Ahora Zapatero sí va a la guerra
miércoles 23 de marzo de 2011, 02:01h
Como era previsible, el Congreso dio ayer luz verde para la participación española en la guerra de Libia. Puede que Carmen Chacón y más de un socialista se refiera a ella como “intervención”, “mandato” o cualquier otro eufemismo, pero la realidad es que lo que acontece ahora en el país norteafricano es una guerra, con todas sus consecuencias. El hecho de que el Presidente del Gobierno haya solicitado autorización al Parlamento para el envío de tropas al extranjero es algo que hay que anotar en su haber; se trata, además, de un síntoma de normalidad constitucional que merece la pena ser resaltado y una diferencia relevante en relación a la guerra de Irak.
Dicho lo cual, el resto no se diferencia apenas de lo que sucedió en Irak. Allí, un tirano que había llegado al poder tras un golpe de estado tenía sojuzgado a su pueblo, lo masacraba -chiíes y kurdos lo saben bien- y se había convertido en una amenaza para la estabilidad internacional. Exactamente el mismo caso que el de Gadafi. Porque el tema de las resoluciones de Naciones Unidas es algo tramposo; sí que las hubo entonces, aunque el tenor literal de las mismas no coincidiese punto por punto con la adoptada la pasada semana. Era justificable con Irak, y también lo es con Libia; tan asesino era Sadam como lo es ahora Gadafi. Además del tema humanitario, para Europa, especialmente para España, toda la región plantea un problema de seguridad de vital importancia, una consideración aplicable a Irak no menos que a Libia. La idoneidad de la participación en un conflicto bélico no depende del signo político del Gobierno que la apruebe, sino de las circunstancias objetivas que rodean a la misma. La izquierda española debería tenerlo bien presente.