Un interesante fenómeno se está observando en la narcocultura mexicana, en donde los vástagos de los capos de la droga, heredan el mando del lucrativo e ilícito negocio familiar mas no el estilo de sus antecesores. Los “narco juniors” como se les conoce, prefieren lucir las últimas tendencias de la moda, que vestir las botas, los sombreros y las camisas coloridas de sus progenitores.
Atrás quedó la imagen clásica del
narco mexicano, aquel que combinaba en un sólo look, sombrero y botas vaqueras con camisas de llamativos estampados, cinturones de grandes hebillas y relucientes cadenas de oro, para darle paso a una nueva clase de criminal que se aleja de los tópicos y el kitsch del típico capo de la droga, a fin de aproximarse al perfil de un galán de culebrones.
Los “narco junior” son por lo general los hijos de los peces gordos del narcotráfico. Un grupo de hombres entre los 30 y 40 años que han tenido el privilegio de estudiar en costosas escuelas privadas y en prestigiosas universidades en el extranjero. Derrochan clase, discreción y estilo,
vistiendo grandes firmas como Ralph Laurent, Hugo Boss, Armani, Versace, Dolce & Gabbana y Ermenegildo Zegna; y están tan entrenados para ordenar a asesinar y decapitar a sus enemigos a sangre fría, como de quitarle el hipo a sus admiradoras.

Así quedó demostrado con la detención en marzo de 2009 del hijo del célebre narco “El Mayo” Zambada,
Vicente Zambada Niebla, alias “El Vicentillo”, que pese a estar esposado y rodeado de agentes del Ejército, la crónica periodística estuvo acompañada por las reacciones de algunas mujeres que se hicieron eco del suceso judicial con comentarios en la web como: "¡Está guapillo el Vicentillo!", "cuando lo vi en la tele en la mañana me enamoré de él, yo sí me sacrifico darle sus visitas conyugales" o "con todo respeto, pero ¡qué guapo está Vicentito!".
También la captura de otro
Vicente, pero de apellido Carrillo Leyva, originó más de un suspiro como comentarios fashionistas . El hijo de Armado Carrillo Fuentes,
“El Señor de los cielos”, se convirtió ese mismo año en un creador de tendencias o
“trendsetter”, al aparecer con un impecable mono deportivo color blanco con zapatos a juego y unas modernas gafas de leer.
Asimismo, la a detención de los sicarios,
Edgar Valdez, conocido como “La Barbie”, y José Jorge Balderas, alías “El JJ”, acentúo la curiosidad hacia estos "narco fashion". Sendos asesinos llevaban una playera de la línea “Big Pony” de Ralph Laurent a la hora de su detención. Algo que le ha valido algunos problemas de identidad a la reconocida firma estadounidense, cuyas populares camisas están teniendo un récord de aparición en la fotogalería de los archivos de seguridad del Estado, al extremo de que los que venden sus imitaciones en los puestos callejeros han tenido clientes que ya no piden una “Polo”, sino una “Barbie” o una “JJ”.

Esta generación de criminales desde muy temprana edad están en contacto con un mundo dotado de lujo y privilegios. Según el diario mexicano “El Confidencial”, las ganancias de los cárteles de la droga oscilan entre
10.000 y 30.000 millones de dólares al año, por lo que los hijos de los capos disponen de recursos ilimitados para viajar y recibir una educación de alto nivel, lo que les ha permitido adquirir una visión más global del entorno político, hablar varios idiomas y desarrollar herramientas más sofisticadas para manejar el poder así como las armas; y por consiguiente, mejor gusto a la hora de vestir.
No en vano el perfil de
los “narco juniors” desencaja con la imagen del "macho ranchero" excéntrico que caracterizó al narcotraficante mexicano de la década de los 80 y 90. Si bien hay quienes aún disfrutan de extravagancias como comprar armas y teléfonos móviles bañados en oro, coleccionar jaguares y pavos reales en los jardines de sus mansiones y que su vestimenta sea un símbolo de su rango criminal; no cabe duda que una nueva especie de narco ha llegado para quedarse.