mirada escolástica
José María Barreda: Un perfil noble
domingo 03 de abril de 2011, 10:38h
El 28 de marzo, en el Aula Magna de la Facultad de Letras de Ciudad Real, el Presidente de Castilla-La Mancha, José María Barreda Fontes, presentó su libro de recuerdos Paisaje y Paisanaje: Ciudad Real, de la Editorial Almud. En el Acto no sólo estuvieron presentes las autoridades socialistas de la provincia, sino que el Presidente atrajo a simpatizantes de todas las ideologías y mundivisiones políticas; puesto que se vio inmediatamente que era sólo la persona de José María Barreda lo que concitaba las admiraciones y simpatías del variegado paisanaje que se congregó allí, lo único que realmente nos interesaba, y no el signo político bajo el cual gestiona Castilla-La Mancha, que, dicho sea de paso, desde mi humilde óptica huele más a “liberal” (en el sentido de la tradición española del término, que fue la que la acuñó) que a socialismo rancio zapateril, habiendo sabido muy bien inspirarse Barreda para su gobierno en la tradición liberal del socialismo español, del que llegó a decir Gregorio Marañón que fue el más importante vivero de liberales, de liberales doblemente vencidos – dentro de su partido y fuera por el fascismo -. ¿No se llamaba EL LIBERAL el periódico de Indalecio Prieto? Por cierto que si leyéramos ahora los Discursos en América del socialista vasco veríamos hasta qué punto un socialista puede y debe ser liberal dentro de la larga corriente del liberalismo de raigambre española.
El Proemio del acto lo llevó a cabo Manuel Marín, desde la sorna inteligente ( el humor es una forma escéptica y educada del ingenio ) y las libérrimas opiniones de quien está ya separado de la política, y ya no tiene que seguir consignas chatas de partido, y sólo habla a partir de su conciencia socialista, libremente desarrollada y sin ningún pilotaje del partido, y a partir de sus amables sentimientos de amistad, sazonadas con alegres historietas de campanario. Y estas cualidades antisectarias y anticapillistas de tan eximio presentador venían como anillo al dedo al tipo singular de perfil político que iba a ser presentado. Estuvo bien, impecable, casi brillante, Manuel Marín. Calificó a José María Barreda como un gobernante con sentido común que conoce muy bien a los ciudadanos de la región. Pero la amabilidad con que José María Barreda ejerce su sentido común le acerca sin duda a ese liberalismo inglés que predicaba Shaftesbury en su Sensus Communis.
Ensayo sobre la libertad de ingenio y humor. Un amable entusiasmo empaña siempre el sentido común de este Presidente, sencillo y profundamente humano, despojado siempre de ceremoniales circenses, máscaras ideológicas, carnavaladas partidistas y disfraces de hipócritas zelotes. El perfil de este gobernante siempre huye, como de forma visceral, de toda pompa autoritaria como atentado contra lo natural. Estoy convencido que casi siempre ha defendido propuestas por el valor intrínseco de éstas, por el natural discurrir de su argumentación sana y no por disciplina de partido. Cree sin duda en lo que decía Horacio: “Natura potest iusto secernere iniquum”. Porque es posible que sea también algo rebelde de esta partidocracia que nos toca sufrir a los ciudadanos españoles. Eso es precisamente lo que le hace atractivo a sus votantes que no son socialistas. A diferencia de los gobernantes que por su credo ideológico ahuyentan a los hombres de su propia razón, Barreda no para de intentar dar cobertura a las inteligencias de todos para solucionar mejor los problemas de la región y “acercarse mejor provisto a ese horizonte utópico, inalcanzable, en la que el cielo se junta con el suelo”. Y tras la utopía que reclama lo más puro del corazón del hombre siempre mejoramos. A la gente le gusta este Presidente porque su persona nunca está oculta ni enterrada en un carné. Y se ve que al Presidente le gusta la gente, porque está convencido que todo el mundo es “virtuoso” en mayor o menor grado. Y tiene la humildad para reconocer que el mundo no quiere “tutorías”, sino posibilidad de todos para desplegarse. Esa capacidad de integrar a todos del Presidente hizo que Manuel Marín le llamase un “Presidente ecuménico”. Y desde luego en esta humorada latía una profunda verdad. Por cierto, que el humor es la única prueba de seriedad; y la seriedad del humor. Pues un asunto que no aguanta la chanza no es de fiar, y una broma que no aguanta un examen serio es, sin ningún género de duda, de falso ingenio. Barreda, efectivamente, es ecuménico porque da a lo humano un valor universal, indivisible por principio. Con razón le gusta Marco Aurelio al anticipadamente jubilado Manuel Marín. Se notaba en su discurso su lectura sin anteojeras.
“José María Barreda gobierna como un padre de familia sensato”. Esta otra afirmación del ex Presidente del Parlamento Español pudiese no gustar a Aristóteles, que en el Libro I de su Política se empeña – con razón – en separar los conceptos y normas de la casa familiar ( oikos ) de la ciudad libre ( pólis ), pero por encima de estas sutilezas hubiera encantado oír esta frase a un ciudadano de la República Romana, que la hubiese entendido en el sentido de un gobernante enmarcado en un buen “regimen morum”. Lejos de antagonizar las mundivisiones que laten en Castilla-La Mancha, Barreda se dedica con el mismo afán a levantar Centros de Salud que a restaurar Iglesias ( Castilla-La Mancha es la Comunidad Autónoma con mayor número de Iglesias, Conventos y Monasterios restaurados ), a construir centros educativos que residencias de ancianos, a trazar trochas para senderismo que aeropuertos. Y lejos de apuntar estas construcciones a su gobierno, las apunta a la ciudadanía, que es quien las paga y con las cuales se desarrolla esa “pursuit of happiness”, que aparece como derecho angular en el segundo párrafo de la Declaración de Independencia de la gran República Americana.
La intervención de Barreda sobre su libro fue breve y emotiva, como corresponde al género literario de los recuerdos – memoria que sale del corazón -. Al principio de su libro nos encontramos con un párrafo que podría ser tachado de neobonapartista por los guardianes de la actual partidocracia que sufrimos: “A mí hace tiempo que me importan más las personas que las ideologías en abstracto, y eso lo siento de manera clara en todas partes”. Pero esto no es bonapartismo; es tener las ventanas del espíritu abiertas a toda la rosa de los vientos, es creer con sinceridad que el bien y la verdad se pueden encontrar en todos los puntos cardinales que organizan el amplio mundo del sentimiento político, que no es bueno que la conciencia política se domestique con el bromuro de las grandes abstracciones partidarias; es afirmar que el interés de partido no puede primar sobre el interés público si no queremos que el partido acabe siendo una facción estatal. Al fin y al cabo la política entendida como ejercicio de Gobierno no agota lo político entendido como lo público. Barreda tiene la humildad, casi desconocida en estos pagos de España, de no poner en práctica recursos para hacer de su sentir privado el único sentir público.
Bueno sería que Mª Dolores de Cospedal coincidiese en este perfil noble del actual Presidente de Castilla-La Mancha, y que el día que ella presente algún libro suyo concite las simpatías de gentes de todo signo, y no sólo de sus siglas. Hoy más que nunca Castilla-La Mancha exige unir y no separar. “Infelix opera summa, quia ponere totum nesciet”.