Las formas
martes 25 de marzo de 2008, 20:34h
Días atrás, cuando iniciamos esta serie de tribunas, recordamos algunas de las acepciones que el Diccionario de la Real Academia Española reconoce a la palabra “modo”: 1) Aspecto que ante el observador presenta una acción o un ser. 2) Procedimiento o conjunto de procedimientos para realizar una acción. 3) Moderación o templanza en las acciones o palabras. 4) Urbanidad y cortesanía en el porte o trato. 5) Forma variable pero siempre determinada que puede recibir un ser, sin dejar de ser el mismo. Nos interesa en estos artículos ver cuáles son o debieran ser los modos de la democracia. Del sentido de la última acepción sacamos la idea de que la democracia, como toda invención humana, es modulable, sin que por ello pierda su esencia. Su ser no es estático sino que se adapta y crece con los nuevos tiempos. En referencia a la tercera y la cuarta acepciones expresamos la necesidad de que la democracia no se aparte de las buenas maneras. Hoy toca ocuparnos de las dos primeras acepciones, que podemos cobijar bajo el sinónimo de “formas” de la democracia.
En la democracia no es sólo importante el fondo, de lo que ya hablamos en las primeras tribunas, sino el “aspecto que ante el observador presenta” cada una de las acciones de la vida política. Ese observador es el ciudadano, que no es imparcial, sino que es partícipe, es también parte la democracia, la parte principal. El papel que juega la mayoría de los ciudadanos en la vida política es mínimo, pero esencial. Sin ciudadanos -perdón por la obviedad- no hay democracia. Ese ciudadano anónimo que contribuye poco, aunque esencialmente, insisto, al día a día de la democracia, recibe cotidianamente de las instituciones políticas y de los representantes políticos diferentes impresiones, una buena parte de ellas mediadas por los medios de comunicación. Cómo bien saben los politólogos expertos en marketing público, no es fácil la comunicación directa con el ciudadano, no es fácil transmitir desde las instituciones políticas o desde los partidos el mensaje que se quiere mandar al ciudadano. Siempre aparece un mediador que tergiversa más o menos o manipula el mensaje. La democracia debería cuidar mucho sus formas, porque de la imagen que se hagan los ciudadanos de la misma depende su solidez, su estabilidad y, en el fondo, su futuro. La crisis de los regímenes políticos de la Europa de entreguerras es un buen ejemplo del que aprender, y al que no imitar.
A pesar que las últimas elecciones han mostrado un alto grado de participación, no debemos llamarnos a engaño y tenemos ejemplos también cercanos de que muchos ciudadanos sufren un cierto hartazgo de la política. Cuidemos las formas de la democracia, y aquí es fundamental un compromiso por parte de la prensa y de los periodistas, que en buen número han caído en posiciones partidistas, lo cual no es necesariamente malo siempre que se mantenga una cierta objetividad y un análisis racional de los hechos. Más preocupante que el partidismo son las posiciones “anti”, gente que no acaba de definirse sino contra otro. Dejémonos aconsejar por Ortega y por Unamuno. El primero decía que él siempre había querido ser y no anti-ser, es decir, que siempre había querido ser sí mismo, cumplir la propia vocación, pues poca cosa se es si sólo se es anti-otra-cosa. Y Unamuno escribió que gran poquedad de almas es tener que negar al prójimo para afirmarse.
En la crispación política de estos últimos años han jugado un papel fundamental los medios de comunicación, que sólo transmiten los malos modos de la democracia cuando también deberían ser los canalizadores de los buenos modos o formas de la democracia. Y aquí enlazamos con la segunda acepción de “modo” que nos interesa resaltar: procedimiento o conjunto de procedimientos para realizar una acción. Sin duda hay fines de la democracia, o, dicho de otra forma, cada democracia tiene unos objetivos, los que en cada momento fijan los políticos de turno intentando responder a las aspiraciones de la ciudadanía, pero la democracia es también y fundamentalmente un procedimiento o conjunto de procedimientos para realizar la acción política. Las formas informan el ser de la política, o sea, le dan su forma, su ergon, digamos con Aristóteles.
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Profesor de Historia del Pensamiento Político
JAVIER ZAMORA es licenciado en Ciencias Políticas y Sociología por la Universidad Complutense de Madrid y doctor en Derecho por la Universidad de León, ha completado su formación con estancias de investigación en el Massachusetts Institute of Technology, el Max-Planck Institut für Geschichte y el Colegio de México.
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