www.elimparcial.es
ic_facebookic_twitteric_google

Ahora, José Blanco es la clave

José Antonio Sentís
x
directorgeneralelimparciales/15/15/27
sábado 02 de abril de 2011, 18:54h
Zapatero había empezado a ser historia desde hacía varios meses. Ahora, definitivamente, es el “pato cojo” de nuestra política, esa figura casi institucional de la democracia americana que describe a un presidente en funciones cuando ya ha sido elegido otro.

Y tan es así, que Zapatero es ya un muerto viviente de la política, que no han pasado ni cinco minutos para que el debate se centre en la sucesión. Y muy ingenuos se muestran los socialistas, especialmente los que exigían la decisión de Zapatero, al creer que la aclaración sobre su personal futuro iba a tranquilizar la situación y centrar la batalla política en el estricto campo de las elecciones municipales y autonómicas.
Todo lo contrario. Cada acto, declaración o mitin va a tener en la sombra la incógnita sobre el liderazgo socialista. Y los hígados de las ocas, ésos que predicen el futuro, van a tener trabajo a tiempo completo.

Estamos en el inicio de una batalla encarnizada. Las ambiciones por la dirección socialista, que ya estaban a flor de piel, van a llegar al paroxismo. Está en juego toda una estructura de poder y decenas de miles de cargos. Los mismos que han participado en una inmensa ceremonia de culto a la personalidad de Zapatero y que ahora están buscando otro norte, otra lucecita de La Moncloa, para recibir su lealtad incondicional.

A los que están ahora, Zapatero les ha hecho una buena faena. Por irse y, sobre todo, por dejar el panorama socialista como lo deja. En una situación electoralmente precaria, en una España más precaria aún, y con un partido tan confuso que no sabe si apostar por la vuelta al pasado de los nombres del felipismo, o lanzarse al vacío de la renovación radical. Porque lo que sí ha hecho Zapatero es dejar como un desierto a la propia generación que le impulsó a él, la que él mismo laminó con los despidos de Juan Fernando López Aguilar, Jesús Caldera, Jordi Sevilla... y hasta de la propia Teresa Fernández de la Vega.

Por eso, las dudas sucesorias se centran ahora en el muy experimentado Rubalcaba, ése que es una solución a corto plazo, pero no a medio y a largo, según el socialista Fernández Vara, o en Carmen Chacón, esa mujer agradable en lo personal, pero desconcertante en lo político, que ha transitado desde el pacifismo a la cartera de Defensa, y desde la solidaridad con el antiespañol Rubianes al intento de gobernar a todos los españoles. Ambos, en cualquier caso, colaboradores directos y casi cómplices de la política de Zapatero en Moncloa, y a quienes no exonera la renuncia de su líder.

Pero, como es evidente, hay otras posibilidades fuera de ese escaparate. La primera, la del incombustible Bono, el que quiso y no pudo, y ahora puede que vuelva a querer, y a poder. Porque Rubalcaba parece demasiado maduro, y Chacón demasiado verde. Y, además, no es fácil ver a Rubalcaba peleándose con Chacón en unas primarias. Eso está fuera de la categoría de un político tan de peso como el actual vicepresidente. Y no estamos hablando de edad, sino de recorrido político, ése que se deja muchos pelos en la gatera, y donde Bono no sólo no se los ha dejado sino, por el contrario, parece haberlos recuperado.

Claro que hay otras alternativas, a cual más imaginativa. Por ejemplo, la de Tomás Gómez, de perfil clonado respecto a Zapatero, pero aún más endeble, si cabe. O de algún otro dirigente castellano leonés o vasco, también notablemente impensable.

Sea como sea, la situación socialista, que no se olvide que controla el Gobierno en plena crisis, va a ser, ya lo es, incendiaria. Porque no sé quién es el genio que piensa que es mejor afrontar unas elecciones sin líder que con uno. Y, ¿a qué socialista le va a preocupar una higa la política municipal sobre residuos urbanos cuando se está jugando el alineamiento con un caballo, que puede ser ganador o perdedor?

A Zapatero le han cuestionado los suyos. La respuesta parece la venganza del chinito. Ahí os quedáis, y a ver cómo salís de ésta.

La respuesta sólo la puede tener José Blanco, la única figura que controla los hilos del PSOE y, aparentemente, no tiene ambiciones sucesorias. Es Blanco lo único orgánico que le queda al PSOE tras la tocata y fuga de Zapatero. A él se arrimarán los candidatos, y él será el verdadero hígado de la oca.

Blanco es el que ha diseñado el discurso que ha puesto la alfombra roja a la solida de Zapatero, al sostener en múltiples foros el mantra de la sucesión: Con Felipe teníamos un candidato sin partido, y ahora tenemos un partido sin candidato. Un argumento sólido y muy repetido por otros socialistas, que encierra un significado último. Él mismo, José Blanco, el número dos y dueño de la organización interna del PSOE, es el representante de ese partido sin candidato. Luego por su consultorio habrá que pasar, si se quiere tener futuro.

El aliado de Blanco será el ganador.

Tiempos de tribulación socialista. Lo que no importaría (pues los partidos suben y bajan en el orden natural de las cosas) si no fuera porque, para llegar a ellos, antes ha sido esa política, la socialista, la que ha llevado la tribulación a millones de españoles.

Zapatero se puede ir contento. Ha dejado una jaula de grillos en su partido, y una incertidumbre colosal en España. Pero, según dicen sus íntimos, ha hecho lo que debía, entre otras cosas porque se lo pedía su familia.

Excepcional líder éste, que debe presidir aún a todos los españoles y abandona el barco para conciliar su vida laboral y personal. Una gran idea, aunque desafortunadamente no la adoptó hace ocho años, justo antes de comenzar su curriculum como peor presidente de la democracia.

José Antonio Sentís

Director general de EL IMPARCIAL.

JOSÉ A. SENTÍS es director Adjunto de EL IMPARCIAL

¿Te ha parecido interesante esta noticia?    Si (4)    No(0)

+
0 comentarios