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reseña

Umberto Eco: El cementerio de Praga

sábado 02 de abril de 2011, 21:00h
Umberto Eco: El cementerio de Praga. Traducción de Helena Lozano Miralles. Lumen. Barcelona, 2010. 608 páginas. 23,90 €
Umberto Eco presenta en su última novela a uno de los personajes más odiosos de la literatura: Simoni, un misántropo decimonónico que odia tanto a sus semejantes como a los diferentes: a los judíos, las mujeres, los jesuitas y, en general, todo bicho viviente. Simoni, asentado en Paris, decide escribir una novela que refleje sus memorias y en la que escupir todo el odio y deprecio que siente por la humanidad y la vida en general.

Con esta novela histórica, de estilo pretendidamente folletinesco, Eco quiere repasar la historia del antisemitismo desde siglo XIX hasta el nazismo. Así, el autor italiano toca episodios como el caso Dreifus o convierte en personajes del libro a figuras históricas como Freud –al que, por cierto, retrata como un drogadicto y dispensador de cocaína– en una novela donde “todos los personajes, excepto el protagonista, existieron realmente”.

El cementerio de Praga ha venido precedida de una gran polémica. Y no podía ser de otra forma cuando, a través de su protagonista, Eco dispara sin piedad contra todo y contra todos. El mismo Eco ha declarado que “no sabía cómo el lector iba a acoger a este personaje y si podría confundir entre verdad y ficción”. Y no yerra el célebre semiólogo italiano al dudar sobre la forma en que puede tomarse una sociedad como la nuestra, en la que impera la más deliciosa corrección política, una novela en la que, entre otras “perlas”, se dice que los judíos emiten “un olor nauseabundo”. El Vaticano, por supuesto, se ha apresurado a tachar la novela de “sinfonía maligna”, y L'Osservatore Romano ha advertido que "denunciar el antisemitismo poniéndose en la piel de los antisemitas (…) no funciona como una verdadera acusación” sino que acaba por contagiar al lector del “delirio antisemita”.

Lo cierto es que la novela respira irreverencia y provocación y que Eco se ha regodeado en ello conscientemente. Y es lo cierto que, camuflada bajo la consigna de “corrección política”, la censura que sufren ciertos temas y tabúes alcanza cada día mayores cotas, afectando al arte, la literatura y a sus creadores. Afortunadamente, Eco es perro viejo y no solo no teme a la crítica y la polémica sino que la disfruta y en esta ocasión nos regala, no solo una excelente novela sino un necesario canto a la libertad frente a esos prejuicios posmodernos que, bajo el disfraz de la retórica democrática, resultan tan o más asfixiantes que cualquier encorsetada moral decimonónica.

Por Regina Martínez Idarreta
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