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Italia, el país de la mentira

Andrea Donofrio
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adonofriohotmailcom/9/9/17
domingo 03 de abril de 2011, 16:56h
Esta semana “italiana” se ha caracterizado por las mentiras, por la sustitución de la realidad por una ficción manipuladora. Se han ofrecido unas reconstrucciones de la realidad a la burda manera de las históricas “actualidades reconstruidas” de George Méliès, siguiendo sin embargo las directivas, voluntades e intereses del “jefe”. Se ha reinventado la realidad, convirtiéndola en una apología de la acción del cavaliere, en el intento de modificar no solo la parrilla televisiva sino la vida real y cotidiana de los italianos. Se ha asistido a la creación de una realidad paralela para distraer la atención de los ciudadanos de los escándalos y de las polémicas, utilizando las técnicas de la propaganda, que imposibiliten la distinción entre la realidad y la ficción, una uso a la Goebbels en clave moderna.

En un programa “judicial-casero” de las televisiones de Berlusconi, una vulgar actriz –pagada a 300 euros la hora- presentaba una demanda a su esposo. Bueno, en lugar de pedir cuentas a su marido, su arenga se caracterizó por los elogios al Presidente del Gobierno por su actuación tras el terremoto, con frases del tipo “la reconstrucción de l’Aquila va fenomenal”, “no nos falta de nada, todos tienen casas con jardín y garaje, todos trabajan, las tiendas están abriendo” y quien se queja porque está todavía en un hotel “lo hace para dormir y comer gratis”. Genera vergüenza el uso de actores para adular la acción del Gobierno, falsificando la realidad y poniendo de manifiesto hasta qué punto ha llegado la degradación socio-civil del país: en vista del próximo aniversario de la catástrofe, la instrumentalización de un episodio tan dramático para elogiar el ineficaz Gobierno, parece tan lamentable como indigna.

Al mismo tiempo, Berlusconi acudía al Palacio de Justicia de Milán. No se trataba de presentarse al juicio o sentarse en el banquillo como han recalcado muchos medios de comunicación (sobre todo suyos) subrayando positivamente la actitud del cavaliere, sino más bien de asistir a una vista preliminar, en la que se fijó la nueva fecha del juicio, 4 de abril. Por eso, la presencia del premier no tiene valor jurídico alguno. Sin embargo, Berlusconi ha utilizado la ocasión para ofrecer un verdadero espectáculo mediático, propagandístico: después de jurar su inocencia sobre “la cabeza de mis cincos hijos y seis nietos”, sonriente, atacó a los fiscales y al Tribunal Constitucional (¡viva la separación e independencia de poderes!), a la oposición “comunista”, definiéndose como un “perseguido” judicial.

Mientras tanto, se descubre que la colosal reforma de la Justicia, ideada en interés de todos, no es otra cosa que una tosca y zafia maniobra para salvar al primer ministro. De hecho, la mayoría de centro-derecha cambió el orden del día en el Parlamento para priorizar la aprobación de la llamada “Prescripción Breve”, que, recortando el plazo de prescripción para los acusados que no han sido nunca condenados, acabaría con dos de los cuatro procesos en los que Berlusconi está imputado. Frente a la protesta indignada de la oposición y de algunos ciudadanos (lanzamiento de monedas de craxiana memoria a las puertas de Montecitorio) por la 30 ley ad personam, Berlusconi necesita prefabricar otra noticia para abrir los telediarios de la noche: visita relámpago a Lampedusa, en plena emergencia por la llegada de inmigrantes del Norte de África.

Como Potemkin construía un bastidor de teatro para ocultar a la zarina la miseria de su Imperio, sus lacayos sustituyen las pancartas de protesta (Berlusconi= Ben Ali) por otras más favorables (“Silvio, esto lo arreglas tu”), arrinconan las voces discordes, limpian las calles, sitúan jóvenes guapas en las primeras filas (¡qué peligro!) y empieza el mitin. En esto, hay que reconocerlo, no tiene parangón. Su discurso, una mezcla de demagogia y caciquismo, fue una lección de populismo mediático. Prometió un año sin pagar impuestos y gasóleo gratis para los pescadores, la licencia para construir un casino; un Plan Verde con flora mediterránea y campos de golf; un Plan Colores para cambiar el color de las casas del puerto para que se parezca a la rica Portofino; habló de presentar la candidatura de la isla al premio Nobel de la Paz “porque sois la frontera entre la civilización africana y el bienestar europeo”; y anunció que ha dado “orden a RAI y Mediaset para que emitan anuncios y reportajes sobre Lampedusa, con el fin de que vengan muchos turistas italianos. Ah! Por supuesto, se autoproclamó lampedusano, anunciando la compra de una villa en la isla (1,5 millones de euros, vista en Internet).

La visita a Lampedusa representa la “perfecta cortina de humo” para que Berlusconi vuelva a aparecer como el hombre de la providencia, como ya fue en su día para Nápoles o L’Aquila. El único capacitado para solucionar el problema: se presenta como un salvador mesiánico frente a un “éxodo bíblico” un “tsunami humano” (lo ha definido así con bastante mal gusto) que está invadiendo las costas italianas. ¿Hay alguien que aun le cree? ¿Cuándo podremos viajar a la isla para jugar al golf y apostar en el casino? La verdad es que bastaría con ir a Nápoles y ver, tristemente, las calles repletas de basura (y ahora llega el verano…); o viajar a l’Aquila para comprobar que, a dos años del terremoto, las cosas siguen en condiciones deplorables.

Como se ha dicho, provocaría risa, si no fuera todo tan dramático. En fin, estos episodios, donde la realidad supera la ficción, sirven para cubrir la inacción del Gobierno, la desesperada búsqueda de la impunidad por parte de un Presidente que se está agarrando irresponsablemente al poder. A Berlusconi sólo le sugiero que “de vez en cuando di la verdad para que te crean cuando mientes” (Jules Renard).

Ps. El primer ministro ha citado a George Clooney y Cristiano Ronaldo como testigos en su juicio por prostitución de menores. Tengo entendido que Alf, Homer Simpson y Peter Griffin ya tienen otros compromisos. ¿Y Charlie Sheen?

Andrea Donofrio

Politólogo

Andrea Donofrio es politólogo, experto en Relaciones Internacionales e investigador del Instituto Ortega y Gasset

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