los resultados en este campo no resultan pésimos.

Doy mi consejo al recién nacido Consejo. Si quiere hacer algo útil recomiendo que use toda su influencia para convencer a las autoridades educativas de introducir la educación financiera en la oferta formativa obligatoria. Después de todo, una población mejor formada en conocimientos financieros tendrá menos probabilidad de cometer los excesos del reciente pasado por los que seguimos pagando un alto precio.

Como escribió Felipe Foj en una carta publicada por El País, “el asunto es lo suficientemente serio como para superar planteamientos superficiales, como el de los módulos de una hora lectiva impartida por cualquier profesor necesitado de completar horario”.

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William Chislett

Escritor

WILLIAM CHISLETT es escritor y colaborador del Real Instituto Elcano

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