Los anticlericales de derechas
José Manuel Cuenca Toribio
lunes 28 de marzo de 2011, 21:10h
Uno de los elementos más rechazables de los convencionalismos es el apriorismo que normalmente entrañan. Imaginar así que los anticlericales de “derecha” han sido y acaso sigan siendo en nuestro país tan numerosos y viscerales cuando menos que los de “izquierda” se hace difícil aceptarlo en una primera impresión. Sin embargo, la historia reciente española lo demuestra hasta el hartazgo. Desde que algunos curas se distinguieron por su decisiva contribución en los orígenes de la contemporaneidad al nacimiento y consolidación al sistema liberal, surgió una muy destacada corriente anticlerical en los sectores de la burguesía conservadora. Por desgracia, el único especialista de cierta importancia en la materia, el inolvidable por su irrepetible figura y descollante obra D. Julio Caro Baroja no anduvo muy buido ni generoso en el análisis del fenómeno en la discreta publicación que dedicara al estudio global del tema. Después de él, nadie ha intentado, con un mínimo de acribia documental y metodológica, roturar el flanco dejado por el eximio intelectual antecitado. Sin la menor duda, una investigación de tal índole entrañaría una aportación de primer orden al conocimiento de la sociedad hispana de las dos últimas centurias.
En su espera, algún aproche por apresurado que sea no carecerá quizá de interés. Una aproximación, verbi gratia, a la producción de algunos autores muy señalados del periodo franquista depararía datos en extremo curiosos. El tan vituperado hodierno por los munícipes hispalenses de más vehementia cordis que cupido sciendi. Agustín de Foxá (1903-1959), fue así prosista y poeta alabeado, a las veces, a un anticlericalismo edulcorado pero enérgico, no sólo con su célebre frase de “que los celtíberos van siempre detrás de los curas, persiguiéndolos o acompañándolos piadosamente”, sino con observaciones y pensamientos de mayor carga crítica y aún satírica.
No otra cosa sucede, según se recordará, con otro autor anterior generacionalmente al famoso escritor-diplomático. Pocos prosistas, en efecto, de la centuria pasada rizaron el rizo en la conjugación de un talante hondamente escéptico y antiprogresista -en su versión cultural- con una crítica más sutil e integral del clero, la aristocracia y la milicia que el coruñés Wenceslao Fernández Flórez (1885- 964). El anticlericalismo conservador galaico, unos de los más acendrados y serondos de la Península y los Archipiélagos (muy en vanguardia ambos en la materia que nos ocupa), halló en él a uno de los cultores asiduos y conspicuos, según lo atestiguan numerosas páginas de su obra novelística, ensayística y cronística.
También gallego y alineado convencional y generalizadamente en las esferas del conservadurismo fue el muy anticlerical premio Nobel de Literatura Camilo José de Cela y Trulock (1916-2005). Desde los días de su meteórica iniciación narrativa la Iglesia y el clero figuraron entre los principales protagonistas de su ataque y censura a no pocos usos y costumbres de las gentes del país. Alumno un punto rebelde y continuamente expulsado de innumerables colegios regentados por las más diversas órdenes –jesuitas, maristas, escolapios…- a partir de los días de su niñez hasta la mocedad el autor de La Colmena no escatimó oportunidad para asestar toda suerte de mandobles censorios a los hábitos y actitudes del sacerdocio y aun del episcopado de su tiempo. El dominio de la lengua, la inteligencia del discurso y, muy probablemente, una cierta complicidad o benevolencia con el lápiz rojo ministerial por causas a las veces explicables y otras menos, permitieron a Cela sortear los escollos de mayor volumen en sus eutrapélicas navegaciones anticlericales. Ya en los días de la democracia, su vena anticlerical manó a caño suelto, pero sin por ello traspasar los límites del buen tono y el ingenio. Sus a modo de fruitivos recuerdos –Memorias, entendimientos y voluntades (Madrid, 2001)- constituyen un ejemplo insuperable de lo afirmado, según podrá comprobar el lector acezante lector de rica y enjundiosa prosa castellana.