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Tras 17 años, el MERCOSUR en la encrucijada

martes 25 de marzo de 2008, 19:55h
En los últimos años el Mercado Común del Sur (MERCOSUR) se ha convertido en un espacio hacia el que intentan converger diferentes iniciativas de cooperación e integración económica de Sudamérica. La firma del Tratado de Libre Comercio entre el MERCOSUR y la Comunidad Andina de Naciones, la creación de la Comunidad Sudamericana de Naciones (predecesora de la actual Unión de Naciones Sudamericanas) y las solicitudes de adhesión de Venezuela y Bolivia al MERCOSUR son manifestaciones de este fenómeno.


Sin embargo, estos acontecimientos no han logrado alterar la débil imagen que transmite el MERCOSUR como proceso de integración económica. Tras su creación el 26 de marzo de 1991 con la suscripción del Tratado de Asunción, sus cuatro miembros -Argentina, Brasil, Paraguay y Uruguay- disfrutaron de una favorable evolución del proceso de integración hasta 1998. La devaluación del real brasileño en 1999 y el abandono del plan argentino de convertibilidad en 2002 indujeron una seria crisis en el proceso. A pesar de su relanzamiento en 2003, no ha logrado retomar una senda estable de dinamismo, encontrándose estancado en la actualidad.


Según el último "Panorama de la inserción internacional" de la Comisión Económica de las Naciones Unidas para América Latina y el Caribe, se estima que el valor de las exportaciones intrarregionales del MERCOSUR se sextuplicó entre 1990 y 2006, pasando de 4.127 a 25.675 millones de dólares. A pesar de este importante aumento, las exportaciones intrarregionales no llegaron a representar más del 25,3 por ciento de las exportaciones totales en el mejor año de dicho período (entre 2003 y 2006, este porcentaje no sobrepasó el 13,5 por ciento). Esta reducida importancia del comercio intrarregional explica porqué la política económica de los gobiernos del MERCOSUR ha dado prioridad a las relaciones económicas extrarregionales y en momentos de conflicto, no ha favorecido los intereses del proceso de integración subregional.


Los países relativamente más desarrollados, Brasil y Argentina, han disfrutado de la mayor parte de los beneficios originados por este comercio intrarregional. Ellos fueron responsables del 91,4 por ciento de las exportaciones intrarregionales promedias del período 2003-2006. En este contexto, los otros dos socios han comenzado a cuestionarse su participación en el MERCOSUR. De hecho, Uruguay ya ha manifestado su interés de replantearse su situación en el bloque y de negociar un acuerdo de libre comercio con los Estados Unidos.


El MERCOSUR ha comenzado tímidamente a paliar esta situación con la creación de un mecanismo de solidaridad intrarregional -el Fondo para la Convergencia Estructural del MERCOSUR- dotado con un modesto capital anual de 100 millones de dólares. Los mecanismos redistributivos de este tipo facilitan la reducción de las asimetrías originadas por factores estructurales, pero no la de las asimetrías de políticas, generadas por la adopción de políticas públicas. Los socios más grandes, principalmente Brasil, pueden aplicar políticas -como por ejemplo, la de incentivos a la producción e inversión y la de promoción de exportaciones- con mayor eficacia y capacidad de alcance, distorsionando la competencia en el mercado intrarregional e incidiendo negativamente en los socios más pequeños. La atenuación de estas asimetrías de políticas exige la coordinación y armonización de las políticas públicas en el MERCOSUR, un ámbito en el que el avance ha sido prácticamente nulo.


Junto a la limitada coordinación de las políticas económicas, la debilidad del marco institucional del MERCOSUR constituye otra importante restricción del proceso de integración. Se carece de una estructura de administración supranacional con poder y financiación suficiente para incidir en la formulación de las políticas nacionales de cada país miembro. Ello lleva a que la mayor parte del proceso de integración siga siendo impulsado por las cumbres presidenciales, esto es, por el consenso político de los gobiernos de los Estados miembros. Cuando este consenso no se logra, el proceso de integración se ve afectado directamente. Un ejemplo reciente de ello ha sido la incapacidad de las instituciones del MERCOSUR para solucionar el conflicto entre Argentina y Uruguay por la instalación de una fábrica de celulosa en el lado uruguayo de la frontera fluvial entre ambos países.


En suma, tras algo más de tres lustros desde su creación, el MERCOSUR sigue estando sujeto a importantes limitaciones. Si no se retoma la voluntad política para superarlas, el proceso de integración no podrá contribuir de un modo efectivo al desarrollo económico de sus miembros ni convertirse en un instrumento eficaz de negociación con los principales socios comerciales del bloque.

Fernando Rueda-Junquera

Doctor en Economía por la Universidad de Londres

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