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En torno al desempleo y la competitividad de las empresas

lunes 21 de marzo de 2011, 09:52h
El principal problema económico y social con el que se enfrenta nuestro país, es sin duda alguna el del desempleo. Aunque el problema es tan importante como difícil de resolver a corto plazo, no cabe duda de que la situación actual -con las cotas realmente insufribles que ha alcanzado el número de desempleados- es manifiestamente mejorable, si bien para alcanzar estas mejoras se hace necesario tanto una actuación realmente coordinada de los distintos agentes económicos, como el necesario aumento de la competitividad empresarial.

En la medida en que se consiga un mayor nivel de competitividad por parte de las unidades empresariales que operan en nuestro país, existirá un mayor margen a efectos de las correspondientes soluciones a adoptar en contra del desempleo.

La competitividad de las empresas no es otra cosa que la propia competitividad de sus productos, esto es, de los outputs que las mismas ofrecen en el mercado. Cuanto más competitivos sean estos productos (bienes o servicios) mayor será su nivel de demanda, lo que repercutirá en un aumento de los volúmenes de producción y de los ingresos de las empresas, y por ende de un sostenimiento o incluso incremento del nivel de empleo.

Nos parece conveniente en este punto delimitar el contenido del término competitividad, entendiendo que ésta puede materializarse fundamentalmente en dos dimensiones: a) el precio de los productos y b) su calidad. Esto es, un producto será más competitivo cuanto más atractivo resulte para el potencial demandante o consumidor, y ello lo podrá ser, bien en términos de precio, es decir, que resulte más barato que otros similares, o bien en términos de calidad, esto es, que se adapte mejor a las necesidades o deseos del demandante, tanto por su duración, como por su seguridad, su diseño, su funcionalidad, o por otras posibles cualidades para el consumidor que englobamos genéricamente dentro del término calidad.

Las empresas podrán incrementar así su competitividad, bien a través de un abaratamiento de los precios, bien por medio de una mejora de la calidad de los productos. Por ello, se hace trascendental que mejoren y racionalicen sus procesos productivos de tal forma que puedan aumentar la calidad de sus productos y/o reducir los costes unitarios de los mismos.

Para lograr esta reducción de costes es importante lograr un aumento de la productividad, esto es, aumentar la cantidad de outputs obtenidos en relación con la cantidad de inputs aplicados para conseguir aquellos, lo cual vendrá a reducir dichos costes unitarios, que es lo que proporcionará un mayor margen de maniobra para bajar los precios de los productos y hacerlos de esta forma más competitivos.

En nuestro país las cotas de productividad son todavía bajas en relación con la media existente en la Unión Europea. Una de las vías para impulsar esta productividad podría ser la de vincular los salarios a la productividad, tal como se propone en el incipiente Pacto del Euro (antes Pacto por la Competitividad) en el contexto de la Unión Europea. Ello permitiría, en primer lugar, hacer más competitivos los productos, y en segundo lugar, una mayor motivación y nivel de retribución de la mano de obra.

Creemos conveniente por tanto incidir en la importancia del aumento de la competitividad de las empresas como elemento motriz para aumentar la producción y para impulsar consecuentemente el crecimiento económico -variable macroeconómica esencial para crear empleo-, así como aumentar la recaudación fiscal en términos absolutos, lo que posibilitará una reducción del déficit público, así como un mayor margen para realizar inversiones y adoptar medidas incentivadoras del empleo.

La competitividad de las empresas se configura, en definitiva, como un eje u objetivo básico -tanto macro como microeconómico- a la hora de abordar la lucha contra el desempleo. Lo fundamental a nivel práctico, no deja de ser, en cualquier caso, el conjunto de medidas concretas que será necesario adoptar para conseguir el citado aumento de la competitividad, y en eso han de colaborar y compartir la responsabilidad, como en otras muchas cosas, los distintos agentes económicos y sociales de este país.

Jesús Lizcano

Catedrático de la UAM y cofundador y expresidente de Transparencia Internacional España

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