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Exabruptos políticos, pero aquí no dimite nadie

domingo 13 de marzo de 2011, 11:22h
El vicealcalde de Madrid, Manuel Cobo, ya fue sancionado en su momento por tildar a Esperanza Aguirre de “vomitiva”. En esta ocasión ha ido todavía más lejos al despachar la petición de Pilar Manjón de un monumento a las víctimas del 11-M haciendo alusión a que, por esa regla de tres, también a las prostitutas de la calle Montera “habría que ponerles otro monumentito”. Hasta el momento, el señor Cobo no ha desmentido semejante disparate. Y debería y, si es que tan grave acusación es infundada, emprender las acciones oportunas. Su silencio bien podría significar que quien calla, otorga, en cuyo caso su dimisión -o destitución- tendría que ser inmediata. Porque los políticos tienen un deber de ejemplaridad en relación a la ciudadanía.


Ocurre que, en España, la dimisión no es algo que se estile demasiado. De hecho, prácticamente nadie dimite. No lo hizo Pedro Castro, el locuaz alcalde de Getafe, cuando dijo aquello de que todos los que votaban a la derecha eran “tontos de los cojones”. Tampoco Celia Villalobos al referirse hace pocas fechas a los discapacitados como “tontitos”. Menos aún Alfredo Pérez Rubalcaba, que negaba la mayor -y por escrito, vía comunicado oficial- sobre el plazo que le había dado la justicia para que identificase a los Tedax del 11-M, cuando la providencia judicial dejaba en evidencia el renuncio de uno de los ministros más capaces del actual Gobierno. Y qué decir de los responsables de la Junta de Andalucía, con quienes no parece ir el escándalo de los ERE. Luego hay quien se lamenta de la desafección que siente la ciudadanía por la clase política en general. Menos mal que el señor Asunción desmiente una generalización abusiva. Lástima que sea una excepción.
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