Zapatero y el mitin de Vistatriste
José Antonio Sentís
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directorgeneralelimparciales/15/15/27
miércoles 09 de marzo de 2011, 21:26h
O Zapatero deshoja pronto la margarita, o se la deshojan. Los mensajes socialistas indican que la suerte está echada, porque es imposible entenderlo de otro modo. Y el último, la suspensión del mitin de la plaza de toros de Vistalegre, emblémática sede de arranque de campaña del PSOE desde la consagración de Felipe González, no puede interpretarse de manera ambigua. Los socialistas han decidido esconder a su líder para que no les arrastre más en su caída libre por el despeñadero electoral. Y éste, después de incontables vacilaciones, no parece en situación de dar la batalla.
Por el contrario, lo que sí da la impresión es que Zapatero está preparando el escenario que a sus ojos se pueda presentar como menos desfavorable. Pues tampoco se puede entender de otro modo que haya dedicado dos reuniones de contenido reservado casi seguidas con el presidente del Congreso, José Bono. Para, por cierto, hablar en ambas sobre “lo que todos se imaginan”, aunque sin decir qué debemos imaginarnos que no sea la sucesión de Zapatero. Luego, por ahí van los tiros.
La última de las reuniones celebrada este miércoles coincide con el incidente en la salud de Rubalcaba, señalado por muchos como ungido para la candidatura socialista. Por muchos, pero no por todos. Y según pasa el tiempo, por menos, porque el principal problema para Rubalcaba no está en su salud, afortunadamente, sino en la política y, especialmente, en algunos casos que colean y colearán por años que pasen: el 11 M y el Faisán. Eso sin contar con que Rubalcaba es un político tan inteligente como temido, pero no es un hombre precisamente caracterizado por su control o devoción interna de su partido. Más respeto que entrega puede tener en esas filas, y eso hace de su eventual papel en el liderazgo un verdadero albur.
Porque, además, el pase de los trastos a Rubalcaba por parte de Zapatero crearía una situación inédita: sería candidato una persona que, ante la opinión pública, es subordinada del líder resignado. Por lo que tendría todos los inconvenientes de los errores de su jefe, y ninguna ventaja por sus aciertos propios, que también serían de su superior. Y, lo mismo pasa con Carmen Chacón, como posibilidad alternativa, más arriesgada pero menos quemada que Rubalcaba.
Por lo que habrá que pensar que si Zapatero decide dar el paso a un sucesor, éste, posiblemente salido de primarias, deberá estar fuera del Gobierno. Si es que el propio Zapatero no se ha ido antes y el Congreso ha elegido a otro presidente del Gobierno, escenario éste en el que cuadrarían como anillo al dedo tantas reuniones institucionales con Bono, porque sería justamente en sede parlamentaria y con mecanismos parlamentarios como se solucionaría el relevo. O donde se conoce el procedimiento, consecuencia y calendario de la disolución de las Cámaras para una convocatoria electoral anticipada.
Hasta ahora, lo único que se percibía como seguro es que, diera a paso o no Zapatero a un sucesor, él se quedaría hasta las próximas elecciones generales, y éstas serían en marzo de 2012. Ahora, hasta esta previsión se debilita, porque, si hay un sucesor y Zapatero se queda como el “pato cojo” de su Gobierno (al estilo de los presidentes americanos durante la transición de poder), ese sucesor no puede estar en el Gobierno, por lo que pierde también visibilidad.
Para que el nuevo candidato sea efectivo, y pueda hacerse con bagaje propio en el liderazgo, Zapatero tiene que desaparecer de escena. O dimite, o disuelve. Él tendrá que decidir, porque, si no, al paso que vamos o le “dimiten” o le “disuelven” los suyos. No estamos, por tanto, para mitines de Vistalegre, sino de Vistatriste. Lo que podría causar compasión si no fuera porque cada minuto que Zapatero pasa en el Gobierno España profundiza más en el abismo económico, institucional y social, aunque gane puntos en el libro de los récords de las ocurrencias más inverosímiles que quepan a gobernante alguno.
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Director general de EL IMPARCIAL.
JOSÉ A. SENTÍS es director Adjunto de EL IMPARCIAL
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