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Gadafi, ya no jugamos

Mayte Ortega Gallego
lunes 21 de marzo de 2011, 14:06h
Viendo el sistema de declaraciones revancha de “Gadafi and sons”, uno tiene la impresión de que nadie está libre de culpa. Hace unos días, el primer ministro francés, Nicolas Sarkozy, tras reunirse con representantes del Consejo Nacional Libio de Transición, declaró a éste último como interlocutor válido para Francia. Y como Sarkozy apenas manda nada en la Unión Europea, Herman Van Rompuy, presidente del Consejo Europeo, procedió a reconocerlos también como interlocutores.

Esto parece una riña entre bandas rivales de barrio. Si el cabecilla del grupo acepta algo, las bandas afines irán detrás. Si el rival me chantajea, mis amigos me escudarán. Bastaron unas horas para que Seif el-islam, hijo de Gadafi y portavoz en funciones durante las semanas de la revuelta, increpara a Sarkozy. Muy bien, dijo, reconoce a los “terroristas disidentes” y acto seguido, devuelve el dinero con el que financiamos tu campaña electoral para llegar al Elíseo en 2007. Aquí aparentemente no se salva nadie. La escudería de Sarkozy carga de nuevo por boca del ministro de interior francés Claude Guéant: “la financiación Libia es mentira. El único modo de financiarla es por medio de la entrega de un cheque de cuatro mil seiscientos euros”. Tal vez entregaron mil cheques de mil distintos titulares y quedó todo muy diversificado y transparente.

Con las declaraciones de Seif el-islam, ciertas o no, se consigue por una parte poner en entredicho a Sarkozy y lanzar un mensaje a todos los que también quieran bombardear Libia, por acción o por omisión. Es un aviso para navegantes. Imagino a Gadafi con el dedo índice en los labios mandando callar a todos mientras gira sobre sus talones. Han sido cuarenta y dos años de gobierno que dan para muchos favores. Me gustaría saber quién es el próximo que se entrevista con algún representante del Consejo Nacional Libio de Transición. También en Libia saben del uso de los eufemismos: los militares hacia formas de transición y Gadafi instaurador de la Jamahiriya, al tiempo que se convierte en un oligarca de manual.

Los siguientes a los que parecen poner firmes son los italianos, al grito del hijo de Gadafi: venid, venid, que se os llenarán las costas de Sicilia de inmigrantes y los intereses italianos en el país se tornarán rusos. El millón y medio de libras que donó su padre a la London School of Economics está bien empleado: sus exposiciones son absolutamente inteligibles.

Mayte Ortega Gallego

Coordinadora de programas de la Comisión Europea

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