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HOJA DE RUTA PARLAMENTARIA

martes 25 de marzo de 2008, 22:00h
Aunque no puede decirse todavía que haya empezado la Legislatura, sí es cierto que empiezan ya a atisbarse algunas de las líneas maestras que van a seguirse en los próximos cuatro años. No hay más que leer entre líneas para ver qué hay detrás de ciertos nombres. Porque ya se sabía que Zapatero iba a contar con Bono para presidir el Parlamento, sin que los nacionalistas mostrasen demasiado entusiasmo ante tal propuesta. Pero, una vez celebradas las elecciones, llega la hora de poner sobre el papel los resultados obtenidos, y obrar en consecuencia.

Así, es comprensible que, dados los excelentes resultados que el PSOE ha obtenido en el País Vasco y Cataluña, PSE y PSC reclamen su cuota de poder. Nombres de socialistas vascos y catalanes suenan en todas las quinielas de ministrables y demás puestos relevantes. Algunos siguen, otros se irán. Pero, entre los que se quedan, los hay que repiten, aunque con distinto cometido. Es el caso de José Antonio Alonso, ministro de Defensa en funciones, y quien, a petición de su amigo Zapatero, será el portavoz parlamentario del grupo socialista. Es ésta una labor más importante de lo que parece. No sólo por el puesto en sí, sino por quien lo va a ocupar.

José Antonio Alonso es del círculo íntimo de Zapatero. Proviene del mundo de la Justicia -es miembro de Jueces para la Democracia-, cuyos entresijos conoce como nadie. Es firme. Y conoce igualmente los planes socialistas en esta materia. La renovación del CGPJ (Consejo General del Poder Judicial), y todo el ruido ocasionado por el Tribunal Constitucional son sólo dos de las cuestiones -por otro lado, cruciales- a las que el próximo Ejecutivo habrá de hacer frente. Forman parte de la hoja de ruta socialista, en la que se detallan los pasos a seguir para allanar el camino a reformas estatutarias y demás proyectos de toda índole. Para ello, es deseable encontrar el menor número de trabas jurídicas posible. Precisamente por eso, en ciertos cargos ha de haber gente de la máxima confianza. Y el saber quién va a estar al frente de ellos deja bien a las claras qué derroteros van a seguirse.

LAS CIFRAS DE IRAK


Cinco años después del comienzo de la intervención estadounidense en Irak -cuyo aniversario se cumplía hace escasos días- las cifras de víctimas son escalofriantes. Sin ánimo de abrumar con estadísticas macabras, hay un dato que tiene especial relevancia, y que se ha conocido recientemente: el número de soldados americanos fallecidos en Irak. Dicho número ha superado los 4.000. Preguntado por ello, el vicepresidente Dick Cheney ha dicho que tal noticia "puede tener un impacto psicológico, pero es una de esas tragedias que se producen en el mundo". No se antoja un comentario demasiado afortunado, si bien hay que decir que Estados Unidos sabía que la operación en la que se embarcaba no iba a ser fácil. Aún así, seguro que tampoco esperaba encontrar semejantes dificultades.

A tenor de estos datos, hay quien ha pretendido hacer ciertos paralelismos entre Vietnam e Irak. Nada que ver. Países distintos, épocas distintas, coyunturas distintas, y un largo etcétera en el que sólo cabría aceptar una similitud: que en ambos casos han fallecido soldados americanos fuera de su patria. Pero hay que tener muy presente qué sucedía en Irak al principio de la intervención, y cuál es la situación actual. La violencia ha disminuido notablemente pero sigue campando a sus anchas, y la situación del pueblo iraquí aún dista mucho de ser idílica. No obstante, el régimen de terror de Sadam Hussein ha sido erradicado, y ahora hay algo parecido a una democracia, que procura abrirse camino entre obuses. Hay también un parlamento, una policía y un conato de administración, pero al menos, es un germen de Estado. Los americanos combaten la insurgencia, cuyos salvajes modos de actuar erga omnes hacen que sea difícil entender sus motivaciones -si es que el terrorismo tiene tal cosa-, y la escasa seguridad que pueda tener el pueblo iraquí, se la brindan los soldados estadounidenses.

Mientras, la sociedad americana empieza a mirar con recelo cuanto acontece en Irak. Estiman que se ha gastado demasiado, y que son ya muchos muertos. Las familias de los soldados fallecidos empiezan a configurar una especie de lobby, incómodo y con más voz a medida que pasa el tiempo. Tanto es así que los dos partidos, demócratas y republicanos, han incluido en su mensaje propuestas tendentes a poner fin a un conflicto que dura más de lo deseable. Ambos son igualmente conscientes de la irresponsabilidad que supondría dejar al pueblo iraquí abandonado a su suerte, pero saben de la impopularidad que genera el alto coste económico y en vidas de la guerra de Irak, y están dispuestos a tomar cartas en el asunto.

REUNIÓN CHÁVEZ-LULA


Hoy comienza la visita de tres días de Chávez a Brasil, coincidiendo con el 17 aniversario de la conformación de MERCOSUR. A estas alturas, nadie pone en duda el valor estratégico de esta institución que ayuda a que América Latina asuma los cambios que las economías del mundo empiezan a demandar, teniendo como máximo referente la Unión Europea. Tanto Chávez como Lula han aceptado esta realidad como muestra el que uno de los temas de la agenda de la visita sea el apoyo de Brasil para que Venezuela entre en el MERCOSUR. Pero, por encima de todo, el objetivo de la visita es llevar a feliz término acuerdos de tipo bilateral en materia energética, que bien pueden funcionar como un terreno fértil a los mencionados propósitos de integración.

Con este viaje, el presidente venezolano cumple con un cronograma ya establecido con anterioridad, que se enmarca en acuerdos de cooperación bilateral firmados en septiembre del año pasado. Sin duda alguna, una de las armas más importantes de la región latinoamericana es su importante cantidad de recursos naturales, tanto renovables como no renovables, especialmente el petróleo, uno de los puntos a tratar entre ambos mandatarios en los acuerdos bilaterales referidos.

No cabe duda de que las características personales de cada uno de estos mandatarios serán fundamentales para los resultados del encuentro, porque las instituciones y sus procesos de consolidación llevan implícitos una serie de valores que son habituales en los discursos políticos y la gestión gubernamental. Así, nos encontramos con el Gobierno de Chávez, que representa a una izquierda heredera directa del legado de los fracasados experimentos de la URSS y tutelada por Fidel Castro. Por otro lado, como correlato de esta historia, tenemos al gobierno de Lula en Brasil, también de izquierdas, pero que desde sus inicios ha mostrado un loable y responsable pragmatismo, tanto en la conformación de su gobierno como en los aspectos formales a la hora de llegar a acuerdos y negociaciones con otros sectores de la sociedad. Incluso ha desplegado estar artes en el terreno diplomático, recibiendo al presidente norteamericano George Bush para consolidar estrategias de desarrollo de fuentes alternativas de energía como los biocombustibles -cuestión por demás no muy bien vista por parte de algunos líderes de la llamada “Revolución Bolivariana”-. Las diferencias abismales entre Lula y Chávez no podrán ser resueltas si este último no se contagia del mencionado pragmatismo que impregna todas las decisiones del primero.
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