www.elimparcial.es
ic_facebookic_twitteric_google

El discurso del Rey

Víctor Morales Lezcano
viernes 11 de marzo de 2011, 17:46h
El desencadenamiento de los históricos acontecimientos norteafricanos a partir del 14 de enero pasado, llevan adjudicadas unas cuantas de las columnas que consagro a EL IMPARCIAL en fines de semana.

Hoy no me referiré al peliagudo asunto de Libia, inmersa ya en estado de guerra civil, dossier “caliente” donde lo haya tanto en los despachos y cancillerías de los ministros de Defensa y de Exteriores de las potencias ribereñas de la eurozona, como en organismos internacionales cuales el Consejo de Seguridad de Naciones Unidas, y la OTAN misma. Ni tampoco acometeré la dimensión entre humanitaria y de voluntarismo democratizador de la Unión Europea, que acaba de crear y aprobar la “Asociación para la Democracia y la Prosperidad Compartida” en el norte de África. Tras este largo enunciado y ostentosa decisión del Club de Bruselas, reposa el “matter of fact”. A lo que parece, se han habilitado 6.000 millones de euros emitidos por el “Banco Europeo de Reconstrucción y Desarrollo” (BERD) para reforzar las sociedades norteafricanas (particularmente las egipcia y tunecina) durante su transición político-social.

Hoy toca abordar ¡por fin! el escenario de Marruecos. Ese país que a los españoles no es tan PRÓXIMO, tan CARO y -también- bastante DIFÍCIL de tratar en ocasiones.

Como ha sido el caso de Argelia, ambos vecinos norteafricanos habían ido quedando relegados a un plano secundario en el tratamiento de esta columna de opinión, estrictamente por causa de la programación que han ido dictando los acontecimientos en la región mediterránea que -como un dios Jano- ofrece otra cara diferente en la ribera meridional, a la que muestra en las penínsulas greco-balcánica, italiana e ibérica.

El miércoles noche (9 de marzo), Mohamed VI, rey de Marruecos, pronunció un discurso de escasamente unos treinta minutos de duración, que merece una dedicación monográfica. Antes que nada, por el peso institucional que en la historia de Marruecos posee la monarquía. En segundo lugar, porque más de unos pocos europeos -y connacionales en cuestión- nos veníamos preguntando si ante el desencadenamiento de los acontecimientos norteafricanos de marras, habría, o no, Discurso del Rey (de Marruecos). Y en tercero y último lugar, porque ese discurso ha salido al paso de la manifestación popular del día 20 de febrero en varias ciudades del país, y porque ha sido cual es.

Se le atribuye al difunto Hassan II el apodíctico comentario que sigue: “No he educado a mi pueblo para que me dicte cuál ha de ser mi conducta”. Si el lector me autoriza, recordaré por enésima vez que esta frase, como otras tantas que fraseaba con brevedad aforística el que fue rey de Marruecos entre 1961-1999, recoge el espíritu de la Monarquía Constitucional, pero de “Derecho Divino” que se ha autorreproducido en aquel país hasta fecha de hoy.

Después de la noche del 9 de marzo, Mohamed VI, primogénito del difunto Hassan II, ha sintetizado, en su discurso, el viraje que pretende imprimir al destino político y social de la nación marroquí. Según el tenor de la Ley Fundamental de Marruecos que Palacio promete impulsar “el Islam será la religión del Estado; se conservarán el Emirato de los Creyentes, el sistema monárquico, la unidad nacional y la opción democrática”.

Una comisión “ad hoc” acometerá la redacción de la reforma constitucional, con Abdelatif Mennouni, prestigioso y conservador experto jurídico, a la cabeza del alto comité.

Según el discurso del Rey, éste renuncia voluntariamente a una serie de prerrogativas que la milenaria tradición monárquica de Marruecos había ido transmitiendo dinásticamente, hasta convertirse en una suerte de corset, entorpecedor de las aspiraciones reformistas de la sociedad marroquí desde su aparición a finales del reinado del sultán Muley Hassan I (1873-1894). Prerrogativa de soberanía, para apropiarse del monopolio de gestión en asuntos judiciales, religiosos, internos y exteriores; prerrogativa para nombrar el primer ministro del partido político (o coalición de turno), vencedor en las urnas; prerrogativa, en suma, para hacer y deshacer a su antojo en no importa qué esfera de la nación decidiera el soberano que su criterio habría de prevalecer por cima de cualquier otro aviso, criterio, consejo de visires y ulemas, además de gabinete real y constelación de asesores.

Finalmente, aunque sólo aparezca por el momento en las palabras del discurso del rey (de Marruecos), pronunciado el 9 de marzo, nuestro vecino meridional pretende realizar una transformación (¿Transición?) desde el Trono para alinearse con los cambios que la era Internet está imponiendo sin paliativos en otros países árabes. Parece haber llegado el momento de la verdad para el país real y las gentes de nuestro vecino meridional; cualquier intento de escapatoria puede costar muy caro. Se trata, ahora, de una cita ineludible.

Ojalá que Mohamed VI tenga la lucidez y encuentre el apoyo y la coyuntura necesarios para que su discurso se vaya plasmando en realidades de progreso justiciero en el seno de una sociedad que merece, COMO MÍNIMO, lo que el Rey acaba de anunciar. La responsabilidad de Mohamed VI en este momento, lleva al autor de estas líneas a expresar por una vez un deseo piadoso. Ojalá que los aciertos del futuro que aguarda a la Ley Fundamental de Marruecos, impidan que algún día pueda aparecer en ese país un rótulo fatídico que diga: “Delenda est Monarchia”, recordando el epígrafe orteguiano.

Víctor Morales Lezcano

Historiador. Profesor emérito (UNED)

VÍCTOR MORALES LEZCANO es director del Seminario de Fuentes Orales y Gráficas (UNED) y autor de varias monografías sobre España y el Magreb

¿Te ha parecido interesante esta noticia?    Si (0)    No(0)

+

0 comentarios