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La voz aguda de Arturo Barea

miércoles 25 de junio de 2014, 17:32h
El escritor Arturo Barea (1897-1957) es conocido sobre todo por su trilogía de novelas autobiográficas que narra su infancia y primera juventud en Madrid de principios del siglo XX (La forja), sus primeros pinitos literarios y experiencias en la guerra de Marruecos (La ruta), y la Guerra Civil española (La llama), pero mucho menos por sus más de 800 charlas semanales para la sección de América Latina del Servicio Mundial de la BBC bajo el seudónimo “Juan de Castilla” que realizó durante la última etapa de su vida en exilio en Inglaterra.

Después de organizar con un grupo de amigos la restauración de la deteriorada lápida de Barea el año pasado en el anexo del cementerio principal de la iglesia de Todos los Santos (All Saints) en Faringdon, un pueblo del condado de Oxford, quería constatar si quedaban en los archivos de la BBC algunas de sus charlas. Un amigo, Martin Murphy, investigó el asunto. pero no sobrevivió ninguna grabación, solo los manuscritos, sesenta de las cuales están incluidos en el libro Palabras Recobradas: Textos Inéditos, publicado por Debate en el año 2000 en una edición de Nigel Townson, quien las encontró en el archivo personal de Barea en Londres, en la casa de Uli Rushby-Smith, la sobrina de Ilsa Barea, la mujer austriaca de Arturo.

Hace poco Murphy me mandó por correo electrónico una entrevista muy corta que le hicieron a Barea en Córdoba, Argentina , en mayo de 1956, que a todas luces parece ser la única grabación que queda de Barea. Él la consiguió a través de una amiga en Francia.

El éxito de las charlas fue tal que la BBC envió a Barea en 1956 de gira durante cincuenta y seis días por Argentina, Chile y Uruguay, donde dio múltiples conferencias y entrevistas, y asistió a numerosos banquetes y firmas de libros. La exultante acogida se debió no sólo a su trabajo como locutor sino al éxito de La forja de un rebelde en América Latina. La edición de Buenos Aires de 1951, por ejemplo, había vendido 10.000 ejemplares en pocos meses. La trilogía se publicó primero en los años 40 en Inglaterra, y no vio la luz en España hasta 1978.

Como escribe Townson en su introducción, “a pesar de los esfuerzos malévolos de las autoridades franquistas por calumniarle como ‘el inglés Arturo Beria’ – una referencia al jefe de seguridad de Stalin que apuntaba al supuesto pasado de Barea como comunista -, la gira fue un éxito tremendo.”

El principal problema de Barea, relataba un informe de la embajada británica, “era evitar ser festejado, agasajado y agotado por hordas de admiradores y entusiastas … La visita de Barea fue un éxito sin precedentes desde el principio. No dudaría en afirmar que ha sido el visitante con más éxito que hemos tenido en muchos años.”

La mayor parte de la entrevista mencionada está recopilada en la biografía de Barea escrita por Michael Eaude y publicada en inglés en 2009 por Sussex Academic Press. Eaude consiguió una copia muy deteriorada de esta entrevista en cinta magnética que le facilitó Leonor, la sobrina de Barea, y tuvo que dedicar mucho tiempo para descifrarla.

A diferencia de la cinta, el muy corto fragmento de la entrevista reproducida por el archivo sonoro de la cadena Radio 5 de RTVE que los lectores pueden escuchar es de una calidad sorprendentemente alta.

En el comienzo del fragmento el entrevistador pregunta a Barea cómo siente la patria estando tantos años fuera (desde febrero de 1939). Barea contesta diciendo que la siente como un “dolor agudo al que aún no llego a acostumbrarse”.

Esta cuestión, ya relativamente tópica y que por la brevedad y contundencia de la respuesta deja algo descolocado al periodista, va seguida por dos preguntas tontas e impertinentes sobre sus hábitos de alcohol y tabaco que Barea maneja con cierto malestar y dureza negando las afirmaciones del conductor del programa y dejándole en evidencia por no haberse preparado la conversación.

Su sobrina Uli, que vivió unos años con Arturo y Ilsa, me comentó que el escritor fumaba tres paquetes al día y ella aún recuerda el color negro que tenían las paredes de la cocina por el humo de tantos cigarrillos.

Como bien dice el locutor actual que presenta la entrevista, el testimonio nos regala dos lecciones de oro para los periodistas: hay que documentarse y contrastar la información y bajo ningún concepto hay que revelar las fuentes, por mucho que sus datos sean erróneos.

Barea murió menos de dos años después de la entrevista. Qué lástima que no queden más grabaciones, pero tenemos sus magníficos libros y a partir de ahora, al releerlos, yo tendré además en mi mente su voz aguda.

www.williamchislett.com
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