Algunas razones para no criticar a Japón
sábado 02 de abril de 2011, 13:18h
Desde que ocurrió el terremoto y el posterior tsunami en Japón, se ha dado un fenómeno interesante. Por una lado, una alabanza unánime del comportamiento del pueblo japonés; los occidentales, de forma general, se asombran de la resignación, de su capacidad de sufrimiento y de su tenacidad a la hora de hacer frente la adversidad. Por otro lado, de forma, en medios sobre todo de los Estados Unidos y de Francia, se cuelan críticas más o menos veladas al gobierno y a las empresas japonesas. Estas críticas luego pasan a los medios de otros países y en algunos casos se amplifican. Son, sin embargo, críticas poco sólidas.
Una de las que ha aflorado desde el principio es la falta de previsión. Japón es sin duda el país mejor preparado para afrontar seísmos del mundo. El problema es que es relativamente fácil prevenir los efectos de un terremoto, pero dificilísimo hacerlo con los de un tsunami. Un edificio se puede construir contra vibraciones; defenderlo de una masa de agua de 12 o 13 metros en movimiento es mucho más complicado.
Se ha criticado también, sobre todo en los medios norteamericanos, la ubicación de la planta de Fukushima, a tan solo ocho metros por encima del nivel del mar. El New York Times citaba que habían tomado como datos de referencia las estadísticas de los últimos doscientos años, cuando en el siglo XI había un testimonio escrito literario de una ola de 15 metros. Sin menospreciar el valor de la literatura, parece razonable que los cálculos se hicieran sobre estadísticas y no sobre un testimonio subjetivo. Por otro lado, la central de Fukushima se construyó en el año 1971, por firmas japonesas pero con tecnología norteamericana. En esos años e incluso después, era normal construir las centrales cerca del mar para usar el agua marina como líquido refrigerante, lo que abarataba los costes. En California se ubican las dos únicas centrales nucleares de los EE.UU. en la sísmica costa del Pacífico: la de San Onofre y la de Diablo Canyon en Avila Beach. La de San Onofre está a menos de 5 metros sobre el nivel del mar; Diablo Canyon, a unos diez metros. Ambas usan agua del mar como refrigerante. Las dos almacenan combustible usado en piscinas de la propia central, como hacía Fukushima. En 1973, cuando se terminó Diablo Canyon, se descubrió una falla marina cercana, la falla de Hosgri. Las dos centrales están construidas para soportar seísmos de fuerza 7.0 y 7.5 respectivamente. El de Sendai tuvo una magnitud de 9.0.
Otra de las críticas tiene que ver con el manejo de los datos. Se ha acusado al gobierno japonés de lentitud en los datos de las víctimas. Hay que tener en cuenta que para el gobierno una muerte solo existe cuando se puede certificar. De la misma manera, el recuento de los desaparecidos es muy complejo. Hace falta que pase un tiempo para poder certificarlos. Por otro lado, es necesaria una base de datos y un censo posterior. Es inevitable que las cifras sigan subiendo lentamente, sin que eso signifique dejación por parte del gobierno.
También en algunos momentos se ha puesto de manifiesto la parquedad de las declaraciones del primer ministro, la casa imperial u otros políticos. Aquí entra en juego la idiosincrasia nacional. Nadie en Japón espera que cuando hay una emergencia la primera reacción sea una declaración. Esa es la forma occidental, el gesto urgente, la palabra rápida, la foto. Japón se rige por otros gestos y otros tiempos, tanto la población como sus políticos y dirigentes.
Por último, las críticas se centran ahora en TEPCO, la empresa que gestiona la central. Se le acusa de dar datos imprecisos, de no dar suficiente información, de hacer que sus operarios u operarios subcontratados trabajen en condiciones deficientes. Es cierto que TEPCO tiene un historial con manchas. Durante los años 2002-2005 ocultó datos sobre problemas menores ocurridos en la central, por lo que fue sancionada. Aunque sea triste, estos errores se dan en centrales nucleares. En la central de Diablo Canyon, por ejemplo, se detectaron en el año 1981 graves errores de diseño que afectaban a la seguridad sin que por ello se cambiara su estatus. Además, la situación actual es muy diferente, fruto de un desastre natural. Los operarios trabajan en condiciones extremadamente difíciles, sin saber qué les espera en cada sala, en cada charco que pisan. La radiactividad puede estar en cualquier sitio o cambiar de forma drástica de una piscina a otra. Es comprensible que los datos sean parciales, que cambien de un día a otro, o que a medida que vayan teniendo acceso a otras partes de la central se alteren grandemente.
Por otro lado, el uso de la radiactividad como proyectil comercial puede dañar seriamente la economía japonesa. Y el uso de este factor depende mucho de las noticias que den los medios extranjeros, y de las reacciones de los políticos y de las agencias de seguridad de otros países. Por lo pronto, occidente está siendo cautamente agresivo.
La situación sigue siendo difícil y es posible que no cambie de forma radical en mucho tiempo. Se sabe que los núcleos se han derretido parcialmente; que el proceso ha afectado a los núcleos que contienen plutonio del reactor 3; que las barras usadas y almacenadas en las piscinas han perdido el 99% del calor, pero que aun así tienen el suficiente para evaporar 200 toneladas de agua al día, con el riesgo de que el vapor sea radiactivo. También hay personas que dicen que arrojar agua marina desde los helicópteros, lo que se hizo durante la primera semana, inutilizó equipos sin lograr nada realmente positivo. El departamento de energía norteamericano ha enviado robots a prueba de radiactividad para intentar operar en el interior de la central. Por otro lado, Kuni Yogo, antiguo funcionario de la Agencia Japonesa de Ciencia y Tecnología ha declarado que se pueden tardar de 3 a 5 años en llevar a la central a un paro seguro por enfriamiento. Japón lo va a intentar de forma desesperada. Sería una aunténtica catástrofe que no se consiguiera y que la zona tuviera que declararse permanentemente inútil. Un isla tan estrecha y con las costas como corredores Norte-Sur no podríá permitirse algo así. Luego está cercanía a Tokio.
Estoy seguro de que, de pedir el gobierno japonés voluntarios para entregar sus vidas a cambio de sacar las barras de combustible de la central, los encontraría a centenares. En Japón el pathos nacional y colectivo sigue muy vivo. Es posible que algunos de los que están trabajando ahora mismo en las centrales lo hagan con esa mentalidad. Pero estas son otras épocas, y lo que van a hacer es seguir intentando controlar la temperatura como sea, poco a poco, con métodos que nunca antes se han probado ya que no ha habido oprtunidad. Y Occidente debe mirarlo con respeto y solidaridad. Como dicen los japoneses, “Shikataga nai”. No se puede hacer más.