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ciencia

Eduardo Carreño alerta del peligro de otro gran terremoto en Japón

sábado 19 de marzo de 2011, 17:46h
Si bien es cierto que la sismología no es una ciencia exacta y que los expertos aún no pueden predecir la magnitud, la localización y cuándo se producirá un gran terremoto, ciertas regiones del planeta son más propensas a sufrir la devastación de un seísmo de gran intensidad. Eduardo Carreño, director de la Red Sísmica Nacional, explica a EL IMPARCIAL la situación que se está viviendo en Japón tras el temblor del pasado viernes, el riesgo de nuevos temblores y cuáles son las regiones más peligrosas.
La devastación en Japón es total. Regiones enteras han sido devastadas por la unión entre dos fuerzas incontrolables de la naturaleza: el azote de los terremotos y el agua de los tsunamis. Pero, cuando el país asiático aún no ha hecho recuento de daños ni ha logrado enterrar a todas las víctimas de la catástrofe natural, puede que la amenaza de otro cataclismo se cierna sobre el archipiélago nipón.

Eduardo Carreño, director de la Red Sísmica Nacional y uno de los mayores expertos de España en materia de terremotos, confirmaba este miércoles durante una conversación con EL IMPARCIAL que las réplicas que están teniendo lugar en el archipiélago nipón "no son tales, sino episodios sísmicos independientes que, según muchos expertos, podrían desembocar en un futuro cercano en un terremoto de igual o superior intensidad".

De este modo, existe la posibilidad de que en las próximas horas o días Japón se vea azotado por otro temblor de gran intensidad que venga a agravar la situación de emergencia que padece el pueblo nipón desde hace casi una semana.

Zonas calientes
Las placas tectónicas de todo el globo se encuentran en permanente movimiento y, por tanto, el choque entre ellas es algo habitual. Pero, si bien es cierto que los terremotos son algo rutinario para los lectores sismográficos de todo el planeta, un porcentaje muy pequeño puede ser percibido por el ser humano en la superficie y otro aún menor provoca daños materiales o personales significativos.

Las estaciones de detección de temblores sísmicos repartidas por el globo registran centenares de seísmos de baja intensidad en casi todas las partes del mundo a diario, pero ciertas regiones del planeta más propensas a sufrir temblores de media o alta intensidad. Estas regiones se asientan sobre grandes fallas que son más susceptibles a desatar importantes episodios sísmicos por su importante actividad y virulencia.

El anillo de fuego, un gran círculo tectónico que rodea el Pacífico, concentra cinco de las ocho regiones más susceptibles de padecer grandes seísmos: Alaska, California, la costa chilena, Indonesia y el archipiélago japonés. Las otras tres zonas calientes son el Caribe, la región de Anatolia y Oriente Medio y, por último, China central.







Más preparación que previsión
A día de hoy, la ciencia no ha logrado prever con exactitud cuándo y dónde se registrará un terremoto de gran magnitud. Los expertos coinciden en señalar que, en estos momentos, los esfuerzos de la comunidad científica han de centrarse en estudiar cómo se pueden minimizar sus devastadores efectos más que en su previsión.

En este sentido, Carreño confirmaba que "la predicción de un terremoto es absolutamente imposible, simplemente no se puede porque no atienden a un patrón establecido que se pueda estudiar" al tiempo que añadía que "los esfuerzos de los expertos y científicos tienen que estar encaminados al seguimiento de la energía acumulada en las diferentes fallas mediante dispositivos de GPS, lo que ayudaría a detectar con precisión las regiones más susceptibles de grandes temblores".

Sin embargo, sí es cierto que antes de que se produzcan grandes terremotos hay una serie de señales que pueden advertir a una población con cierta antelación de la posibilidad de que se registre un gran seísmo. Muchas veces, como antesala a un gran terremoto, la tierra avisa de un gran evento sísmico con la multiplicación de pequeños temblores que pueden ser desde ligeros movimientos imperceptibles para la ciudadanía hasta verdaderos temblores.

Además, y aunque no cuentan con el beneplácito de la ciencia, sí es verdad que los animales también pueden resultar grandes detectores de terremotos. Son muchos los casos estudiados de especies salvajes de aves y reptiles que, ante la aparición de un seísmo de gran magnitud, emigran o se comportan de manera no habitual como prefacio a los temblores. Estos avisos de la fauna lograron salvar miles de vidas en el terremoto de Bohai (China) en 1969.
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