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Juventud, divino tesoro: Japón se repone

Hidehito Higashitani
lunes 28 de marzo de 2011, 20:25h
Han pasado ya más de dos semanas desde la catástrofe del terremoto y del tsunami que azotaron la costa oriental de la isla principal de Honshû del archipiélago japonés. Se han reestablecido ya las redes troncales de autopista hacia la región del norte y están arregladas ya algunas rutas comarcales que nos facilitan la comunicación con las poblaciones damnificadas de difícil acceso de la costa para poder realizar con más eficacia el envío de medicamentos, comida y ropa para los refugiados. Y también algunos puertos de la costa han reanudado ya sus actividades para poder realizar el envío masivo de los artículos de ayuda humanitaria desde el extranjero.

Junto con ello, la situación de la central nuclear de Fukushima empieza a presentar síntomas de una pequeña mejoría, aunque lenta y a largo plazo, gracias a la labor realizada con auténtico heroísmo por los operarios y técnicos que vienen trabajando para evitar una mayor catástrofe.

La prensa estadounidense -por ejemplo la edición del pasado día 15 de New York Times- habla de “The faceless Fukushima 50” (Los cincuenta hombres anónimos de Fukushima), refiriéndose a los trabajadores que permanecieron junto a la central nuclear de Fukushima en los momentos más críticos originados por el incendio del reactor 4 para evitar un posible cataclismo nuclear y a la heroicidad de su comportamiento. Gracias a ellos efectivamente, ha vuelto a funcionar ya la iluminación para poner en marcha las salas de control y parece que la situación evoluciona favorablemente. Ahora trabajan constantemente unas seiscientas personas para luchar con el terror del fantasma de una fuga radiactiva peligrosa.

Mientras tanto la prensa japonesa nos sigue ofreciendo noticias y anécdotas alentadoras de las personas sin nombre -tan anónimas como los trabajadores de la central nuclear- que van contribuyendo su granito de arena para sacar al pueblo japonés de este atolladero y para dar ánimo y apoyar a los damnificados.

He aquí un ejemplo:
En un supermercado cerca de Tokio, una niña pequeña, con una cajita de caramelos en la mano, espera su turno para pagar con unas moneditas en su bolsillo que le había dado su madre. La cola es larga con la gente que quiere adquirir provisiones para posibles casos de necesidad. Justo en ese momento, la niña ve una hucha de colecta para socorrer a los damnificados del tsunami colocada en un rincón de la tienda. La niña se queda pensando un rato y a continuación sin consultar con nadie abandona la cola con decisión para echar sus moneditas en la hucha y devuelve los caramelos al cajero. La niña se va de la tienda tan contenta con su madre y el cajero, que lo veía todo, le agradece la buena voluntad con una voz trémula de emoción y de ternura.

Por otro lado, hacia el día 21 nos sorprendió la noticia de una anciana de 80 años, Sumi Abe, y de su nieto, Jin Abe, de 16 años, rescatados milagrosamente con vida después de nueve días de haber estado atrapados bajo los escombros entre las ruinas de su casa de la ciudad de Ishinomaki. La abuela y el nieto soportaron temperaturas de bajo cero y sobrevivieron nueve días a base de yogur que había encontrado el nieto en la nevera de su casa. Como la anciana no podía moverse con las piernas heridas, el nieto hizo todo lo posible para cuidar y animarle en espera de la llegada del cuerpo de salvamento. Al cabo de nueve día largos, unos policías lo encontraron subido en el tejado de la casa en busca del socorro. Y al ofrecerle agua y comida, el nieto se las rehusó y lo primero que hizo fue pedir a los policías que rescataran antes que nada a la abuela que estaba todavía debajo. Según uno de los policías que los sacaron de los escombros, el nieto le confesó que le gustaría ser policía cuando sea mayor como aquellos que lo habían salvado de la muerte.

Y también podemos leer en la prensa un comentario como éste de una estudiante universitaria que trabajaba temporalmente de dependienta en un restaurante de Tokio junto cuando ocurrió el terremoto:
“En ese momento el local estaba lleno de gente, en su mayoría gente joven, que almorzaba y al primer temblor de tierra, nosotros sacamos a todos los clientes rápidamente fuera del local por la salida de emergencia. Todos estaban atemorizados y nerviosísimos. Si hubieran querido marcharse sin pagar la consumición, podrían haberlo hecho perfectamente. Pero después de haber terminado los fuertes movimientos sísmicos la mayor parte de los clientes entraron de nuevo al local para liquidarnos cada uno su cuenta. Es verdad que hubo algunos que no volvieron a entrar en el local y huyeron por nerviosismo. Pero al día siguiente ellos se tomaron la molestia de volver al local para pagar. ¡Qué bonito país el nuestro!”

Sí efectivamente. Mientras estemos apoyados por esos “Faceless Fifty” y rodeados de gente joven como la niña del supermercado, el nieto, aspirante a policía, que cuida con auténtico cariño a su abuela, o la gente que vuelve para pagar su consumición después del susto del terremoto, el pueblo podrá seguir adelante y levantarse de este desorden que nos ha ocasionado la catástrofe reciente.
Ya es hora de que dejemos esa típica manía universal y eterna de los viejecitos de querer siempre tachar de frívola, inmadura, mal educada y de falta de unas cualidades fundamentales a la gente joven. A lo mejor la juventud es mucho más sensata, inteligente y más consciente de lo que hace que la mayoría de nosotros los mayores, ¿quién sabe?

Hidehito Higashitani

Catedrático de la Dokkyo University

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